—¡Clarisa! —Maya corrió hacia donde el cuerpo de su hija caía sin poder evitarlo. Atraída por la gravedad. Dmitry la tomó entre sus brazos antes de que cayera al suelo. La sangre de la loba manchó sus manos y el olor lejos de atraerle, le hizo sentir náuseas. Los tres vampiros se dividieron atacando a diestra y siniestra a los lobos, evitando ser mordidos, pues el veneno era letal para ellos. Lisa observó en silencio al hombre arrodillado sobre la humedad y fría tierra. La mujer entre sus brazos le recordaba a su madre, el dolor rasgo cada fibra de su ser, destruyendo su corazón, se sentía herida y unido al dolor que podía sentir emanar de su padre no puedo evitar gruñir de manera feroz. El aullido escapó de su garganta, no entendía, pero tampoco podía frenar su deseo de dominar. U

