Hoy te castigamos

1215 Words
NISHA Algo en mi interior me dice que llame a un Uber y me vaya a casa. Pero estoy tan frustrada s3xualmente que ni siquiera puedo pensar con claridad. Al salir del coche, ignoro mi instinto y sigo al chico al interior. Subimos en ascensor hasta su piso, caminamos por el pasillo y nos detenemos ante la puerta de su apartamento. Una vez que abre la puerta, no pierdo ni un segundo y le rodeo el cuello con los brazos y lo beso. No siento nada cuando lo beso. La sensación de sus labios sobre los míos no se parece en nada a cuando Blake me besaba. Apartando a Blake de mi mente, el desconocido y yo nos dirigimos hacia su sofá. Interrumpiendo el beso para recuperar el aliento, me quito la camiseta. La lencería roja que Blake me había hecho poner queda al descubierto, y los ojos azules del desconocido miran con avidez mi cuerpo. Sus ojos se posan en mis pechos y sus manos se extienden para acariciarlos. En cuanto me toca, el dolor insoportable entre mis muslos desaparece. —He cambiado de opinión—. Sacudiendo la cabeza, cogí mi camiseta, que había tirado al suelo cuando me la quité, y me la volví a poner. —Debería irme. —¿Por qué? ¿He hecho algo mal?—. Sus ojos azules se llenan de preocupación, la erecci0n en sus vaqueros sigue presionando contra mi muslo. —No, no es por ti. Simplemente no eres ellos. Me muerdo el labio, vuelvo a negar con la cabeza y me levanto. —Me voy. Lo siento. El desconocido se sienta erguido y se cubre el regazo con uno de los cojines azul oscuro del sofá. —¿No hay nada que pueda hacer para que cambies de opinión?—, dice con una sonrisa sugerente, tratando desesperadamente de hacerme cambiar de opinión. —Lo dudo—, respondo, dirigiéndome hacia la salida. Giro el pomo y abro la puerta, y me quedo sin aliento al ver a Blake delante de mí. —B-Blake—, balbuceo con los ojos muy abiertos. —¿Qué haces aquí? ¿Me ha seguido? Él mira al chico del sofá antes de volver a fijar sus ojos marrones en mí. Tiene el ceño fruncido por la ira y una expresión seria. —¿Te lo has tirado? —¿Es tu novio o algo así?—, pregunta el desconocido detrás de mí. —Vuelve a hablar y te pongo una bala en la cabeza—, amenaza Blake, sin apartar los ojos de mí. El chico no vuelve a decir ni una palabra. Estoy completamente perpleja, parada allí como un ciervo atrapado en los faros de un coche. Nunca había visto a Blake enojado. Lo cual me asusta un poco. Sus ojos son tan oscuros que parecen casi negros. —Responde a la pregunta, Nisha. ¿Te lo f0llaste o no?—. La agresividad evidente en su tono me recuerda a Sandro. —Solo nos besamos—, respondí finalmente. —Eso es todo. Me agarra del brazo, sin apretar, y me saca bruscamente del apartamento. Cierra la puerta de un portazo y empieza a empujarme hacia el ascensor. —Suéltame, Blake—, le exijo, liberando mi brazo de su agarre. Él soltó mi mano y se detuvo para mirarme con el ceño fruncido. —Creo que no entiendes cómo funciona esta relación. ¡Tú nos perteneces! Me burlé, cruzando los brazos. —Pues ustedes no actúan como si fuera así. —¡Quizás si dejaras de comportarte como una maldit4 mocosa, entonces te daríamos lo que quieres!—, gritó, sin importarle si despertaba a todo el edificio. —¿Perdón?—, fruncí el ceño. —Llevo un mes rogándoles que me f0llen, pero lo único que quieren hacer es jugar—. Pasé junto a él cuando se abrieron las puertas del ascensor, entré y me di la vuelta con los brazos aún cruzados. —Ya estoy harta de esperar, Blake. Él se subió al ascensor y se quedó a mi lado con los brazos cruzados, enfadado y frustrado. —Sé que estás frustrada, Nisha, pero... —No, no lo sabes—, le interrumpí. —No sabes lo que es desear tanto a alguien que tu corazón se acelera cuando se menciona su nombre. Que te quedas sin aliento cuando te mira a los ojos. Que tu cuerpo se enciende con un solo roce—. Suspirando, me pasé los dedos por el pelo. —Creo que quizá esto fue un error... Blake aprieta el botón de parada de emergencia del ascensor y me empuja contra la pared. Me sube las manos por encima de la cabeza y entrelaza sus dedos con los míos. Respirando con dificultad, me miró a los ojos. —No te atrevas a decirlo—, murmuró. —Y lo sé—, susurró. —Sé exactamente cómo te sientes—. Sus labios rozaron los míos mientras hablaba, nuestras frentes se besaron y nuestras narices se tocaron. —No tienes ni idea de cuántas veces he querido arrancarte la ropa y f0llarte como si fueras mi enemiga. —¿Y qué te lo impide? —Tú—, respondió. —Tú eres lo que me detiene. Eres impaciente y quieres hacer las cosas a tu manera, pero así no es como funciona esto. Y, con el debido respeto, tú nos perteneces. Tu pequeño y sexy cuerpo es nuestro para hacer lo que queramos, cuando queramos y como queramos. Así es como funciona esto. Alejándose de mí, pulsó el botón rojo del ascensor y las puertas se abrieron. Siguiéndolo hacia fuera, me detuve frente a él. —Tengo que tener algo de control en esta relación, Blake. —¿Quieres control? Entonces tendrás que ganártelo. Solo las chicas buenas obtienen recompensas, Nisha. Desde que mis hermanas y yo lo perdimos todo, el s3xo es el único momento en el que me siento en control. El mundo nos dio la espalda como consecuencia de los actos de mis padres y nos quitaron el control. Me quitaron el control. No puedo vivir ni conseguir trabajo en ningún sitio. Dondequiera que voy, me acuerdo de lo que he perdido. Tenía una buena vida. Tenía amigos. Tenía novios. Me aceptaron en la escuela de cocina, pero me la quitaron cuando se enteraron de lo que habían hecho mis padres. Se suponía que iba a ir a la universidad, y luego, con el tiempo, tener mi propia panadería, casarme y tener hijos algún día. Lo tenía todo bajo control. Y ahora que pertenezco s3xualmente a Blake y Sandro, ya ni siquiera tengo control en el dormitorio. Lo cual me resultaría excitante si no fuera porque yo también soy un poco dominante. Pero lo voy a intentar de todos modos. Voy a intentar ser una buena chica para ellos. —Sandro estará enfadado, ¿no? —pregunté, cambiando de tema. —Sí. Prepárate para que te castiguen cuando lleguemos a casa. Sus palabras me hicieron levantar las cejas. —¿Castigada? ¿De qué manera? —Ya lo descubrirás pronto, cariño—, dijo, subiéndose al coche y dejándome preguntándome qué tipo de castigo me espera de Sandro cuando vuelva a casa.
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