NISHA
Cuando Blake me dijo que él y Sandro me iban a llevar a un elegante restaurante de cinco estrellas, no perdí tiempo en prepararme. Tardé una hora en encontrar un vestido que ponerme y unas dos horas en perfeccionar mi look.
—Estás preciosa—, dijo Flavia mientras me veía recogerme el pelo en un moño rizado. Dejé dos mechones sueltos a ambos lados de la cara.
—Gracias, mariquita.
—No puedo creer que vayas a salir con los dos. ¿No te parece un poco raro?—, preguntó Salem, sentada en el borde de la bañera con Flavia a su lado.
—Lo hacen todo el tiempo en las series que hemos visto—, le dije, realzando mi escote frente al espejo.
—Sí, pero la chica suele acabar con un solo chico, no con dos.
Suspiré y me aparté del espejo para mirar a mi hermana. Quiero decirle que no pasa nada por querer a los dos, pero yo no los quiero. Solo quiero f0llar con ellos.
—Solo me estoy divirtiendo un poco, Salem. No hay nada de malo en eso, ¿verdad?
Ella se encoge de hombros.
—No lo sé. Yo no me acuesto con dos chicos al mismo tiempo.
Me sonrojo.
—No me acuesto con ellos. Al menos, todavía no.
Salem resopla, cruza los brazos sobre el pecho y niega con la cabeza como una madre decepcionada con su hijo por traer a casa un mal boletín de notas.
—Diviértete con eso—, murmura, levantándose. —Vamos, Flavia. Vamos a ver qué están haciendo Tyla y Margaret.
Sabía que Salem no estaba muy contenta con que yo saliera con dos chicos, pero ella no sabe nada del contrato. Tampoco sabe que fue mi decisión involucrarme con ellos.
Y solo porque tenga una relación poliamorosa con Sandro y Blake no significa que me haya olvidado de ellas. Todo el dinero que he ganado trabajando para Sandro en su empresa se destinará a un nuevo apartamento para nosotras. Ese ha sido el objetivo desde el principio.
Además, esto no es para siempre. Lo dejé claro desde el principio. Mis hermanas son lo primero. Por muy bueno que sea vivir en una casa bonita con dos hombres atractivos que quieren acostarse contigo.
Después de hacer esperar a los chicos en el vestíbulo durante casi treinta minutos y de oír a Sandro amenazar con irse sin mí, por fin bajo las escaleras.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro cuando veo que sus ojos recorren mi cuerpo casi de inmediato. El vestido rojo vino que llevo puesto es bastante sencillo, pero cumple su función. Es corto y ajustado, y sé que volverá locos a Sandro y Blake.
Me siento confiada con cada sensual paso que doy por las escaleras. El momento dura poco, ya que la realidad me devuelve a la humildad cuando pierdo el equilibrio en el último escalón con mis tacones de aguja rojos y caigo hacia delante.
Espero caerme de bruces, pero en cambio un par de manos firmes me sujetan por las caderas y mi cara se apoya en el duro pecho de Sandro.
Respirando su colonia, inclino la cabeza hacia arriba para mirar sus ojos azules.
—Gracias.
—No pasa nada. Ten más cuidado la próxima vez.
Se aleja de mí, dejando un espacio tan frío como su actitud. Cuando me da la espalda, le hago un gesto obsceno y le saco la lengua.
Blake, que lo había visto todo, se rió y me rodeó la cintura con el brazo.
—Vamos, torpe.
Al salir, Blake me guía hasta una limusina donde un señor mayor vestido con un traje tradicional blanco y n***o está de pie frente a la puerta del asiento del copiloto.
Le sonreí educadamente y le saludé con la mano, sorprendida de que fuéramos al restaurante en limusina. No recuerdo la última vez que me subí a una de estas cosas. ¿Quizás en el baile de graduación? Quién sabe.
El chófer se agarra el ala del sombrero e inclina la cabeza en señal de saludo. Se abre la puerta del asiento trasero y el chófer mira al frente y se queda de pie mientras yo me siento en el coche.
Después de darle las gracias, los chicos me siguieron y se sentaron en los asientos de enfrente. Se sentaron con las piernas ligeramente separadas, Sandro mirando por la ventana y Blake sonriéndome.
Los dos son completamente opuestos. Blake siempre tiene una sonrisa en la cara, como si tuviera un arcoíris flotando sobre su cabeza. Sandro, en cambio, nunca sonríe, como si tuviera una nube oscura y sombría sobre su cabeza.
Incluso visten de forma diferente. Sandro lleva un traje de tres piezas completamente n***o que me recuerda mucho a los años cincuenta o sesenta.
Blake, por su parte, lleva una camisa blanca, corbata negra y pantalones, junto con una chaqueta de cuero negra. Lo que me recuerda un poco a los años noventa.
Ambos tienen su propio estilo y personalidad, que es lo que me atrajo de ellos en primer lugar. A pesar de sus diferencias, hacen buena pareja. Tan buena, que me sorprendió cuando me dijeron que nunca habían tenido relaciones s3xuales entre ellos. Parecen tan cercanos el uno al otro que simplemente supuse que eso era lo que les gustaba.
Aparte de intercambiar un par de palabras con Blake, el trayecto hasta el restaurante fue silencioso. Afortunadamente, el viaje fue corto, así que no tuve que soportar esa incomodidad durante mucho tiempo.
No pensé que Sandro fuera a mirarme hasta que finalmente giró la cabeza y me dio una palmadita en el regazo.
—Ven aquí—. Confundida pero curiosa, me acerqué a su lado de la limusina y me senté en su regazo. —Abre las piernas—, me ordenó.
No dudé ni un segundo y abrí las piernas al oír el sonido grave de su voz ronca. Metió la mano en el bolsillo de su chaleco y sacó un pequeño juguete s3xual con forma de huev0 de color azul cerúleo.
—Ábrelo.
No estaba segura de lo que iba a hacer, pero lo acepté de todos modos porque era la mayor atención s3xual que Sandro me había prestado nunca, aparte de cuando me había dado unos azotes.
Me introdujo el pequeño huevo azul en la boca y retiró lentamente el juguete cubierto de saliva de entre mis labios.
—¿Qué vas a hacer con eso?
—Ya lo verás—, murmuró, utilizando su otra mano para meterla bajo mi vestido y apartar mis bragas. Soltó la mano que sostenía el juguete s3xual y rodeó mi clít0ris varias veces antes de introducirlo en mi v4gina.
Jadeé suavemente, sorprendida por la sensación invasiva. El huev0 se deslizó con bastante facilidad, ya que mi v4gina estaba húmeda desde que Sandro me había frotado el sensible botón con el juguete.
—¿Qué hace?
—Pronto lo descubrirás, cariño—. Sonrió, un gesto encantador a pesar de lo oscuros que se habían vuelto sus ojos. —Si consigues aguantar toda la cena sin correrte, te daremos esta noche para que hagas lo que quieras con nosotros.
Me animé y me moví en el regazo de Sandro. Él gimió suavemente, un sonido tan bajo que casi no lo oí. La creciente erecci0n que presionaba contra mi cul0 me hizo sonreír.
—¿Crees que podrás aguantar, cariño?
Asentí con la cabeza, y el chófer abrió la puerta justo cuando iba a alcanzar la manilla. Le di las gracias por su caballerosidad y me aseguré de rozar el regazo de Sandro con mi trasero al levantarme y salir del vehículo.
Alisándome el vestido hasta los muslos, esperé a que Sandro y Blake salieran del coche para poder enlazar mis brazos con los suyos.
Blake me miró con expresión curiosa en su hermoso rostro.
—Estás sorprendentemente tranquila. Dime, ¿a qué se debe?
—Se necesita mucho más que un juguete s3xual para hacerme llegar al orgasmo.
—¿Ah, sí?—, preguntó Blake, intrigado.
—Sí. Ahora vamos—, dije, empujándolos hacia el restaurante. —Me muero de hambre.
Está claro que están intentando vengarse por todo lo que les he hecho pasar últimamente. Y aunque es inteligente, nunca funcionará.
No me derrumbo fácilmente.