֎ Santiago ֎
Valentina se había aparecido esa noche en mi apartamento sin aviso previo y como sufría de insomnio sabía que no íbamos a dormir esa noche. Sin embargo, tampoco íbamos a hacer nada, siempre era igual. Llevaba un rato largo hablando con Valentina, eran más de las dos de la mañana y aunque ella parecía estar totalmente despierta no me estaba escuchando, lo noté porque me decía que si a todo mientras observaba la revista en qué estaban los diferentes diseños de las invitaciones, aunque pasaba las hojas sin mirarlas y volvía a la del principio a mirarlas de nuevo.
– ¿No te gusta ninguna? – ella alzó sus ojos hacia mí y supe que ni siquiera había escuchado mi pregunta al ver su mirada perdida.
– ¿Dime? – pregunto al no saber qué decir
– ¿Qué te tiene pensativa Valen?
– Nada – respondió y volvió su mirada a las páginas de la revista
– Llevas varios días así, te pierdes en tus pensamientos, pareces un alma en pena
– No me pasa nada ¿Ok? – respondió a la defensiva, suspiré algo triste, me puse de pie y caminé hasta el ventanal de la sala, la ciudad desde allí se veía hermosa, era una vista envidiable y estaba con la persona que más amaba, pero ella pensaba en otro y no tenía que ser un genio para averiguarlo.
– Siempre supe que no me casaría por amor, aunque cuando te conocí te quise desde el primer instante. No te imaginas el sentimiento de contrariedad que sentí en mi interior al enterarme que me casaría contigo, que nuestros padres arreglaron un compromiso entre tú y yo… me preocupaba Sebastián, pero me sentía feliz, de una forma culpable, sabía que el final terminarías convirtiéndote en mi esposa, tenía esa certeza, pues sabía que tu relación con Sebastián estaba condicionada por el banco – mire su reflejo en el vidrio y vi que me miraba atenta – Pero a pesar de la fragilidad de esa relación, ambos se esforzaban por mantenerse unidos, admiraba esa determinación que tenían, admiraba ver cómo luchaban contra todo, incluso contra sus propias familias para mantenerse juntos, aun así el banco siempre los separó y sé que es el banco el motivo que te mantiene a mi lado – mire hacia el oscuro horizonte temeroso de lo que iba a preguntar – Pero si el banco no existiera ¿Irías tras Edward? – pude notar a través del vidrio su mirada molesta
– Te aclaré todo ¿Por qué vuelves a meter a Edward en todo esto? – preguntó cómo si pudiera ocultar sus sentimientos.
– ¿Por qué no me lo dices tú? – dije girándome hacia ella – Acéptalo Valentina
– ¿Por qué no me dices tú que te pasa con él? Siempre pones una excusa entre tú y yo, ¿Acaso no quieres casarte? – Pregunto de inmediato
– Si quiero – respondí – Pero soy consciente que nuestra relación no es normal
– ¿Cómo que no es normal?
– Estamos solos en mi apartamento – le dije con obviedad, pero ella no cambió su expresión – Nunca pasa nada, ni siquiera se da el ambiente, el único que se siente nervioso cuando estamos juntos soy yo, y me pongo nervioso de pensar en que puedo hacer algo que te incomode, algo que pueda afectarte y que te haga huir de mí, como huyes de todo el mundo
– ¿Quieres que nos acostemos? – nunca lograba averiguar cómo iba a reaccionar Valentina respecto a algo y sin duda no esperaba que tuviera una reacción tan calmada y tomara por ese camino – Si es así, solo dilo, no soy adivina
– No me refiero a eso Valen – respondí algo avergonzado por el giro que había dado la conversación – Hablo de tus sentimientos, de mis sentimientos… entre nosotros no hay esa química que tienen la mayoría de parejas
– Yo te prometo que seré una buena esposa, si eso es lo que te preocupa, pero entiende que entre tú y yo hay unos límites que no podemos cruzar antes de casarnos, primero porque mi papá me deshereda si me acuesto contigo antes del matrimonio y segundo porque sé que eres una persona con costumbres diferentes a las mías y costumbres familiares que así lo exigen
– Pero no hablo de mi familia, hablo de tú y yo – me acerque a Valentina de nuevo y me agache frente a ella – Hablo de que me ves como un amigo, siempre te estás esforzando por ser una buena novia, pero sé que hay cosas que no te nace hacer – Valentina estiró su mano hasta mi rostro con cariño y me sonrió dulcemente.
– A ti y a mí nos une más que el banco – dijo acercando su rostro al mío hasta que nuestro aliento se mezcló – Nos une la confianza, porque sabes que te confiaría mi vida sin dudar, nos une el amor que sientes por mí y el que siento yo por ti, nos une este compromiso y la decisión de estar juntos que tomamos
– Pero no me amas – ella retrocedió un poco, pero no apartó su mano de mi rostro – El amor es algo que no puedes obligarte a sentir y es algo que una vez lo sientes no puedes arrancarlo e ignorarlo – tomé la mano de Valentina y la besé con cariño – Yo deseo que seas feliz de todo corazón Valen, mi mayor deseo es verte sonreír de nuevo, amar con locura como lo hiciste, verte feliz – ella llevó su otra mano a mi rostro y sonrió de nuevo
– ¿Y quién dice que no lo soy a tu lado?
– Tus ojos – ella dejó de sonreír pero aun así continúe – Toda tu lo dice, sonríes pero no eres feliz y en este mismo momento veo que tratas de ocultar una profunda tristeza que sientes, podría apostar que es causada por la ausencia de Edward y no estoy siendo celoso, lo digo porque sé que aprendiste a preocuparte por él y apostaría que te enamoraste de él… quizás comenzó como un juego, un plan para que no te traicionara pero se te salió de las manos Valen y le diste un lugar muy importante en tu vida
– Creo que deberíamos descansar – dijo como excusa para terminar allí la conversación, se puso de pie y recogió sus cosas – Descansa
– Aunque te hagas la loca, sabes que tengo razón, te conozco bastante bien, puedo leerte con facilidad
– Eso es bueno, nos ahorrará muchas discusiones en el futuro – Valentina se acercó a mí y dejó un corto beso en mis labios – Te veo más tarde – sonreí resignado, siempre hacía lo mismo, ignorar mis palabras.
֎ Alan ֎
Me coloqué la corbata y miré mi reflejo una última vez en el espejo. Suspiré resignado, en esta ocasión nada me salvaría de ese matrimonio. Me senté en la silla frente al espejo mientras esperaba la hora de salida. La puerta se abrió y por ella entró mi papá junto a Sara.
– ¿Listo? – asentí nervioso y resignado mientras me ponía de pie.
– ¿Cómo te sientes? – pregunto Sara, sujetándome del brazo.
– Bien – respondí por inercia, ella asintió en silencio poco convencida, se giró hacia mi papá y retiro su brazo del suyo.
– Oliver ¿Te aseguraste de que todo esté bien con la familia de la novia? Sandra fue allí hace más de diez minutos y nada – mi papá pareció notar que se le había pasado algo por alto, hizo un movimiento afirmativo y salió. Sara se giró de nuevo hacia mí y me sonrió con cariño materno – No te preocupes por nada – me dio con una sonrisa de satisfacción – Valentina se encargó de que este matrimonio no se haga – miré a Sara incrédulo mientras una sonrisa de alivió de abría paso en mi rostro.
– ¿Qué hizo? – Sara se encogió de hombros y su sonrisa se borró.
– Espero que nada malo – comento con preocupación repentina – Sandra y ella tenían un plan
– ¿Mi mamá y ella trabajando juntas? – me reí al escuchar mis palabras – Ellas no se llevan bien
– Todos sabemos que no quieres casarte y sabemos que Oliver no dejaría que aplazaras el matrimonio por cuarta vez, solo espero que el plan de Valentina no sea poner a la familia Vera en nuestra contra.
La puerta se abrió una vez más, por ella apareció Valentina, como si la hubiéramos invocado. Sonrió con auto suficiencia, mi mamá entro detrás de ella con cara de preocupación y en ese momento Sara y yo supimos que lo que había hecho Valentina no iba a gustarnos.
– Dime que no amenazaste a Carlios por favor – pedí, Valentina río encogiéndose de hombros dispuesta a contarnos lo sucedido cuando mi papá entro hecho una fiera
– ¡Valentina! – ella blanqueó los ojos y se giró hacia él – ¿Qué buscas con esto? Mancillaste el apellido de tu familia
– ¿Qué pasó? – Pregunto Sara igual de preocupada que yo
– Le dijo a la familia de Marina, frente a ella y otras personas que es tu amante – respondió mi mamá dirigiéndose a mí, dejándome sin palabras – Y que estaba embarazada así que no permitiría este matrimonio, en caso de seguir con el iría a los medios y haría un escándalo
– ¿Pero ¿Qué te pasa por esa cabeza? – le reproche
– Tu no querías casarte, te he salvado, así que de nada – Respondió Valentina con esa apatía característica de ella