֎ Sara ֎
Valentina siempre había tenido un temperamento explosivo, la gente pensaba que era calmada y una persona sensata, pero en realidad se dejaba llevar por sus emociones con mucha facilidad y Oliver siempre era bueno haciendo que su mal temperamento saliera.
Tome a Valentina se los hombros cuando intento irse después de estrellar contra el piso uno de los jarrones más costosos de la casa de eventos.
– Mi amor, cálmate – pedí , Valentina respiro profundo y se quedó, aunque cruzada de brazos y con una mirada de odio en su rostro.
– Andrew, Valentina no tiene la culpa – Abogo Sandra por mi hija. Sandra me molestaba solo por existir, pero no podía negar que ella quería a cada uno de mis hijos como si fueran los suyos y era capaz de enfrentarse a Oliver por ellos – Yo no quiero que mi hijo haga algo que no quiere, y él no quiere casarse, yo estoy de acuerdo con Valentina en que debíamos detener este matrimonio.
– El compromiso está estipulado desde siempre – respondió Oliver molesto – Él lo acepto
– Porque eres un tirano papá – intervino Valentina de nuevo
– Guarda silencio Valentina – demandó Oliver molesto – Tú eres una malcriada – todos miramos con preocupación a Valentina, ella odiaba esa palabra era un interruptor para que se saliera de control. Oliver y Valentina se sostuvieron la mirada, ella enarco las cejas y dejó que su brazo descansará al lado de su cuerpo.
– Ah, ¿sí? – pronuncio Valentina, Oliver asintió retándola, me lleve la mano a la frente previendo todo el desastre que venía. Valentina tomo el otro jarrón c***o y lo empujó para que callera, Oliver se puso mucho más furioso.
– ¡Deja de tirar las cosas! No eres una niña
– ¿Por qué te preocupas? Puedes pagarlo – Valentina se acercó a otra reliquia, la detuve sosteniéndola del brazo y negué.
– Eres una... – alce la mano mediando para que Oliver guardará silencio
– ¡Si no vas a decir nada bueno guarda silencio! – demandé y el obedeció, sin quitar esa expresión molesta de su cara – ¡Tu dejas de tirar cosas! Te sientas y te calmas – Valentina bufó furiosa, pero obedeció sentándose de brazos cruzados. Alan y Sandra se mantuvieron en silencio expectantes. Oliver se sentó también y los otros dos lo imitaron – si Alan no se quiere casar que no se case, no debes obligar a tu hijo a hacer algo así
– Pero mujer...
– Me escuchas – Valentina sonrió cuando interrumpí a su padre – Alan es tu hijo, pero Sandra estará de acuerdo conmigo que no por eso tienes el derecho de definir su vida, si el acepta y se casa es su decisión, no puedes intimidarlo y orillarlo a que acepte obligado – me gire hacía Valentina y suspiré un poco más calmada – Tú no puedes seguir con esa actitud mi amor, sabes que te amamos, pero tu padre tiene razón, ya no eres una niña, eres una mujer y que hagas está clase de escándalo te dejan muy mal parada, además no estoy de acuerdo con lo que hiciste. Odio que mientas.
– No volveré a hacerlos pasar vergüenza, no se preocupen, sé que debe ser horrible tenerme como hija – respondió ella a la defensiva – Y respecto a que mi papá tiene razón lo dudo, él tiene de coherente lo que tiene de justo – Oliver cerro los ojos mientras respiraba profundo tratando de controlar su ira.
– No nos avergonzados de ti – respondió él – Eres nuestra hija y te amamos, pero eres una mal... – lo miré sugerente – Eres una persona poco, calmada tienes que corregir eso – Valentina se puso de pie y tomo su bolso símbolo de que se marcharía pronto.
– Me alegra que no te hayas casado Alan – hablo – Es bueno que puedas contar con tu mamá y es una pena el papá que te tocó – Valentina se giró hacia Oliver y negó con decepción – Respecto a ti papá, no te creo ni el saludo – Valentina abrió la puerta, estaba furiosa, pero detenerla era propiciar otra discusión innecesaria entre ella y su padre, la relación entre ambos era insostenible.
– ¿A dónde vas? – pregunto Oliver con intención de detenerla, le indique que se calmara y se mantuviera sentado, cosa que no le agradó.
– A donde no pueda verte – respondió ella, suspiré con tristeza, me acerque a ella y la tome de los hombros con cariño.
– Mi amor. No trates así a tu padre – pedí – Aunque haya cometidos errores, es tu papá y debes respetarlo – la abracé y le susurré para que Oliver no escuchara – Además esas palabras hirientes lo lastiman, aunque lo disimule
– Pues ojalá no pueda vivir en paz con eso – respondió deshaciendo el abrazó y apartándose de mí – Porque jamás voy a perdonarle que haya dejado morir a Sebastián y tu no finjas que puedo contar contigo, recuerdo que tampoco estuviste cuando te necesite
֎ Vannia ֎
Cuando llegue a casa, Valeria y Calina me salieron al encuentro, me sorprendió que Valeria fuera con mi cuñada, ya que en los meses que llevaba allí Valeria al igual que Valentina evitaban cruzarse conmigo. Además, ese día se estaba celebrando el matrimonio de Alan a las afueras de la ciudad, así que en teoría Valeria debía estar allí y no en casa. La noticia del matrimonio de Alan me había sentado peor de lo que estaba dispuesta aceptar, aunque yo no había sido la única. No había tocado el tema con Calina, porque ella no me había dicho nada, y de cierta forma me sentía un poco ofendida por eso y celosa también, y ella me conocía a la perfección así que se daría cuenta y no quería eso.
– ¿Hola? – fue lo único que atiné a decir, al darme cuánta que me había quedado ensimismada. Cali sonrió ampliamente y me tomó del brazo mientras me llevaba a una de las salas que daban al jardín – ¿Qué pasa? – pregunté al ver que Valeria nos seguía en silencio.
– ¡Sorpresa! – dijo Calina mostrándome una cantidad impresionante de cosas, cuna, mecedora para bebé, ropa, mucha ropita pequeña, zapatitos, cobijas, en fin, todo tipo de cosas para bebé, sonreí enternecida al ver aquellos regalos y me conmoví al ver que no era la única que se emocionaba con la idea de la llegada de mi bebé.
– Gracias – dije sinceramente mientras observaba todas las cremas, lociones para bebé, peluches, juguetes, abrigos...
– Es… es bueno que vayas a ser mamá – habló finalmente Valeria desde la puerta, me giré hacia ella feliz de escucharla dirigirme la palabra, me apresuré a evitar las lágrimas y sonreí.
– Gracias – ella hizo un gesto restándole importancia y me dio una pequeña caja de terciopelo que tenía, la recibí y al abrirla no pude evitar llorar en esa ocasión – De verdad muchas gracias Valeria – se trataba de las alhajas de oro que habían pertenecido a Verónica, entre ellas había una cadenita que tenía un dije en forma de rompecabezas, cada uno de nosotros tenía una parte, Alan, Valentina Valeria y yo, siempre creí que Verónica había perdido la suya.
– Es un regalo de Valentina – dijo con cautela, la miré de inmediato al saberlo, Valeria me observó sin poder descifrar mi reacción, pensé en devolverle aquello, pero no quería hacer enojar a Valeria, asentí mientras una espesa amargura se asentaba en mi pecho.
Vannia – me gire de improvisto al escuchar la voz de Verónica, jamás la había olvidado. Un escalofrío horrible me recorrió la espina dorsal al saber que estaba sucediendo de nuevo.
– No otra vez – murmure asustada. Calina me tomo del brazo, di un respingo asustada y ella me miró preocupada.
– ¿Qué… que te pasa? – negué y me obligué a sonreír, ella sabía de mi problema, pero dos años atrás se suponía todo había cesado para siempre y no quería que supieran que de nuevo me pasaba, me tratarían como si estuviera loca.
– Acéptalo como un regalo para tu bebé, él no debería verse involucrado en nuestros problemas – dijo Valeria al parecer preocupada porque lo devolviera me giré hacia ella, por un instante vi que sus ojos eran grises, y ese extraño temor me invadió de nuevo, di un paso atrás y por poco pierdo el equilibrio, Valeria me tomó del brazo preocupada y vi que sus ojos volvían a su azul natural – ¿Te sientes mal? – Calina acercó una silla y me hizo sentar, respiré con dificultad y negué, nunca antes había reparado en el parecido que tenía Valeria con Verónica, pero era aterrador, era como verla a ella, incluso el perfume era parecido. Vi pasar a alguien por la puerta, una mujer de cabellera roja, pasé saliva y volví mi mirada a mi hermana menor.
– Estoy bien – respondí, sostuve la cadenita en mi mano y la mire – Dale... las gracias a Valentina – respondí, me puse de pie y salí de allí sin decir nada más, camine en dirección donde había visto pasar a alguien y al llegar al jardín vi que no había nadie, respire profundo tratando de calmar mi corazón y me acerque a la banca donde me solía a sentar con Verónica antes de que muriera.
El fantasma de Verónica me había perseguido por años, sabía que debía enfrentarlo, pero siempre me pudo más el miedo.
– Suéltame – escuché su voz a mi espalda, sentí una corriente fría pasar por mi espalda – déjame ir – no pude regular mi respiración, el mundo empezó a darme vueltas y el miedo que sentía era abrumador, cerré los ojos y me llevé las manos a mis oídos asustada, había escuchado su voz, pero no fui capaz de girarme. Sentí una mano en mi hombro y una opresión en mi pecho se hizo presente.
– ¿Qué pasa? – se trataba de Calina, sin embargo, no pude calmarme, sentí que las piernas me fallaban, lo siguiente que supe fue que Calina pedía ayuda angustiada y después de eso no pude mantenerme consciente más tiempo.
Solo pude ver el rostro sonriente de Verónica mientras me miraba con cariño.
Tienes que dejarme ir… – dijo – suéltame Nia...