—¿Tienes hambre? —la voz cantarina, le hizo darse cuenta de que no era Clarise. Sin embargo, era tan parecida, casi idéntica a su mujer; pero ella había muerto a manos de Jack, el muy canalla no había respetado su trato, lo encadenó y luego le hizo presenciar la muerte de Clarise. Con la impotencia recorriendo su cuerpo al no poder hacer nada por salvarla, viendo cómo su vida se apagaba ante sus ojos. —¿Quién eres y qué buscas aquí? —sospecho rápidamente de Jack, el muy perro, seguramente quería jugar con su mente, no le daría el gusto, jamás revelaría el paradero de su hija. Elisabeth era lo único por lo que había soportado tantos años de encierro, espero ansioso su despertar y hora que podía sentirla, no iba dejarla sola, encontraría la manera de escapar para llegar a ella. —Soy

