La botella de vino cayó al suelo cuando Paris apoyó sus codos sobre la mesa y tiró su cabeza hacia atrás. El ruido no fue tan sonoro gracias a la tela de seda que se encontraba extendida debajo de la mesa y Henry y Madi estaban tan ocupados en sus propios asuntos que no pondrían atención a ningún ruido. París cerró los ojos sintiendo que su cabeza comenzaba a dar vueltas, estaba un poco mareada y no sabía si se debía al alcohol que había ingerido o la deliciosa forma en la que Sebastián succionaba su clítoris y lamia su centro. La mano de Paris se hundió en los cabellos de Sebastián y jadeó una vez más al sentir como su lengua se habría paso entre sus pliegues para luego colar dos dedos en su centro. —Oh… más, no pares —jadeó Paris recostando su espalda por completo sobre la mesa. Con lo

