Capitulo N°4

1382 Words
||La Huella de la Reina|| «Akary» Caminar por los pasillos de la universidad con Sandra es como arrastrar un grillete de oro. Ella sonríe, se pavonea y se alimenta de la atención ajena, convencida de que es nuestra reina. No sabe que solo es una distracción, un peón en un tablero que ni siquiera comprende. Para nosotros, ella es solo un medio; un juego de distracción antes de que la verdadera oscuridad reclame su lugar. Nos sentamos en el centro de la cafetería, en la mesa que nadie se atreve a tocar, rodeados por su parloteo incesante sobre cosméticos y envidias. Después de unos minutos irritantes, una figura conocida se materializó frente a nosotros: Alexis. Nuestro mejor amigo, el hijo del entrenador y el único que conocía los bordes más afilados de nuestra historia. Al salir, la rutina de poder se rompió. Alexis se detuvo en seco, sus ojos fijos en los casilleros. Seguí su mirada y lo vi: las gemelas French estaban allí, pero no eran el centro de atención. Era la nueva. Ángel. Alexis avanzó con una confianza que no solía mostrar con desconocidas y la acorraló contra el metal. El pasillo entero contuvo el aliento. —¿Son novios? —susurró Daniel. Me encogí de hombros, pero mis ojos no se apartaron de ellos. —Hola, hermosa —soltó Alexis. Ángel levantó la vista. No hubo miedo. En su lugar, una chispa de picardía encendió sus ojos oscuros. Colocó sus manos sobre los hombros de Alexis con una familiaridad que nos dejó helados. —Hola, bombón —respondió ella. Su voz era una caricia peligrosa. —Tenemos toda la atención... como en los viejos tiempos —murmuró Alexis, rodeando su cuello con una mano, apretando apenas lo suficiente para que la tensión fuera palpable. Ella no retrocedió. Se mordió el labio y noté cómo sus piernas se tensaban. ¿Le excitaba el peligro? Pero antes de que el beso que todos esperábamos ocurriera, Ángel se movió con la rapidez de una cobra. Un golpe seco y certero a sus partes nobles hizo que Alexis se doblara, ahogando un grito. Alexis se recuperó, alegando que compartieron internado. Ella nos barrió con la mirada, analizando el pasillo como si fuera un campo de batalla. —¿Y si se van a sus clases? —preguntó a la multitud. Sus nudillos estaban blancos, apretando sus puños con una fuerza innecesaria. Cuando mis hermanos y yo lanzamos una mirada de advertencia, el pasillo se vació en segundos. Ella soltó un comentario que nos dejó helados: "Están malditamente buenos, pero ni que fueran dioses". Lo dijo en voz alta, sin filtros. Al irse nos llamó "demonios", mirándonos no con el deseo sumiso de las demás, sino con la curiosidad de quien estudia a una presa antes de cazarla. Ella vio a través del muro —¿Quién es ella realmente? —preguntó Akel, cuya voz suele ser un evento raro. —Ángel Keller —respondió Alexis con una satisfacción extraña—. luego sabrán bien quién es. Ella es el pasado que nunca conté. No hagan enojar a la Reina, hermanos. No querrán ver lo que hay detrás de esa cara. ¿Reina? La intriga empezaba a quemar. Fuimos al campo de fútbol. Allí, el entrenador Collins, un hombre de hierro que no regalaba afecto a nadie, sostenía a Ángel en un abrazo paternal. —¿Papá? Pensé que yo era tu favorito —bromeó Alexis al llegar. —Lo siento, hijo —respondió Collins con un brillo de orgullo inédito—. Pero ella es... simplemente ella. —¿Sigues jugando? —le preguntó él. Ángel miró el campo de fútbol con una nostalgia que intentó enterrar bajo una máscara de frialdad. —De vez en cuando. Pero ya no soy la de antes. Ella necesita tiempo. —Cuando ella llegue, acabará con todo —sentenció el entrenador. ¿Quién era esa "ella"? ¿Una persona oculta? ¿Un fantasma? Mis hermanos y yo intercambiamos miradas cargadas de sospecha. Ángel se despidió Quien es ella?- pregunta Daniel Pues...¿Ángel? Si ya se las había presentado- dice Alex, se que sabe que No es por ella por la que estamos preguntando, lo veo intensamente pero el no me mira, el sabe algo de ella No ella ella, si no la ella que nombró ella- dice Deimel, y todos lo vemos raro Repitelo- dice el Lexu divertido No ella, la ella... la que ella no era ella, de tu ella...Sabes que olvidalo- dice el frustrado después de enredarse reímos bajo A las duchas- nos grita el entrenador después de una hora y todos vamos camino ahí, Alexis se para y grita de repente. Hermosa!- todas las chicas voltearon menos Angel, el hace una mueca cuando tiene la atención de todos- Ángel!!- ahora todas las miradas están en ella, la mayoría son malas miradas pensaran que es algo de Alexis, o que se junta con nosotros ojalá y no sea como Sandra —¡Joder, Alexis! —se quejó ella acercándose—. No sabes lo que es la discreción. Ahora todas me miran como si fuera su enemiga. —Nunca has tenido amigas, Ángel —le soltó Alexis—. No soportas a las mujeres superficiales. —Lo que me gusta de los hombres es lo que llevan entre las piernas —respondió ella encogiéndose de hombros. Los gemelos rieron, pero yo me limité a estudiarla. Ella me sostuvo la mirada, sus ojos eran un pozo oscuro sin fondo, una máscara perfecta que no revelaba nada. Luego de que hablarán todos fuimos a las duchas a quitarnos el sudor. Estábamos en distintos estados de desnudez cuando la puerta se abrió de golpe. Ángel entró, ignorando los torsos desnudos y las toallas. —¡Buenas! —Ángel entró como si fuera la dueña del lugar—. No me vean así, no es nada que no haya visto antes. Si quieren, cierro los ojos... aunque ese tatuaje es muy bonito La insolencia de esta chica no tenía límites. Cruzó el vestuario ignorando los torsos desnudos y las miradas de incredulidad, hasta llegar a la ducha de Alexis. —O sales o te hago pasar pena como en el internado —amenazó, recostándose en la pared. Alexis salió envuelto en una toalla, refunfuñando por su bolso. Ella se sentó en una banca y comenzó a sacar una cantidad absurda de dulces venezolanos, metiéndolos en la mochila de nuestro amigo junto con un paquete de cigarrillos. —Fue un placer conocer sus cuerpos, chicos —dijo con un descaro absoluto, recorriéndonos con la mirada—. No compararé tamaños, están buenísimos. Alex, si te quedas sin nada, vas a mi casa. —¿Dónde vives? —preguntó alguien con diversión. Ella se mordió el labio, un tic que parecía preceder a sus cambios de humor. —Tenemos publico. Después te digo, Lex... —Dijo divertida viendo a todos, se giró hacia Alexis con los ojos oscurecidos y una seriedad gélida—. Lex, te vuelves a desaparecer y te arranco los huevos de un mordisco. En ese instante, vi cómo presionaba de nuevo su reloj. Ese gesto era la clave. Cada vez que su personalidad giraba 180 grados, de la niña dulce a la mujer macabra, tocaba ese dispositivo. Salió de las duchas dejando un silencio sepulcral. Nos reunimos atrás de la universidad, lejos de oídos curiosos. —¿Vieron eso? —preguntó Deimel—. Siempre que tiene esos cambios bruscos de humor, aprieta ese reloj. Parece una niña un segundo y una psicópata al siguiente. —Es una analista —añadió Gael—. Nos estudió a todos en las duchas. No por deseo, sino como quien estudia un mapa antes de una invasión. Akel asintió en silencio. —Ella no es lo que parece. Y esa "ella" que mencionó... es a quien realmente debemos temer. —Y está el festival del sábado —recordé—. Hay que vigilarla. Un Ricci no ama, pero tampoco permite que un extraño mueva las piezas de su tablero sin permiso. Salimos de la universidad con una sola certeza: Ángel Keller no había llegado a Lake Diamond Black para esconderse, sino para reclamar algo que el resto de nosotros aún no lográbamos entender.
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