El fantasma de Verónica

1969 Words
֎ Vannia ֎ Estaba asustada, ver a Verónica no era una buena señal, si volvía a caer en esa depresión podría perder a mi bebe de nuevo, pero si le decía a alguien, me tratarían como si estuviera loca y no quería pasar por eso. Había pasado una noche espantosa, asustada me aterraba la idea de estar enloqueciendo. Mire la cadenita de oro que tenía en mis manos, con el nombre Verónica, aquella cadenita se había perdido muchos años atrás, poco después de que ella cumpliera los veinte, me intrigaba saber cómo la había conseguido Valentina. Camine por el pasillo temerosa, no quería tener otro episodio, no quería volver a sentir tanto miedo. Llegue hasta la habitación de Valentina y llame a la puerta, quizás solo debía perdonarla y de esa manera el fantasma de Verónica desaparecería de mi vida, pero cuando Valentina abrió la puerta no pude detener ese sentimiento de odio que ella me provocaba, me arrepentí de inmediato de haber ido, pero no me marche. Valentina me miro en silencio, sorprendida, así que después de varios minutos en que ninguna de las dos dijo nada decidí hablar. – Venía a darte eso – le tendí la cadenita de oro, aunque era de Verónica, era un regalo de valentina y no quería nada de ella – No lo quiero – Pensé que… – No pienses mucho – la interrumpí – No quiero nada que provenga de ti – Valentina recibió en silencio la alhaja – A verónica le hubiera gustado... – no pude contenerme, me lleno de furia ver como pronunciaba su nombre sin ningún tipo de remordimiento, le di una cachetada que le hizo voltear su rostro y quedar callada – No la nombres en mi presencia – dije con la mandíbula tensa por lo furiosa que me sentía – Tú no tienes ese derecho – Valentina, no respondió nada, no se giró, se quedó así tal y como había quedado – Conservarla para que recuerdes diariamente que, de no ser por ti, ella estaría hoy con nosotros – Lo siento – lo dijo con un tono acongojado que me hizo dudar un poco, pero me negué a ceder – Tus disculpas no la van a traer de vuelta Valentina – me aparte de la puerta y respire profundo tratando de calmar mi estado de ánimo – Me sorprende que con todo lo que has hecho, tengas el cinismo de seguir viviendo bajo el mismo techo que nosotros. Destruiste mi familia Valentina y ni siquiera eres mi hermana – ella se giró hacia mí, pensé que diría algo, pero simplemente guardo silencio, asintió como si le pesara la vida y cerró la puerta de su habitación con delicadeza – No sabes cuanto te odio Valentina, no alcanzas a imaginarlo ֎ GEU ֎ El investigador y grupo forense me miraban con cautela, como si temieran mi reacción a lo que estaban por decirme, lo sospechaba, pero quería pensar que quizás solo debía ser positivo y así todo volvería a salir bien. Una de las laboratoristas se aclaró la garganta y miro en mi dirección algo renuente a hablar. – Señor, los resultados de las pruebas… pues se enviaron a confirmar, porque aún no estamos cien por ciento seguros, aunque debe saber que… – ¿Es mi hijo? – me atreví a preguntar con temor, aunque ya conocía la respuesta. Ella asintió lentamente y bajo la mirada, me gire para darles la espalda. – Es el auto de su hijo… había rastros de sangre, era de el – Durante meses había guardado las esperanzas de que Leonard siguiera con vida, en algún lugar. Aprete los puños sobre la mesa con rabia y dolor – Ya pueden salir… quiero el informe completo sobre mi escritorio – fue lo único que dije. Cuando todos hubieron salido me senté en mi asiento y me llevé la mano derecha en forma de puño al puente de la nariz, sin poder evitar que el dolor me sobrepasara. En un arrebato de rabia, dolor e impotencia tome mi celular personal y marque el numero de la oficina de Valentina Lorens. – Buenas tardes, usted se ha comunicado con el grupo Lorens, dígame ¿En qué puedo ayudarle? – dijo la operadora, la voz no me salía, tuve que hacer un gran esfuerzo. – Valentina Lorens, de parte del GEU – Un momento – pidió, pasado unos segundos la mujer volvió a hablar – ¿Quién habla? – Brigadier General, Bermúdez – Por favor espere en la línea, ya lo comunico con la señorita Lorens – sonó un pitido corto y después la voz de Valentina Lorens. – ¿Qué quiere? – respondió con un tono cansado, sin embargo, no preste atención, lo único que necesitaba era una respuesta de su parte, era seguro que de haber sido ella o haber estado involucrada en la muerte de mi hijo, no me lo diría, pero aun así necesitaba hacer esa llamada – Mi hijo está muerto – dije apretando los puños – ¿Y qué quiere? Ni siquiera conocía su hijo – respondió de forma tan apática que me hizo dar cuenta que no debía haber llamado – Si usted lo mato, no le alcanzara la vida para pagar por su muerte – ¿Me está amenazando? – pregunto incrédula – Hundiré al banco y a su familia con el – Pues suerte con eso, porque si se mete con mi familia su hijo no será el único perjudicado en esto… debería pensar en su esposa – sentí la furia crecer en mi interior, si había querido provocarme lo había logrado, me estaba amenazando, a eso sonaban sus palabras – y que pena por su hijo. Fue desafortunado de haber estado en el lugar equivocado – la llamada llego a su fin, lance mi celular lejos, aunque ella no lo hubiera matado, era su culpa, todos los agentes estaban muertos por su culpa, pero la muerte de mi hijo, no iba a quedar sin justicia, aunque tuviera que hacerlo con mis propias manos, la haría pagar por eso. ֎ Alan ֎ Después de lo sucedido en mi matrimonio, todo se volvió un caos en mi vida. En las noticias solo se hablaba del escaldado por el que se había cancelado mi matrimonio en último momento, sabía que Santiago debía estarla pasando muy mal tratando de desmentir la declaración de Valentina. Pero a pesar del caos en el que quedó mi vida cuando Valentina dijo que era mi amante, me salvó de casarme, y yo no era el único agradecido, Marina estaba mucho más agradecida con Valentina. Ese día habíamos pedido una cita con Valentina en su oficina en el banco para darle las gracias, la cita era a las tres de la tarde, sin embargo, se habían hecho las cuatro y no había rastro alguno de Valentina. – No es normal que tú hermana demoré tanto – comento Marina inquieta mirando su reloj – ¿La llamaste? – moví mi pie con insistencia mientras negaba, era cierto, Valentina era la persona más puntual que conocía. Vi que la secretaria de Valentina intento llamarla de nuevo, pero no tubo resultado como las veces anteriores. – Tienes razón, Valentina no llega tarde – comenté mirándola preocupado. – En el pasado, cuando peleaba con Vannia o con… con ustedes solía refugiarse en la fábrica abandonada. Verónica también iba allí – recordé el viejo lugar, después de la muerte de Verónica había dejado de ir, pero era cierto, Valentina y Verónica iban allí a practicar defensa personal con Alonso, y después de que Verónica murió, Valentina se encerraba allí cuando quería abstraerse de todo. No me sorprendía que Marina supiera de la fábrica, ella había sido la mejor amiga de Verónica, ella conocía muy bien a Valentina, quizás más de lo que yo lo hacía. – Tienes razón, quizás la pelea con mi padre la afecto más de lo que dejo ver – respondí mientras tomaba mi teléfono y llamaba directamente a Valentina, pero como sospeché su teléfono estaba apagado, muestra de que algo le pasaba. Llame a la casa empezando a sentirme preocupado, pero dijeron que no había ido allí. Sabía que quizás mi preocupación era infundada, pero repentinamente me sentía demasiado inquieto por ella, finalmente me resolví por llamar a Santiago, ya que Valentina no estaba en ninguna de sus casas, y sabía que no era de amigos, pero tampoco estaba con él, Sara no la había visto en todo el día y mi papá me dijo que ella no le había respondido el teléfono, llame al doctor también, pero nadie sabía nada de ella. De repente vino a mi mente Alonso, él siempre estaba con ella. Me puse un abrigo porque la tarde ya estaba fría a pesar de que apenas iban a ser las seis y tomé las llaves del auto. Le indique a Marina que me iba y ella me imito. Mientras bajábamos hasta el estacionamiento le marque a Alonso. – Joven – respondió él tan pronto recibió la llamada, note su tono un poco alterado. – Hola ¿Valentina está contigo? – No señor – respondo en tono apenado – La perdí en la autopista, iba en moto – la idea de que hubiera vuelto a las carreras ilegales me preocupo, pero preferí no adelantarme a los hechos. – Si tiene alguna noticia de ella por favor llámeme a mi primero – pedí, el afirmó con un simple si, y colgó. Me despedí sin mucha ceremonia, de Marina y empecé a manejar rumbo a la fábrica. De repente esa preocupación en mi pecho empezó a convertirse en angustia de no saber dónde estaba Valentina, ni que había causado su desaparición. El trayecto se tornó más largo de lo esperado, la carretera estaba llena de trancones, pero al final logre salir de la cuidad. Mi mente repetía una y otra vez conversaciones que había tenido con Valentina, me preocupaba. Al llegar hasta la fábrica, me di cuenta que Valentina la había remodelado, tenía portón con seguro, el camino despejado hasta el edificio que en el pasado debió haber sido una bodega y los faroles que estaban apagados. Le pedí a mis escoltas que permanecieran en su auto, en caso que algo pasara activaría la alarma de emergencia con la manilla que llevaba desde el incidente en el hostal. Entre al lugar por medio de una puerta pequeña que solo tenía pasador, el candado estaba abierto símbolo de que alguien había estado recientemente allí y una moto parqueada frente al viejo edificio me confirmo que Valentina estaba allí, sentí un poco de alivió. Camine con afán hasta el interior del viejo edificio, entre por la pequeña puerta que daba directamente al séptimo piso, porque allí era donde valentina solía ir a entrenar. Las escaleras eran bastante estrechas, y no tenían ventanas así que daba la impresión de subir infinitamente, pero por fortuna llegue hasta el salón, mire al rededor, pero no vi a Valentina, sin embargo, su celular y cartera estaban puestos sobre una vieja mesa que se encontraba ubicada al lado del rin y frente a uno de los sacos de boxeo. Camine hasta el otro extremo del lugar, no la vi a ella, pero si note que la puerta de la terraza está abierta, sus zapatos y abrigo estaban al lado de la escalera al igual que su arma. Un sentimiento de miedo me embargo ¿Que podría estar haciendo descalza y sin abrigo? Era muy extraño, ella odiaba el frio y la noche estaba bastante fría, para estar afuera. Subí a toda prisa las escaleras y mi corazón salto de pánico al verla parada en el bordillo mirando hacia bajo, mi mente quedo en blanco y un dolor abrazador cubrió mi pecho. – ¡No! – grite con angustia al comprender su intención.
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