—...conjunción —concluyó Ana, mientras ascendían la escalera de piedra—. Tenemos que estar listos. Cada detalle cuenta.
De vuelta en la sala principal, Rodrigo volvió a sentarse frente al piano. Esta vez, cuando comenzó a tocar, la música fluía con más fuerza y precisión. Las notas resonaban en todo el edificio, haciendo vibrar las ventanas y haciendo que las telarañas se desprendieran de los techos. La Piedra del Sol n***o en el patio emitía una luz plateada intensa, y el telescopio de bronce proyectaba imágenes en la pared: vistas de un mundo extraño, con cielos de color púrpura y montañas hechas de cristal n***o.
—Veo la plataforma donde la tienen —dijo Rodrigo, sin dejar de tocar—. Está en el centro de una cueva gigante, con paredes que parecen pulular con ojos vivientes. Hay otras criaturas allí, similares a las que vimos en la laguna pero más grandes y feroces.
Ana observaba las imágenes proyectadas, tomando nota de cada detalle: la posición de las criaturas, las cadenas que retenían a Valeria, los símbolos grabados en el suelo de la cueva que parecían ser un círculo de invocación.
—El círculo es la clave —dijo—. Si podemos romperlo mientras Xothlu está distraído, podremos debilitarla y llevar a Valeria de vuelta.
La música llegó a su clímax, y por un instante, el aire en la sala se volvió denso y pesado. El portal comenzó a formar en el centro del patio, solo por unos segundos, antes de cerrarse de nuevo.
—Funciona —exclamó Rodrigo, con los ojos brillantes de emoción—. Si podemos mantener esa frecuencia durante cinco minutos seguidos, el portal se mantendrá abierto lo suficiente para atravesarlo y volver.
Pero su alegría fue de corta duración. De repente, escucharon un grito femenino proveniente del patio. Corrieron hacia la puerta y encontraron a Valeria, de pie junto a la Piedra del Sol n***o, con los ojos vacíos y una sonrisa extraña en los labios.
—Valeria! —gritaron Ana y Rodrigo a la vez, corriendo hacia ella.
Pero cuando se acercaron, ella les arrojó una onda de energía oscura que los hizo retroceder violentamente. Su voz había cambiado, era más profunda y gutural:
—Ustedes no deberían haber venido —dijo, y reconocieron la voz de Xothlu—. Valeria ya no está aquí. Ella se ha unido a mí, ha aceptado su destino como heredera del agujero n***o terrestre. Juntas, abriremos la puerta para siempre y nuestra r**a dominará este mundo.
—No es verdad —dijo Ana, levantándose con dificultad—. Valeria nunca permitiría eso. Ella ama a esta tierra, ama a las personas que la rodean.
Xothlu rio, un sonido como de rocas chocándose:
—El amor es una debilidad, una ilusión que los seres humanos crearon para sentirse menos solos. Valeria ha entendido que el poder es lo único que importa. Pero para demostrarles lo que soy capaz de hacer, les daré una oportunidad. Mañana, durante la conjunción, podrán intentar detenernos. Pero si fallan, todos ustedes morirán, y sus almas serán condenadas a vagar por el Vacío por la eternidad.
Con esas palabras, Valeria se desvaneció en una nube de humo n***o, desapareciendo en la oscuridad. Ana y Rodrigo se quedaron en silencio, abrumados por el miedo y la tristeza. Sabían que la criatura había tomado el control de Valeria, pero también creían que había algo de ella aún dentro, luchando por mantenerse con vida.
—Tenemos que estar preparados —dijo Rodrigo, tomando a Ana de la mano—. Mañana será la batalla final. Y aunque el riesgo es enorme, no podemos rendirnos. Valeria nos necesita.
Ana asintió, apretando su mano con fuerza. En ese momento, comprendieron que el amor del que hablaba el diario de don Manuel no era solo el amor por una persona, sino el amor por todo lo que era bueno y justo en el mundo. Ese era el verdadero poder de la tercera llave.
Capítulo 6: La Conjunción de los Planetas
29 de octubre de 2025 – 22:47 horas
El cielo estaba cubierto de estrellas brillantes, y los planetas Venus, Marte y Júpiter se alineaban en una línea perfecta sobre la hacienda de San Jerónimo. Ana y Rodrigo habían preparado todo con anticipación: la Piedra del Sol n***o estaba colocada en el centro del patio, conectada a múltiples dispositivos que amplificarían su energía; el piano de cola estaba afinado hasta el último detalle; el telescopio de bronce apuntaba directamente hacia la conjunción; y los amuletos que les había dado la criatura de la laguna reposaban alrededor de sus cuellos, brillando con una luz azulada intensa.
—Estoy listo —dijo Rodrigo, sentándose frente al piano—. Pero una vez que comience la música, no podré parar hasta que el portal se cierre. Tendrás que hacer todo lo demás tú sola.
—Yo estaré aquí —dijo Ana, colocándose junto a la Piedra del Sol n***o—. Cuando el portal se abra, iré por Valeria. Tienes que mantener la música estable y estar listo para cerrarlo en el momento justo.
Rodrigo asintió, colocando sus manos sobre las teclas. Cerró los ojos por un momento, pensando en Valeria, en Ana, en todos los que dependían de ellos. Luego comenzó a tocar.
La música del Concierto para Piano N° 23 de Mozart llenó la noche, clara y poderosa. La Piedra del Sol n***o comenzó a emitir una luz plateada que se extendió por todo el patio, y el suelo tembló con fuerza. El portal apareció en el centro del círculo de luz, más grande y estable que nunca, y desde su interior se escuchaban gritos, susurros y el sonido de alas gigantes revoloteando.
Ana tomó una linterna y un cuchillo de geología que llevaba en su chaleco, y se acercó al portal con paso firme. Cuando cruzó el umbral, sintió cómo una fuerza poderosa la atravesaba el cuerpo, como si estuviera pasando por una cortina de agua fría y eléctrica.
Se encontró en una cueva gigante, con paredes de roca negra que parecían pulsar con vida. En el centro de la cueva, sobre una plataforma de metal, estaba Valeria, atada con cadenas de luz negra que parecían estar hechas de estrellas muertas. A su lado, la figura de Xothlu se alzaba con orgullo: era un ser de gran tamaño, con un cuerpo parecido al de una serpiente gigante y un rostro con múltiples ojos que giraban en todas direcciones. A su alrededor, decenas de criaturas humanoides oscuras esperaban la orden de a****r.
—Bienvenida, pequeña geóloga —dijo Xothlu, con la voz de Valeria—. Has venido a morir junto a tu amiga.
—Valeria —dijo Ana, acercándose con cautela—. Escúchame. Sabes que esto no es lo que quieres. Tu abuelo don Manuel dio su vida para cerrar este portal y proteger a nuestra gente. No puedes permitir que su sacrificio sea en vano.
Valeria movió la cabeza lentamente, y por un instante, Ana vio un destello de lucidez en sus ojos:
—Ana... ayuda... no puedo... resistirme...
Xothlu rio de nuevo, y las cadenas se tensaron, haciendo que Valeria gritara de dolor:
—No tienes poder aquí, humana. Valeria ya pertenece a mí. Ahora, presencio cómo mi ejército invadirá tu mundo y lo convertirá en un reino de oscuridad y poder.
En ese momento, la música de Rodrigo se hizo más fuerte, y la piedra que Ana llevaba consigo —una pequeña muestra que había tomado de la Piedra del Sol n***o— comenzó a brillar con intensidad. Las criaturas a su alrededor gimotearon de dolor, y el círculo de invocación en el suelo comenzó a desvanecerse.
—El círculo —gritó Ana—. Es la fuente de tu poder. Si lo rompo, perderás el control sobre Valeria y sobre tu ejército.
Xothlu lanzó un grito de ira y se lanzó hacia Ana, pero justo en ese momento, los cuerpos momificados de Carlos Mendoza y sus amigos aparecieron en la entrada de la cueva. Habían logrado escapar del sótano cuando el portal se abrió, y ahora luchaban contra las criaturas para darle tiempo a Ana.
—Ahora, Ana! —gritó Carlos con su voz ronca—. Ahora o nunca!
Ana se lanzó hacia el centro del círculo de invocación y golpeó el suelo con todas sus fuerzas con el cuchillo de geología. La roca se partió en mil pedazos, y una ola de energía blanca se extendió por toda la cueva. Las criaturas comenzaron a desvanecerse en humo n***o, y las cadenas que retenían a Valeria se rompieron en pedazos brillantes.
Xothlu retorciéndose de ira y dolor, lanzó una última onda de energía hacia Ana, pero Valeria se interpuso entre ellas, absorbiendo el impacto con su propio cuerpo. La criatura fue arrojada hacia el fondo de la cueva, donde se desvaneció en un torbellino de sombras, pero no antes de dejar una última amenaza:
—Volveré! Siempre volveré! El Vacío nunca olvida a sus hijos!
Valeria cayó al suelo, débil y pálida, pero con los ojos claros de nuevo. Ana se arrodilló junto a ella, abrazándola con fuerza:
—Estás a salvo —dijo, con lágrimas en los ojos—. Vamos a casa.
Juntas, se dirigieron hacia el portal, donde Carlos y sus amigos las esperaban.
—No podemos volver contigo —dijo Carlos, con una sonrisa triste—. Nuestras almas ya no pertenecen a este mundo. Pero hemos logrado nuestra misión: detener a Xothlu, al menos por ahora. Cuídala a ella, Ana. Cuídala a Valeria. Ella es la única esperanza de tu mundo.
Con esas palabras, los cuerpos de Carlos y sus amigos se desvanecieron en luz blanca, desapareciendo para siempre. Ana tomó a Valeria del brazo y la ayudó a cruzar el portal, justo cuando la música de Rodrigo comenzó a disminuir, indicando que el tiempo se acababa.