CAPÍTULO 35

1206 Words
El médico frunció el entrecejo al observar algo que tal vez ni él mismo entendía del todo, porque definitivamente ni Estrella ni su madre comprendían qué pasaba en ese monitor n***o que de pronto mostraba manchas grises; y lo que parecía preocupación en el rostro del médico se transformó en preocupación en el corazón de las dos mujeres que acompañaban al médico que revisaba a la más joven de las dos. —Sí, esto confirma lo que sospeché por tus estudios —declaró el médico girando un poco la pantalla para que Estrella la pudiera apreciar mejor—, ¿puedes ver esta bolsita? Ese es uno de tus bebés… El corazón de estrella se detuvo por completo, igual que su respiración, porque escuchar la frase "uno de tus bebés" implicaba que había más de uno, y se lo confirmó el médico al mover un poco el aparato sobre su abdomen y mostrar otra de esas bolsitas que el médico mencionaba. » Y aquí está el otro —informó y terminó por sonreír, pero no de felicidad, sino por la gracia que le causaba la expresión de la joven madre, quien de verdad parecía no estar respirando—. Son siete semanas de gestación, y todo se ve bien con ellos, así que programemos una nueva ecografía en cinco semanas, entonces escucharemos perfectamente los latidos de sus corazones; incluso podríamos saber el sexo de ambos. Estrella, que no sabía si empezaría a llorar o tenía un estornudo atorado, se obligó a respirar profundo sin ser capaz de separar sus ojos de la pantalla donde parpadeaba un puntito, ese que el médico había explicado que era el corazón del bebé justo antes de confirmarse a sí mismo e informarle a ella que había dos bebés gestándose en su interior. » No tienes que preocuparte por nada —aseguró el médico, notando la rigidez en el cuerpo de la chica—, tienes la edad perfecta para ser madre, y parece que el apoyo familiar lo tienes, así que dos bebés no serán tan aterradores. La rubia no dijo nada, no podía, si ella abría la boca, aunque fuera para tomar aire, terminaría vomitando, así que simple y sencillamente asintió sin poder quitar la cara de horror que seguramente tenía, porque horrorizada se sentía. Y, ¿cómo no podría estar horrorizada? Si parecía que venían hacia ella una mala tras otra, y cada una era peor que la anterior, así que no se podía tranquilizar, no cuando su futuro pintaba para ser cada vez peor. ** —¿Cómo estás? —preguntó Rebecca a su hija cuando ambas se quedaron a solas en su habitación—, ¿al menos un poco bien? Estrella negó con la cabeza. No estaba bien, no había manera de estar bien cuando la poca calma que había recuperado tras hablar con su madre se la llevó el doctor al informarle que tenía dos bebés. —Yo… yo no quiero… No quiero matar a dos bebés —declaró la joven rubia comenzando a llorar—, no quiero ser así de mala, mamá… no quiero. —Pues no lo hagas —dijo su madre, abrazando a su nena, sin poder sonreír, porque en semejante situación no había cabida a la calma o a la felicidad, aun todo el espacio lo ocupaba la confusión y el miedo—. De todas formas, si no quieres ser mamá de ambos, podemos darle uno o los dos a Chase, que es el que está más familiarizado con la paternidad actual. A Bolo no le falta nada. —A Bolo lo trata mejor Chase que a nosotros papá —repitió Estrella ese chiste familiar que un día se le ocurrió al autoproclamado padre de ese enorme can y que se quedó para la anécdota más por lo mucho que enojaba a Alexandro que porque diera risa. —Tella —habló la mayor de las dos, acariciando la cabeza de su amada bebé—, demos un paso a la vez. No pensemos en un futuro muy lejano, dejemos todas las opciones abiertas y caminemos con calma, ¿quieres? Estrella asintió mientras veía a la nada, suplicando a su cabeza que ya no le diera más cosas qué atender, pues estaba tan mal en ese momento que a instantes se le olvidaba cómo respirar y se comenzaba a ahogar de la nada. Sin embargo, y aunque sugirió que dieran un paso a la vez, había cosas que no se podían dejar para mucho después, y eso era algo que Rebecca sabía bien, por eso se atrevió a preguntar por algo que necesitaban atender y ya. » Amor, ¿hablaste ya con Leobardo? —cuestionó la mayor y la joven rubia negó con la cabeza—. Creo que deberías hacerlo partícipe de todo esto. La rubia suspiró con pesar y cansancio. Ni siquiera ella misma quería ser partícipe de todo eso, menos quería tener que pasarlo con ese hombre horrible y mentiroso, y aun con esos pensamientos sabía que no lo podía dejar fuera de eso, debía enfrentarlo y obligarlo a decirle por qué la engañó con eso de que no podía tener hijos cuando, evidentemente, problemas de fertilidad no tenía. —Él regresa pasado mañana, quiero hablar con él cara a cara —explicó Estrella, revisando en su celular un nuevo mensaje, pues, con las diferencias horarias entre los países que ambos pisaban, y con lo mal que ella estaba, Leobardo decidió darle prioridad al descanso de su amada y comunicarse con ella a base de mensajes que ella respondería cuando pudiera. Rebecca asintió y besó la cabeza de su bebé antes de atender al llamado de la puerta, ya era hora de que su par de hombres favoritos llegaran al hospital, así que fue a darles la bienvenida. —¿Cómo estás, Tella? —preguntó Chase tras abrazar a su madre con tal fuerza que ambos dieron un par de pasitos laterales que simulaban que ambos bailaban, y tras besar su mejilla con efusividad, dejando en claro eso que Estrella había dicho antes: Chase amaba a Rebecca con toda su vida. —Asustada —respondió la rubia estirándose un poco para poder tomar el sobre que el médico le entregó a su madre y que ella dejó sobre una mesa que estaba junto a la cama—, te presento a tus dos sobrinos. Chase abrió los ojos enormes, igual que su boca, y se apresuró a abrir el sobre donde encontró la foto de algo n***o con gris, entonces hizo una mueca de confusión y comenzó a mover la cabeza lentamente para encontrar el ángulo que le diera una mejor perspectiva de eso que veía y no entendía. —Entonces, ¿resignada? —preguntó Alexandro, que se mantenía abrazado de la cintura de su mujer, esa que tomó cuando su hijo al fin la soltó. Estrella negó con la cabeza mientras hacía una mueca, y entonces sí que sonrió Rebecca pues, aunque la joven lo negara, que hablara de los sobrinos de Chase sin ponerse a llorar demostraba que la tranquilidad había vuelto a ella, y que, aun si no estaba del todo resignada, al menos estaba en camino de poder tomar la mejor decisión.
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