—Mientes, tú no puedes estar…—las palabras murieron en sus labios, al sentir el aroma emanar de ella. El aroma a tierra mojada y el incienso se mezclaban. —Ninguna mentira, sé que puedes olerlo en mí, es tu hijo Dmitry, por él y por mí, no puedo verte morir —se acercó con cierto temor, pese a que el vampiro estaba encadenado, la rabia en los ojos rojos le provocaron escalofríos. —Mataré a tu padre y es muy posible que termine con tu vida también —gritó, mientras Clarisa lo liberaba. —Tienes todo el derecho de hacerlo Dmitry, mi padre te ha robado todo. En cuanto a mí, no lo hice con intención, pero si quieres matarme, espera por lo menos a que dé a luz a tu hijo y entonces, solo entonces podrás matarme libremente, no opondré resistencia —las palabras de Clarisa en lugar de hace

