—No puedo creerlo —declaró Chase, devolviendo la vista a la carretera—, ¿en serio te gusta tanto?
—Leobardo es muy guapo —respondió la rubia y su hermano alzó ambas cejas mientras suspiraba—, además, le hizo bien la experiencia, es muy bueno en la cama.
—Agh, qué asco, Tella, no me cuentes esas cosas —pidió con cara de verdadero asco el menor de los dos Miller en ese auto—. Me refería a si seguías aferrada a tener una relación seria con él. La insistencia se usa para lograr tener algo.
—Ah, no —dijo Estrella con tranquilidad—, no me aferro a él, de vez en cuando coincidimos, pero yo no quiero una relación seria con él, ni con nadie. La verdad, le he tomado gusto a la soledad, a mí no me sabe a estar sola, me sabe a libertad y eso me gusta mucho.
—Pues me alegra —aseguró el rubio—, porque Leobardo no es la mejor opción como pareja, seguro es de los que te engañarían solo porque se presentó la oportunidad.
Estrella se rio de semejante comentario, pero le parecía que eso bien podría ser verdad, por fortuna para ella el enamoramiento desapareció cuando recogió todos los pedazos de su roto corazón y los tiró a la basura.
—Sí, tú tranquilo —pidió Estrella, moviendo su mano de arriba abajo, como indicando al joven que no tenía nada de que preocuparse, al menos no por esa parte—, mi único problema ahora es que me acosté con el tío de mis hijas… ¡Oye!
Tras semejante declaración, Chase Miller frenó de golpe, haciendo que la cabeza de su hermana hiciera un movimiento al estilo de un latigazo, incluso su cabeza hizo lo mismo, pero, como él fue quien frenó, pudo amortiguar un poco el movimiento, contrario a Estrella que terminó con la cara estampada en el tablero frente a ella.
» Eres un bruto —soltó Estrella muy molesta, enojándose mucho más cuando la sangre comenzó a escurrir de su nariz—, ¿qué te pasa?, ¿por qué frenas de esta manera?
—Me sorprendiste —explicó Chase, atendiendo a la pitadera detrás de él, pues los autos que circulaban comenzaban a amontonarse luego de que él frenara en plena avenida y varios coches se impactaran uno detrás de otro, empezando por el de atrás de él—. ¿Cómo que te acostaste con Benjamín? ¿Pues qué pasó?
—Son cosas de adultos, niño —farfulló Estrella, comenzando asentir como su sangre escurría incluso por su garganta y boca, dándole un terrible sabor—. Sal a ver qué pasó, por favor.
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—¿Qué demonios se supone que hacían? —preguntó Rebecca, en serio furiosa con el par de adultos que, a sus ojos, y sobre todo después de tremendo accidente provocado por “un gato que se atravesó”, serían unos simples mocosos—. Nadie más vio el gato, así que díganme que rayos pasó.
—Tella me soltó de la nada que se acostó con el tío de las gemelas —explicó Chase y el enojo de su madre se disipó momentáneamente y fue reemplazado por la sorpresa y la incredulidad—, entonces frené de golpe y pasó lo que pasó.
—¡Estrella Miller! —gritó la mayor y hasta los dos hombres en la habitación presionaron un labio contra el otro, el enojo disipado se había concentrado de nuevo y en una sola dirección—. ¿Qué rayos se supone que haces?
—Justo ahora sufro, madre, por el esguince de mi cuello y por mi nariz no rota, pero morada —declaró medio burlona la joven—. ¿Por qué te enojas conmigo? Yo soy la mayor víctima aquí, después de la cartera de papá, por supuesto.
—Tu cartera —farfulló Rebeca Morelli furiosa—. ¿Crees que no lo sé? Te dije que dejaras tu tontería de enamorar a ese hombre para quitarle las niñas, ¿lo dije o no?
—Lo dijiste —respondió la rubia sintiendo que ahora le dolía más la cartera que el cuello desguinzado—, pero no era lo que trataba, te lo juro, mamá, simplemente coincidió que teníamos ganas y nos las quit…
—¡Cállate! —exigió la castaña entre dientes, tan furiosa que de buena gana le daría una bofetada a la que le tenía los nervios de punta—. No puedo creer lo idiota que eres, Estrella. ¿Viste todo lo que provocaste?
Estrella, que en realidad nunca había escuchado a su madre insultándola, no sabía cómo reaccionar. Todo era tan raro que incluso Chase se arrepentía un poco de haber echado a su hermana de cabeza para no tener que pagar de su bolsa el arreglo de los cinco coches involucrados en la carambola que hizo, incluyendo en propio.
—Rebecca, tranquila —pidió Alessandro llegando hasta su esposa para abrazarla, pues parecía demasiado fuera de sí—, creo que estás confundiendo la preocupación con ira, y si no respiras un poco y te tranquilizas, podrías terminar arrepintiéndote de lo que estás haciendo.
Rebecca miró a su esposo, primero con extrañeza, luego con resignación y agradecimiento. Algo en su locura le aseguraba que si su marido no la hubiera detenido de verdad le habría dado una bofetada a su hija.
Sí, lo cierto era que había pedido el control, saber a sus hijos involucrados en un accidente que incluía cinco coches la había vuelto loca, y de alguna manera el desasosiego se había convertido en ira que terminó recalando en la primera persona que le hizo enojar: su hija mayor.
Tanto Alessandro como Rebeca dejaron momentáneamente el consultorio donde su hija esperaba recibir el alta y los medicamentos para el dolor y la inflamación, dejando solos a uno que por un segundo sintió que su hermana lo fulminaba con la mirada y a esa hermana.
—Lo lamento —se disculpó Chase y su hermana negó con la cabeza—. No debí decirlo, pero entré en pánico, si me tocaba pagar todo el accidente no voy a poder cambiar de auto este año, y lo he esperado por un rato.
Estrella lo entendió, porque, igual que Chase, cuando se unió a las filas laborales de su empresa su padre le regaló un departamento e independencia; si, de vez en cuando le daba regalos caros, pero su vida económica dependía por completo de ella misma, así que también le tomaba un par de meses hacer algunos cambios.
—Sabes qué, solo vete —pidió Estrella medio molesta, entenderlo no significaba que justificara la manera en que se limpió con ella del regaño de su madre—, me duele demasiado la cabeza como para soportar tu cara de perro regañado, cuando a ti nadie te regañó.
Chase suspiró, dejó la habitación y se sentó en una de las sillas del pasillo de ese hospital. Entendía que su hermana no lo quisiera ver, pero no por eso la dejaría sola, eso no era algo que hiciera en su familia.