Ahora es nuestra

1182 Words
SANDRO ¡Es tan provocadora! La forma en que se arrodilló y me miró con esos grandes ojos redondos. Y luego me llamó “señor” J0der... Puede que Blake tenga razón. Puede que no sea capaz de controlarme mucho más tiempo cuando estoy con ella. No es como nuestras parejas anteriores. Hay algo diferente en ella. Me cabrea muchísimo, pero también me pone la p0lla dura con solo una mirada. Solo con verla comportarse como una buena chica conmigo, a pesar de odiar lo mandón y grosero que soy con ella, casi me corro en los pantalones. Me sentía tan débil y vulnerable ante ella que tuve que salir de allí. En una posición tan sumisa, se podría pensar que yo tendría todo el control en ese momento. Pero no era así. Era ella quien tenía todo el control. Una sonrisa se dibuja en mis labios. Ella sigue impresionándome cada día. Y no puedo esperar a tenerla de rodillas suplicándome que le f0lle su estrecha v4gina hasta que se vuelva obediente. Agarrando mi p0lla erecta, empujo mis caderas hacia adelante, rociando el suelo de la ducha con mi sem3n caliente. Gruñendo, imagino a Nisha de rodillas con esa sexy lencería blanca, esos seductores ojos marrones desafiándome con cada mirada. Estoy deseando tenerla. A Blake no le va todo eso de la dominación y la sumisión, pero parecía disfrutar tanto como yo viéndola de rodillas. Ella saca un lado de nosotros que ninguna mujer ha sido capaz de sacar jamás. Y, sinceramente, me da miedo. Solo pensar en no tener el control de esto me aterroriza. Por no hablar de lo posesivo y protector que empiezo a sentirme con ella. Es la primera mujer que me hace sentir así. Lo cual también me asusta. Me está cambiando y aún tengo que determinar si eso es bueno o malo. * Me desperté a la mañana siguiente con una gran cantidad de s3men blanco y pegajoso en los pantalones. He estado teniendo sueños s3xuales con Nisha desde que llegó. Me despertaba con una erecci0n y me ocupaba de ella en el baño. Pero esta vez fue diferente. Porque ninguno de los sueños s3xuales que he tenido me ha excitado tanto como para eyacular en mis calzoncillos. Después de pasar casi una hora en la ducha, me visto y finalmente bajo a desayunar. Cuando llego, todos están ya en el comedor desayunando. Al sentarme a la mesa, Tyla me sirve inmediatamente mi taza de café matutina. —Buenos días, señor Herrera. —Buenos días, Tyla. Intento no mirar a Nisha a los ojos, porque si lo hago, puede que me la f0lle aquí mismo, en esta mesa. Blake me sonríe, como si leyera todos los pensamientos vulgares que se arremolinan en mi cabeza. No me sorprendería que supiera lo que estoy pensando. Hemos estado juntos toda nuestra vida. Somos prácticamente hermanos. Así que probablemente se da cuenta cuando estoy de humor. A pesar de que quiero tenerla, no puedo. Todavía no. No mantengo relaciones s3xuales con mi pareja hasta que sé que está preparada. Y Nisha no lo está. Primero tengo que ver cómo le va con Blake. Además, disfruto negándome la gratificación s3xual. Es mi forma de mantenerme bajo control. La última vez que perdí el control... —¿Señor Herrera? —Oír a Tyla llamar mi nombre me saca de mis pensamientos sobre el pasado con Blake y mi primera pareja. Miro a Tyla, con una sonrisa en su rostro envejecido—. ¿Quiere más café? Bajo la vista hacia mi taza de café, sin darme cuenta de que ya me la había terminado. Asintiendo con la cabeza, me sirve otra antes de volver a la cocina. —¿Te importa si llevo a Flavia a la nueva sala de juegos que acaban de abrir en la ciudad? —le pregunta Salem a su hermana. —Claro, pero tienes que llamarme cada media hora para que sepa que estás bien—. Salem y Flavia le dan las gracias a su hermana y la abrazan antes de levantarse de la mesa. —¡Adiós, Blake! ¡Adiós, señor Herrera!—, grita Flavia con una sonrisa y un gesto de despedida al salir del comedor. Blake saluda con la mano, mientras yo les saludo con un movimiento de cabeza. No me gustan mucho las niñas. Me sacan de quicio. Pero las hermanas de Nisha no son tan malas. Y siguen las reglas, algo que considero muy importante en mi casa. —Quiero hablar sobre lo de anoche—, dice Nisha, una vez que sus hermanas se han ido. Es una mujer muy persistente. Cuando quiere algo, va a por ello. Y no se detiene hasta conseguirlo. En este caso, nos quiere a nosotros. Desde que nos oyó hablar el otro día sobre la búsqueda de una sumisa, se ha empeñado en convertirse en esa persona. Admiro a las mujeres que saben lo que quieren. Puede que ella no lo vea, pero tiene el potencial para convertirse en una increíble mujer de negocios. Si le interesara ese tipo de cosas, habría sido una valiosa socia dentro de mi empresa. —¿Desea continuar negociando el contrato?—, pregunta Blake. —No es necesario. Ya lo he firmado. Qué decidida. Así es mi chica. Su contrato era muy similar a los que hemos dado a sumisas anteriores, solo que el nuestro incluía más detalles sobre el tipo de cosas que nos interesan. Nisha no parece tener mucha experiencia. Lo que significa que tendremos que tomárnoslo con calma. No queremos asustarla. Ya lo hemos hecho antes. —Solo tengo una pregunta—. Su cara se pone roja como un tomate, se muerde el labio inferior y sus ojos marrones nos miran nerviosamente a los dos. —¿Ustedes dos...? Quiero decir, ¿alguna vez han...? Blake y yo nos miramos, dándonos cuenta de lo que nos está preguntando. —Quiere saber si f0llamos juntos, Sandro—, dice Blake con una sonrisa burlona. Su rostro se pone aún más rojo que antes, casi del color de un tomate maduro. —No, no lo hacemos—, respondo. —Lo hemos pensado, pero no es lo nuestro. —Oh—, murmura, con la cara sonrojada por haber hecho una pregunta tan embarazosa. —¿Tienes alguna otra pregunta para nosotros?—, pregunta Blake, mirándola. —Si te preocupa nuestra salud, podemos darte nuestra información. —No, no hace falta. Confío en ustedes. —Entonces—, dice Blake, volviendo a centrar su atención en mí, —¿eso significa que es nuestra?—. Tiene una mirada esperanzada en los ojos. La desea con locura. Yo también. Y algo me dice que, si no aprovecho la oportunidad que se nos presenta, no encontraremos a otra como ella. Vuelvo a mirarla y veo tanta emoción y curiosidad en sus ojos. Nos suplica con la mirada, como si fuera a morir si no nos tiene. Respira con dificultad, devorada por la expectación. —Sí—, respondo finalmente. —Ahora es nuestra chica.
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