Los tragos estaban servidos, la terraza era iluminada minuciosamente por la luz de del cielo nocturno a la par de las pequeñas velas en el suelo y las dos parejas intercambiaron miradas cuando Sebastián comenzó con la primera pregunta. —¿Qué le gusta a Madison de ti? —preguntó el profesor de arte. Henry rascó la parte baja de su cabeza con un gesto de confusión, lo que él sabía de Madison era que lo detestaba, ninguno de los dos se agradaban y ciertamente no tenía la menor idea de porque ella estaba ahí con él, celebrando ese día. —Mis ojos —dijo Henry con inseguridad, esa era una pregunta que jamás se había hecho y que por supuesto no le había hecho a Madison. La pelinegra esbozó una sonrisa y le acercó el pequeño vaso de cristal para que lo bebiera, esa no era la respuesta correcta.

