Me muerdo el labio y lo miro rápidamente cuando me doy cuenta de que lo he estado mirando más tiempo del debido. —¿Usas todos estos juguetes?—, le pregunto, con la curiosidad despertada. —Son los juguetes de Sandro. No son míos—, respondió, aún de pie cerca de la entrada. —Prefiero usar las partes de mi cuerpo para dar placer. —Ah. ¿Y dónde está él? —No se unirá a nosotros esta noche. —¿Por qué no?—, pregunté, incapaz de ocultar mi decepción. Blake se rió entre dientes, al notar la clara decepción en mi voz. Inmediatamente me disculpé. —Lo siento. No quería decir... Él negó con la cabeza. —No, no pasa nada. No eres la única mujer que preferiría que la f0llara ese idiota. —Blake—, empecé a decir. —No te preocupes, cariño. Soy un chico grande—. Me dedicó una hermosa sonrisa y cerré

