Capitulo N°6

1375 Words
||Sombras en el Retrovisor|| «Ángel» Salí de la facultad bajo un cielo plomizo. En el estacionamiento, solo quedaban dos camionetas negras, imponentes y gélidas, como los dueños que seguramente seguían dentro del edificio. Encendí mi motor y me alejé de allí, rumbo a la escuela de Kelly. Llegué veinte minutos antes. Mientras esperaba, el silencio del auto se llenó con los ecos de la primera noche en este pueblo. Las advertencias de Gina, la dueña del café, no eran simples palabras; eran una sentencia. Flashback El sol se había ocultado hacía poco cuando la curiosidad me venció. —El pueblo muestra su verdadero ser en la noche —había dicho ella. Decidí que era hora de conocer a ese "ser". Cené con Kelly. Ella me habló de sus nuevos amigos, Francesca y Marco. Me miró con esa tristeza antigua que no debería caber en una niña de diez años. —Sufren lo mismo que yo, Ángel. Están solos. —Kelly, no eres un superhéroe —la corté antes de que el idealismo la cegara—. No los salves de sus demonios. Ayúdalos a enfrentarlos, como yo hice contigo. La dejé en casa y me preparé. El rojo brillante de mi vestido contrastaba con el cuero n***o de mi chaqueta. Me delineé los ojos con la precisión de quien se prepara para una cacería y salí a caminar. El frío de la noche de Lake Diamond Black me recibió como un viejo amante. Caminé hacia el centro. El ambiente era eléctrico, engañoso. Entré en un lugar llamado Casino Tentation RC. El lujo era abrumador; el aire apestaba a dinero sucio y deseo reprimido. Me senté en una mesa de póquer, rodeada de viejos depredadores que me miraban con un morbo mal disimulado. —Este no es lugar para jugar a las muñecas, preciosa —masculló uno de ellos. —Vine a jugar, no ha pedir permiso —respondí con una sonrisa gélida, poniendo cinco mil dólares en fichas sobre el tapete. Quince minutos después, me levanté con los bolsillos llenos y el orgullo de la casa por los suelos. Conozco cada truco, cada imán y cada mazo marcado; trabajé en lugares peores que este. Salí de allí tras beberme un Orgasmo de un solo trago, sintiendo cómo el alcohol quemaba mis dudas. Caminé más allá de los límites del pueblo, siguiendo el rugido de motores y el olor a gasolina y neumático quemado. En una fábrica abandonada, la élite de la universidad se mezclaba con los drogadictos del valle. Carreras ilegales, apuestas de sangre y secretos intercambiados entre susurros. Gina tenía razón: el pueblo es una fosa séptica de vicios, y los policías, si no estaban allí apostando, estaban comprados. Fin del Flashback Esa noche conocí a Roy, a Stefan y a otros miembros del equipo de fútbol. Son piezas útiles, peones en un tablero que aún no comprenden. Pero mi objetivo es otro. Tengo que encontrar a Alessia y ayudarla. En el ajedrez, el Rey es la pieza más importante, pero si pierdes a la Reina en un mal movimiento, el jaque mate es inevitable. Kelly salió de la escuela flanqueada por sus dos amigos. Nos subimos a la camioneta y, antes de arrancar, presioné un botón en mi reloj. Un enjambre invisible de esporas robóticas se dispersó en el aire, mis ojos y oídos en cada rincón. —Sus demonios son fuertes, Ángel —murmuró Kelly mientras escuchábamos a BTS a todo volumen—. Algo pasa en sus casas. —Este pueblo no es normal, Kell's. Todos cargamos con algo. Llegamos a casa. Cociné en silencio, procesando la información. Necesitaba encontrar a los responsables del "accidente" de Alessia. Ella era alguien importante para mí. Más tarde, salí a correr por el bosque para quemar la tensión. En la copa de un árbol, una ardilla se acercó demasiado, chillando de forma territorial. Sin dudarlo, saqué la navaja de mi top y la clavé en su cráneo contra la rama en un movimiento fluido. —Shh... —susurré, sintiendo una liberación oscura recorrer mis venas—. Esto se siente bien. Era una pequeña liberación. Una gota de sangre antes de la tormenta que desataría mañana en el hospital. «Daniel» Jueves, 10:00AM Me levanto a las 10:00 de la mañana hoy toca ver a nuestra pequeña hermana Hoy era el día de visitar a nuestra hermana menor, Alessia. Ella es el único rayo de luz en la familia Ricci: castaña, de ojos color caramelo y una risa que solía iluminar la mansión. Hace un año, un "accidente" de tránsito casi nos la arrebata. Sabemos que no fue un accidente; fue un ataque. Pero el responsable se desvaneció como una rata en las alcantarillas. Perdió el brazo izquierdo desde el codo. Ha pasado por cirugías interminables, preparándola para una prótesis que los médicos decían que tardaría meses en ajustarse. Llegamos al hospital, Akary, Akel, Deimel y yo caminamos por los pasillos del hospital. El personal se apartaba a nuestro paso; el apellido Ricci inspiraba un terror que nos abría todas las puertas. Akel, el más cercano a ella, caminaba al frente con una determinación gélida. Al acercarnos a su habitación, algo nos detuvo: Risas Alessia no reía así desde hacía meses El sonido de las risas de Alessia. Genuinas, vibrantes. Akel abrió la puerta de golpe. La escena dentro nos dejó petrificados. Alessia no estaba sola. Junto a su cama, revisando una pantalla táctil conectada a unos electrodos, estaba Ángel Keller. Pero lo que nos robó el aliento fue el brazo de mi hermana. Donde antes había un vendaje y un muñón cicatrizado, ahora se extendía una prótesis de un n***o mate absoluto, elegante y aterradora a la vez. No parecía metal; parecía tejido vivo convertido en obsidiana. —¿Por qué siempre tenemos que encontrarte en cada rincón al que vamos? —escupió Akary, a la defensiva. —Lo mismo pregunto, pelinegro —respondio Ángel manteniéndose la mirada—. Ustedes no son mi objetivo, pero aparecen hasta en mis sueños... y no precisamente unos muy santos.—Llegan a tiempo —dice Ángel con una voz ronca y profesional—. Estábamos probando la sensibilidad de los nervios. —¿Qué demonios es eso? —pregunto, señalando el brazo mecánico que Alessia mueve con una fluidez asombrosa. —Tecnología que el dinero de este pueblo no puede comprar —responde Ángel, levantándose y ajustando un cable en su reloj n***o, que ahora está conectado a la prótesis de mi hermana. Akel se acercó a la cama. Sus dedos rozaron la superficie de la prótesis en el brazo de nuestra hermana —Es nanotecnología —sentencié antes de que preguntaran—. Se llaman Nanait’s. Pequeños artefactos del tamaño de un grano de arena que responden solo a mi voluntad. No solo es una mano, Alessia; es una extensión de tu sistema nervioso. Vimos como se colocaba algo en sus pulgares. Con un movimiento sutil, lo que sea esa cosa cobraron vida bajo la piel sintética de la prótesis, cambiando de forma, convirtiendo los dedos en esporas y luego volviendo a ser una mano perfecta. Miramos a la extranjera. ¿Quién es esta chica? ¿Una estudiante de psicología o una ingeniera del mercado n***o? La tensión en la habitación es tan alta que casi se puede oír el zumbido de la prótesis. Ángel nos ha dado algo que nadie más pudo, pero en nuestro mundo, nada es gratis. —¿Qué quieres a cambio, Ángel? —pregunta Akel, su voz vibrando con una peligrosidad nueva. Ella se desconecta del brazo de Alessia, cierra su reloj con un clic metálico y se cuelga la mochila al hombro. —¿A cambio?— nos ve con burla—Alessia es mi amiga, no quiero nada a cambio por devolverle su felicidad, nos vemos luego Ricci Salió del hospital dejándonos en un silencio sepulcral. Miré a Alessia; ella observaba su nueva mano negra con una mezcla de adoración y terror. —Ella me salvó —susurró nuestra hermana—. Ella sabe quién me lo hizo. Sentí un frío recorrer mi espalda. Ángel Keller no era una estudiante de intercambio. Era un caballo de Troya que acabábamos de dejar entrar hasta el corazón de nuestra fortaleza.
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