BLAKE
—¿Ya has vuelto? —preguntó Sandro, levantando la vista de su portátil para mirarme.
Suspirando profundamente, me pasé los dedos por el pelo y me senté en una de las sillas de su oficina.
—Estoy cachondo como un burro.— Empujando las caderas hacia delante para ajustar la dolorosa erecci0n en mis pantalones de chándal, solté otro suspiro de irritación.
—Supongo que las cosas no han ido bien.
—No, no han ido bien. Ella no va a estar preparada como tú quieres. No es de las que siguen órdenes. Pero, por otra parte, eso es lo que te gusta de ella.
—Es cierto—, admitió. —Pero no en lo que respecta a esto.
La incesante necesidad de Sandro de tener el control me cabrea. Tiene tanto miedo de perder el control que esperaría años para f0llarse a Nisha si fuera necesario. Pero si la hubiera visto con la lencería que le puse, no dudaría en abalanzarse sobre ella.
Hubiera sido aún mejor si ella hubiera llevado su color favorito: el n***o. He visto cómo se pone cuando nuestra chica viste de n***o. Siempre ha sido una debilidad suya, igual que el rojo es una debilidad mía.
Lo único que hizo fue tocarme y casi me corro en los pantalones. La habría dejado chuparme la p0lla, pero entonces ella habría querido más. Y yo también habría querido más.
Entonces ninguno de los dos podría detenerse. Sandro se enfadaría y Nisha dejaría de ser nuestra chica. Todo acabaría antes incluso de empezar. Y eso no puedo permitirlo.
—No podemos seguir posponiendo lo que ella quiere, Sandro. No somos sádicos. —Inclino la cabeza, reconsiderando lo que acabo de decir. —Bueno, yo no soy sádico. —Él me mira con ira. —De todos modos, si seguimos así, no tardará mucho en encontrar a otra persona que satisfaga sus necesidades.
Él gruñe.
—No se atrevería.
Sonrío ante eso.
—Alguien se siente posesivo.
Esto es nuevo. Sandro no suele ponerse celoso. Pero eso es porque la mayoría de las mujeres con las que nos hemos acostado saben a quién pertenecen y no se atreverían a romper el contrato por un polvo rápido.
—No—, replica él. Yo simplemente lo miro, sin estar convencido. —Si se acuesta con otro, esto se acaba.
—Lo sé. Además, solo estaba bromeando. Nisha no nos haría eso.
*
NISHA
—¿Qué hace una mujer tan guapa como tú sola?
Casi vomito. Cualquier tipo que deje salir palabras como esas de su boca se merece que lo metan en la cárcel.
Con el borde de mi vaso entre los labios, miro al tipo que intenta ligar conmigo.
Aparte de su espesa melena rubia, que empezaba a clarear, no parecía mucho mayor que yo. Tenía los ojos azules, que, aunque no eran tan bonitos como los de Sandro, seguían siendo muy atractivos.
Tenía barba incipiente en la barbilla y no podía dejar de acariciársela con la mano mientras me sonreía.
Desviando mi atención de sus rasgos bastante decentes, echo un vistazo a su vestimenta. Su atuendo es bastante básico. Una camisa azul marino abotonada y unos vaqueros grises.
Levanté la mirada hacia él y me terminé el resto del vodka con soda y zumo de arándanos que quedaba en mi vaso. Sus ojos estaban fijos en mí, curiosos por saber por qué aún no había respondido a su pregunta tan cursi.
No es Sandro ni Blake, pero tendrá que servir por ahora.
Dejé el vaso sobre la mesa y finalmente le presté toda mi atención.
—Llévame a tu casa—. Me miró confundido y yo puse los ojos en blanco. —Supongo que has venido aquí porque quieres f0llarme, ¿verdad?
Se aclara la garganta y se le enrojecen las mejillas.
—Yo...
Me levanto, saco el último dinero que me dio Blake y lo dejo junto a mi vaso vacío.
—¿Dónde está tu coche?—, le pregunto, pasando a su lado para dirigirme hacia la salida.
Me alcanza y señala el Honda plateado mientras salimos del club y entramos en el aparcamiento. Los faros del coche parpadean y el modelo de 2007 toca el claxon ruidosamente en la oscuridad.
Abro la puerta del lado del pasajero, me meto en el coche y me abrocho el cinturón de seguridad.
—Mi apartamento no está lejos de aquí—, informa el desconocido rubio mientras se sube al coche.
—Genial.
Ahora ya no hay vuelta atrás.
*
SANDRO
Al oír el ruido de un coche arrancando, Blake y yo salimos a ver qué pasaba. Maldije cuando vi a Nisha alejarse a toda velocidad con el coche de Blake.
¿Qué está haciendo?
Mejor aún, ¿adónde va?
Miro a Blake, esperando que él lo sepa, pero él niega con la cabeza, tan confundido como yo.
Es demasiado tarde para que vaya a ningún sitio a estas horas de la noche. Especialmente sola. Apreté la mandíbula y cerré el puño, enfadándome al pensar que algún cretino podría aprovecharse de ella.
—Ve tras ella, Blake.
—Se ha llevado mi coche.
—Coge uno de mis coches del garaje —le ordené.
—¿Qué quieres que haga cuando la encuentre?
Empecé a caminar hacia las escaleras, pero me detuve. Ella no está obligada a seguir nuestras reglas fuera del dormitorio. Pero aún así, es tarde y prefiero no pasarme toda la noche preocupándome por ella.
—Tráela de vuelta aquí—, le digo, antes de dirigirme a mi habitación para pasar la noche.
Pasan diez minutos y mi frustración aumenta. No han pasado ni treinta minutos, pero siento que estoy perdiendo la cabeza.
No sé qué me está haciendo. Aparte de mis empleadas domésticas, no hay ninguna mujer en el mundo por la que me haya molestado en perder el tiempo preocupándome.
Hasta que apareció Nisha.
Lo odio. Ojalá pudiera arrancarlo de mi cuerpo y no volver a sentir nada nunca más. Pero no puedo. Así que ahora estoy atrapado preocupándome por una mujer a la que no puedo controlar y que no consigo sacarme de la cabeza.
Angustiado y con ganas de castigarla por marcharse sin decir ni una palabra, dejo el libro que estaba intentando leer para dejar de pensar en ella.
Cogí el teléfono y le envié un mensaje a Blake para pedirle noticias. No puedo dormir hasta saber que ha vuelto sana y salva a casa.
Yo: ¿Por qué tardan tanto?
Me respondió segundos después de enviar el mensaje. Al fijarme en las palabras de la pantalla, empiezo a sentir algo que nunca antes había sentido.
Celos.
Blake: Está con un chico.