Capítulo 2

4650 Words
En la casa de los Dunckan's se preparaban para el asado de bienvenida de los recién llegados de la luna de miel. Erik luchaba con la bebé Eva para que ésta se bebiera la leche que Sole se había exprimido, ya que iba a beber alcohol y no iba a poder darle el pecho, el padre quería que la bebé se tomara todo antes que llegaran los invitados, pero era algo que se le estaba complicando, ya que Eva tenía ganas de jugar con su eminente barba de tres días, la cual le hacía cosquillas en la palma de su mano. Sole estaba preparando ensaladas de todo tipo para acompañar el asado. Tenía fuentes esparcidas por toda la mesada de la cocina. Había comenzado con una ensalada rusa, para luego seguir con una ensalada cesar, una mixta, una criolla, la chica no se había decido en preparar solo dos y decidió que era mejor tener más variedad. —Esto en un desastre, amor —le hace saber Erik al ver todo tirado por todos lados. —Lo sé. Ya termino y arreglo todo. —Yo te ayudo —enuncia, dejándole un beso en el hombro al pasar por su lado. —¿Y Eva? —Está en su cuna mirando la cosa esa gira arriba de su cabeza —responde, tirando fuentes dentro del lavavajillas. —Hay muchas ensaladas aquí —dice riendo. —No te burles —le advierte ella apuntándolo con su bendito dedo—. Todos nosotros tenemos gustos diferentes, por lo que hay una buena variedad de ensaladas. —Vamos, los hombres comemos cualquier cosa —comenta divertido. —Sí, de eso ya me había dado cuenta —ironiza la joven. —Te crees muy graciosa, ¿verdad? —suelta, yendo hasta ella y tomándola de la cintura—. Los jueguitos de palabras siempre te meten en problemas —le recuerda. —Algunos problemas han sido placenteros —gime Sole cuando Erik hinca los dientes en su delicado cuello. —De esa forma siempre podemos meternos en problemas juntos —murmura el chico para después succionarle la piel debajo de su oreja provocando que la pelirroja cierre los ojos y un pequeño gemido escape de sus labios. —¿Por qué siempre tienes que hacer estas cosas? —se queja ella haciendo pucherito. —¿No te gusta? —Me encanta, pero siempre cuando estoy apurada te pones a jugar conmigo y no logro seguir con mis deberes. —Tus deberes son ocuparte de mí y de tu hija. Especialmente ocuparte de mí, en este momento tengo un problemita que requiere de toda tu atención —le señala mirando de forma sugerente hacía su m*****o. —Un problemita pequeño —se burla. —Bien que este problemita te vuelve loca —entona tomando una mano de ella y llevándosela a su erección—. ¿Crees que es un "pequeño problemita"? —pregunta mordiendo la mandíbula de la pelirroja. —Creo que es un gran problema —murmura Sole, ya excitada por las caricias de su marido y tomando con más fuerza esa erección, que como bien dijo Erik, la vuelve loca. —Tienes que hacer algo al respecto —argumenta el joven tomándola de la nuca para llevar la boca de su mujer hacía la suya y apoderarse de ella. Sin decir más, cuando Erik se aleja de su boca, Sole se arrodilla frente a él y con una leve sonrisa prometedora comienza a desabrocharle el pantalón. Él la observa desde su altura con admiración, amando cuando su mujer toma las riendas del asunto y se ocupa de sus necesidades maritales. La chica baja el pantalón junto con el bóxer y luego de darle un beso en la punta del m*****o masculino, se lo mete todo en la boca provocando que Erik gruña echando la cabeza hacia atrás. Sole comienza su trabajo con esa erección y Erik la toma del cabello en un puño instándola a que tome todo de él. La joven con una mano se agarra de la base y con la otra comienza a jugar con las bolas haciendo que su marido comience a mover más rápido las caderas embistiendo esa boca. Cuando Erik está a punto de elevarse, la quita velozmente y sin aviso la alza sentándola en la encimera, le levanta su vestido y en un rápido movimiento le quita la tanga para después penetrarla a su gusto y robarle esos gemidos que lo enamoran cada día más. Sin dejar de embestirla y combinar movimientos dentro de ella, la besa con fuerza adentrándose a la cavidad de esa boca que lo tiene perdido desde el primer día en que la probó. A Erik le gusta hacerle el amor, tomarse su tiempo con ella para recorrer cada parte de ese cuerpo, que por haber sido madre tenía más curvas de cuando la conoció, pero pronto iban a llegar sus amigos y no iba a dejar que ninguno de los dos se quedase con las ganas de llegar a ese orgasmo. Por lo que cada embestida que le daba a su mujer era brutal, cada movimiento que hacía dentro de ella era una sentencia. Él estaba a punto de dejarse ir; sabiendo y conociendo la debilidad de su mujer, pasa una mano entre ellos hasta llegar al clítoris de ella, donde comienza a hacer fricción, provocando que Sole gimiera con más fuerza, Erik no le da respiro y lo aprieta con su dedo índice y pulgar tirando de él. Aprieta y tira con fuerza hasta que el cuerpo de Sole comienza a convulsionar por el orgasmo. Con una sonrisa de satisfacción, Erik llega más profundo con sus estocadas buscando su propia liberación. Con unas pocas embestidas más, se deja llevar cayendo contra el cuerpo de su mujer. —Me gusta más cuando me tomo mi tiempo en tu cuerpo —esboza con la voz ahogada por tener el rostro escondido en el cuello femenino—. No me quejo, pero amo poder recorrer cada parte de ti y ver como lo disfrutas. —Cuando se vayan todos vas a tomarte tu tiempo conmigo —prometa ella acariciando el cabello de su hombre. —Que no te quepa ninguna duda. En ese momento el timbre de la casa suena y ambos se miran todavía con los ojos brillantes por la pasión del momento, Erik le sonríe, le suelta un casto beso y se levanta tendiéndole la mano para que ella también puede levantarse y acomodarse la ropa. —Voy a abrir —le hace saber Erik una vez que se acomodó su ropa—. Creo que esto te pertenece —le dice divertido mostrándole su tanga. —Creo que sí —Sonríe, tomando su ropa interior—. Voy a arreglarme. Erik asiente en silencio, le da otro beso en los labios y ambos salen de la cocina, Sole con dirección a su habitación para asearse y Erik con dirección a la puerta para recibir a sus invitados. Cuando abre la puerta se encuentra con Tony y su pareja Soria, o como prefiere Tony que lo llamen, Nico. Detrás de ellos Ian y Sofi junto a Mateo. —Acabas de tener sexo —suelta el boricua mirándolo con los ojos entornados haciendo que los demás presten más atención al dueño de la casa. —Es verdad —secunda Ian pasando por su lado, de la mano de una Sofi sonrojada que llega a darle un beso en la mejilla a Erik sin detener el avance de su marido. —¿Qué les importa si tuvo o no sexo? —interviene Soria—. Es con su mujer, eso es bueno —indica sonriendo. —¿Cómo saben que tuve sexo? —cuestiona el aludido. —Tienes los labios hinchados —le susurra Soria antes de saludarlo y pasar a la casa. —Y tienes una marca en el cuello —sigue Tony con su intervención, haciendo que instintivamente, Erik se lleve una mano al cuello. —No andén diciendo adelante de Sole que acaba de tener sexo. —A ella no le importa —entona Tony. —¿A quién no le importa qué cosa? —irrumpe Sole juntándose en el recibidor con los demás. —Que sepamos que acabas de tener sexo —responde Ian mirando con malicia a Erik y haciendo que los demás se rían por su travesura. —Seguro que todos ustedes han tenido sexo antes de llegar —señala la pelirroja. —Saben que Mateo está aquí, ¿verdad? —habla Sofi con el rostro al rojo vivo. —Ya va a aprender —se limita a decir Ian robándole un beso a Sofi para tranquilizarla. Negando con la cabeza, pero inevitablemente sonriendo por la sugerencia de Ian, Erik comienza a cerrar la puerta, pero antes de cerrarla del todo, una mano se interpone en el trayecto. —No vas a dejar a fuera al asador, ¿verdad? —bromea Gaby mostrando su peculiar sonrisa. —Sería muy bueno que llegaran todos juntos —se queja Erik. —Para la próxima —esboza palmeándole la espalda, mientras pasa junto a él de la mano de Noe. —Hola, Erik. —¿Cómo estás, Noe? Me alegra que hayas podido venir —le hace saber con unas de sus dulces sonrisas. Noe, había visto que cada uno de ellos tenían su propia sonrisa registrada, la de Erik, obvio que era la dulce, la de Ian era una sonrisa prometedora, la de Alex era una sonrisa provocadora, pero la sonrisa que más le gustaba a ella, era la del morocho por supuesto, él tenía una sonrisa traviesa y a veces se mezclaba con una sonrisa maliciosa, convirtiéndolo en un hombre sexy y peligroso. Eso era lo que a ella le gustaba. —¿Dónde está Lina y el gringo que tiene como marido? —cuestiona Gaby mirando a su alrededor. —El gringo y su mujer acaban de llegar —anuncia su llegada Alex. —Siempre tarde ustedes —se queja el morocho. —Todo culpa de ella —acusa Alex señalando a su mujer que entraba de la mano de Aye. —Culpa de ella —Lina pasa la acusación a su hija. —No puedes culpar a la niña —dice Ian cruzándose de brazos divertido por saber que con esa palabra la tenía a la niña dando saltitos en el lugar. —No soy una niña —se queja Aye con el ceño fruncido. —Eres… —No es una niña —le interrumpe Gaby caminando hacía ella—. Deja de molestarla, querubín —Toma a la niña y la alza para besarle con ternura la mejilla. Aye haciendo honor a su madre le saca la lengua a Ian aprovechando que Gaby no puede verla—. Basta, pequeña demonia —le reta sabiendo bien que su princesita no se había quedado tranquila. —Sigan malcriándola —suelta el rubio mirándola con los ojos entornados. —Podemos entrar y empezar con las bebidas —sugiere Tony. —¡¡Siii!! —chilla Sole. —Sole, no te pongas contenta que estas amamantando —le recuerda el boricua. —Ya exprimí estas bebés —le dice tocándose los pechos—. Por lo que puedo tomar lo que quiera y cuanto quiera que hasta mañana estoy cubierta. —Pensaste en todo, ¿verdad? —Obvio —esboza la pelirroja con suficiencia. Mientras Sole y Tony continúan con sus intercambios de palabras, Lina observa a la nueva pareja, todavía no confirmada oficialmente, y sonríe al ver como el morocho tiene agarrada de la cintura a Noe como si fuera algo frágil y es su deber protegerla de lo que fuera. La chica observa con admiración como su mejor amigo se muestra tan protector con la nueva joven. Sonríe y agradece a quien fuera el responsable, que al fin Gaby haya encontrado a su otra mitad y haya dejado entrar a esa mujer en su vida y en su corazón. Era hora que su amigo encontrara a alguien para compartir el resto de su vida junto a esa persona y Lina está segura que esa chica es la indica para él y para esa loca familia que se ha formado sin siquiera quererlo o buscarlo. Pero como ella no puede con su malicia, decide separar a esa chica del fuerte agarre de su amigo y unirla en el grupito de las mujeres. —Suéltala, que no vuela —ordena Lina tomando la mano de Noe—. Vamos a la cocina a preparar unos tragos —le dice a la chica, pero Gaby no soltaba su agarre—. No voy a chuparle la sangre —suelta con ironía. —Puede que ella si —bromea el morocho ganándose un codazo en el estómago de la aludida—. Auch. Solo era una broma. —Prometo no hacerle nada —esboza Lina levantando una mano—. Aunque estoy segura que puede defenderse sola. —Seguro que sí —afirma él mirando a su chica con admiración. —¿Entonces por qué no la dejas ir? —Lina revolea los ojos viendo comportamiento de su amigo, uno que, para ella era nuevo, sin embargo, no porque sea protector, siempre lo fue con ella, su hija y Sole, sino porque esa protección, hoy era para otra mujer. —Si ella quiere ir, va a ir. —Quiero ir —interviene Noe, haciendo que la sonrisa de Lina se haga mucho más grande. —Ya, por Dios, Gaby, como si fuéramos a hacerle algo. —Ese no es mi miedo —se defiende él. Las chicas se miran y luego lo miran a él, ambas elevando una ceja—. Tengo miedo que se comploten y me hagan algo a mi o cualquiera de los otros hombres de la casa. Las dos comienzan a reírse a las carcajadas limpias provocando que los demás presenten se giren a observarlas. —Por supuesto que eso va a pasar, pero no hay nada que puedas hacer —le hace saber Lina en medio de la risa—. Es decir, si no es hoy, es mañana, no te preocupes que vamos a complotarnos y no vas a poder hacer nada al respecto. —Totalmente de acuerdo —entona Noe también riendo. Gaby la mira con velocidad a los ojos y con el ceño fruncido al escucharla decir eso, pero en un segundo su ceño es borrado cuando nota en esos ojos claros que estaban felices y sobre todo nunca antes la había escuchado reírse de esa manera. —Hagan lo que quieran —suspira el morocho—. Las cervezas voy a buscármelas yo mismo y las voy a abrir yo mismo. Todavía recuerdo lo que le hiciste a Ian y no confío en ninguna de las dos y menos estando bajo el mismo techo —finge que la idea de tenerlas juntas no le agrada, pero por dentro le agradece a Lina por ser quien es. —¿Qué le hiciste a Ian? —interroga Noe acercándose a Lina una vez que Gaby la suelta. —¿Es en serio? —gruñe Ian del otro lado de la sala—. Tenías que sacar ese tema en este momento, ya me había olvidado de ese infortunio —entona mirando como su mujer ríe al recordar esa noche en la que Lina lo drogó y le hizo creer que se había acostado con una mujer, todo por vengarse de él por haberla dormido cuando estaba en shock después de ser secuestrada por su ex. —¿Me van a contar que le hiciste? —Sí —asiente Lina—. Vamos a la cocina y te cuento con lujo de detalles —se burla, guiando a la nueva integrante de la familia, seguida por las demás mujeres que no paran de reír por ese suceso. —Tenías que sacar a relucir ese día, ¿verdad? —se queja el rubio al morocho—. Ahora Alba va a hacer que toda la división se entere. —Yo tampoco sé de qué hablan —se escucha la voz de Soria interrumpiendo cualquier cosa que fuera a contestarle Gaby. —Vamos a la parrilla y te cuento todo con lujo de detalles —bromea el morocho imitando a Lina. —Él fue su cómplice —le acusa el rubio siguiendo el camino que tomaron los demás. En la cocina se encontraban las chicas contándole a Noe como fue que Lina llegó a desmayar a Ian y hacerle creer que se había acostado con una mujer y afuera, en la parrilla, estaban los hombres hablando exactamente de lo mismo. Las risas se hacen presente por todo el lugar, viniendo de varias direcciones. Mientras tanto, cerca de la piscina, se encontraba Aye dibujando el paisaje que le regalaba el conjunto de árboles al final del terreno. Mateo, por su parte la observaba desde la galería, sentía mucha intriga por lo que esa niña estaba haciendo en ese block de hojas que reposaba en sus piernas, pero no podía acercarse y preguntarle, no era así como se llevaban e iba a ser muy sospechoso que lo hiciera, y de seguro ella no le respondería o lo haría con algún complicado insulto que sabía dedicarle. Su curiosidad fue más fuerte y decide acercarse a ella, simplemente iba a caminar por ahí de manera descuidada y le iba a preguntar, como quien no quiere la cosa, qué era lo que dibujaba. Solo tenía que esperar que ella le respondiera de forma adecuada. Aunque no podía culparla por ser tan esquiva y hasta muchas veces agresiva con él, Mateo sabía muy bien que gran parte de su no relación era por su culpa, no iba a culparla de todo a ella. Bueno, eso era algo que ella nunca se iba a enterar. El chico comienza a caminar con descuido hacía la dirección en la que se encuentra Aye, pero es interceptado en pleno camino. —Ni se te ocurra —la voz de Gaby lo hace parar de manera abrupta. —¿Qué? —pregunta el niño mirándolo confundido. —Vas a acercarte a ella —El morocho mira hacía la niña y Mateo sigue su mirada. —No i… —Sí. Sí ibas —le interrumpe el joven—. Yo tuve tu edad. Sé que ibas a acercarte a ella haciéndote el desentendido, el que llegó al lugar sin darse cuenta que ella estaba ahí —El niño abre y cierra la boca sin poder negar lo que Gaby decía, porque por desgracia, era exacto lo que el niño pensaba hacer, era como si Gaby le haya leído el pensamiento y se haya anticipado a todos sus movimientos. El morocho sonríe al ver que no se equivocaba, la cara del niño le decía eso y más—. A tu edad comienzan a gustarte las chicas y lo entiendo, pero busca a chicas de tu edad, de tu escuela, de las que vayan a tu salón, comienza por ahí y también termina por ahí. No vayas por Aye, ella es más chica y no necesita un amorío de niños. Ella no es para experimentar el amor. —No iba a hacer eso. —Perfecto —Gaby aplaude las manos—. Entonces, no debo preocuparme por ti. No va a ser necesario que te diga lo que puede llegar a pasarte si le haces daño —amenaza con delicadeza. —No va a ser necesario —contesta el niño después de tragar con fuerza para poder hablar bajo la amenaza del tío político de la chica en cuestión. —Bien, creo que Ian necesita más carbón —le indica señalándole con la cabeza la parrilla donde estaban los demás. El niño asiente y se dispone a caminar hacía donde le indicó Gaby. —No puedes amenazar a un niño —la voz de Alex hace que gire a mirarlo. —No lo amenacé, solo le indique lo que podría sucederle si juega con Aye —El morocho se eleva de hombros de manera despreocupada. —Sí lo hacías, no entiendo por qué lo molestas, es solo un niño y Aye ni siquiera lo ve como algo más; ella también es solo una niña, todavía no sabe nada del amor. —Por eso mismo, ella es una niña y no sabe nada del amor, él es más grande que ella, ya comienza a ver a las chicas de otra manera —se defiende el morocho. —Son niños, no saben todavía, deberías guardarte esa amenaza para cuando sean adolescentes. —Si entendió lo que le dije, no voy a tener que hacer esta amenaza cuando sean adolescentes —esboza con terquedad haciendo sonreír a Alex. —Si ese niño está enamorado de Aye, cuando sea adolescente su amor va a ser más firme, Gaby —retruca Alex. —Entonces voy a tener que hacer una amenaza más fuerte —se jacta Gaby. —¿Y estas seguro que eso lo detendrá? —No me toques las pelotas, Alex, es tu hija deberías defenderla —se queja. —Lo hago —responde el joven sin dejar de sonreír—. Pero si lo de ellos es un amor verdadero no voy a estar en contra. Él —señala al niño que se encuentra al lado de Ian juntando carbón—, no es un mal chico y ¿te digo la verdad? Si el día de mañana, cuando mi hija esté en edad de amar a un hombre, sufrir y llorar por él, y yo tendría que elegir a quien le haga sentir todas esas cosas, puedes estar seguro que optaría por él. —Yo no optaría por ningún hombre que le hiciera daño. —Sabes que eso va a pasar, sabes bien que va a sufrir y que también va a ser feliz mientras dure, solo hay que apoyarla. Te puedo asegurar que mi hija no va a ser ninguna tonta cuando se trate de amor y cuando ame, lo va a ser de verdad, pero no va dejarse embaucar por un hombre a quien ella no merezca. Gaby, confió en ella, en su juicio, es una niña muy inteligente y lo sabes. No la subestimes. —No la subestimo, sé quién es esa niña y sé muy bien que representa ella para mí y no puedo evitar querer protegerla de lo que sea. —Me pasa exactamente lo mismo, Gaby, pero algún día va a crecer y ella sola tiene que golpearse para aprender. No le quites la hermosa y amarga experiencia de hacer su camino. Gaby lo observa con detenimiento, ante esas palabras, podía comprender lo que Alex le estaba diciendo, pero no podía evitar sentir que debía protegerla de lo que fuera. —Lo pensaré. De todas formas, no me cae mal el chico —Alex asiente en agradecimiento—. Pero no te prometo nada. —Es algo —sonríe Alex y gira a mirar a su hija que seguía sumida en sus dibujos, ignorando lo que pasaba a su alrededor—. Vamos a tener que correr a muchos chicos de la casa —suelta de repente. —Sí, ve comprando una escopeta —suelta el morocho haciendo que Alex se carcajee. Ambos comienzan su camino hacia donde se encuentran los demás, ubicándose cada uno en la mesa al lado de sus mujeres que, para desgracia de Gaby, estaban sentadas una al lado de la otra hablando sin parar. Alex y Gaby al verlas comparten una significativa mirada, Alex le articula sin emitir sonido que estaba en problemas y ambos negando sutilmente con la cabeza se sientan. La charla de las chicas no acababa y sus hombres podían escuchar como Lina contaba abiertamente todo lo que había pasado con su ex Dany, algo que a los hombres les llamaba la atención, ya que ella no hablaba con nadie sobre eso. Por alguna razón, la joven se sentía cómoda contándole a Noe sobre el pasado que siempre rechazó y eso de alguna manera lograba tranquilizar a Gaby sabiendo que, de verdad, la joven que él considera como su mujer, ya tiene su lugar en su familia. —Bueno —llama la atención Sole de todos, levantándose con una copa en la mano—. Creo que llegó la hora de brindar —anuncia. —¿Y por qué brindamos? —curiosea Lina imitando a su amiga. —Obvio que por su llegada —responde como algo lógico—. Y también por la mujer que supo conquistar el corazón del morocho más buenurro de Argentina. Aunque lo hizo de una manera muy particular, pero tiene al fin el corazón de uno de mis mejores amigos. Sonríe hacía su amigo poniendo un poco de color rojo en las mejillas de Noe. —Brindo por eso —secunda Lina—. Por la nueva integrante de la familia, la chica vampiro —entona sonriéndole a Noe y guiñándole un ojo. —Totalmente de acuerdo —suelta Ian levantándose de un salto. —Por Noe —Sofi se levanta junto a su marido con un brillo especial en sus ojos y también aceptando a esa nueva chica. —Al fin podemos tener una nueva excusa para brindar toda la noche —indica Tony haciendo reír a los presentes. —Yo también quiero brindar —se deja escuchar la vocecita de Aye, también levantándose de su asiento—. Solo, si ella promete no lastimar a mi tío —La mira directo a los ojos—. Igual sabe lo que le va a pasar si llega a romperle el corazón. —¡¡Aye!! —se queja el aludido. —¿Qué? —La niña se eleva de hombros—. Tú también vas a amenazar a los que se me acerquen, es justo que yo también lo haga. —No es justo y definitivamente es diferente. —¿Por qué? —se queja—. ¿Por qué soy mujer? —enuncia mostrando con honor quien es la madre. —Palabras de la madre —murmura Alex mirando a su mujer de soslayo como sonríe con orgullo por la contestación de su hija. —No, Lina —se burla Gaby—. Sino porque yo soy mucho más grande que tú y es mi deber como tío cuidarte. —No siempre vas a poder cuidarme —le hace saber ella—. Además, esta Alex para eso también. —Y yo —interviene el rubio. —Y definitivamente yo —secunda Erik. —Y no se olviden de mí —exclama Tony. —¿Ves? Tengo muchos que cuidan de mí. Yo puedo cuidar de ti sin ningún problema —argumenta con convicción. —Puedes quedarte tranquila, Aye —habla Noe interviniendo lo que su hombre fuese a decir—. Jamás le romperé el corazón a tu tío. Esperemos que él no me lo rompa a mí —dice más bajo, pero de igual manera todos la escucharon. —Él jamás te va a romper el corazón. —Yo jamás voy a romperte el corazón —hablan Gaby y Aye al unísono. —Él no haría eso y si lo llegara a hacer sería un completo idi… —¡Aye! —la interrumpe su madre—. Esta bien, ya. El concepto fue captado. Nadie va a romper el corazón de nadie —mira a Tony y a Soria con una sonrisa—. Aunque ya lo hemos aceptado, todavía no le dimos la bienvenida como corresponde. Así que también se merece un brindis, Sor… —observa como Tony abre la boca—. Sí, sí, ya sé. Nico. Hay que brindar por Nico también —Levanta la copa y los demás la imitan dando por terminada la charla de corazones rotos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD