Al fin nuestro morocho decide jugarse por amor, decide aceptar lo que siente por Noe y darle el beneficio de la duda a su relación. Le había avisado que, si la tenía una vez, si la hacía suya una sola vez, lo sería por siempre, así de pasional y, hasta casi, tóxico se sentía cuando se trataba de ella, en cuanto “la chica vampiro” tocó la cama del morocho, ambos comenzaron a pertenecerse. Para él, es un dolor de cabeza tener que trabajar con ella en el antro y verla en ropa diminuta; ver como los demás hombres la observan con descaro. No obstante, la joven oculta algo, un pasado que la lastima cuan si fuesen agujas clavando en su pecho cuando debe pasar por algún caso similar a su experiencia. Gaby trata de sacarle con tirabuzón aquello que le corroe, sin embargo, ella no quiere hablar, no lo puede hacer y solo pide tiempo. Él decide concederle ese tiempo, sin embargo, ¿hasta cuando podrá esperar?
¿Hasta cuándo podrá trabajar con ella en ese antro? ¿Con esos diminutos trapos que se pone?
Esperemos que la paciencia de nuestro morocho este a la altura de las circunstancias.