Te daremos de tu propia medicina

1341 Words
SANDRO Nisha parece haberse propuesto demostrar lo malcriada que es. Han pasado días desde que se m4sturbó delante de nosotros en el asiento trasero del coche de Blake. Sus travesuras no han hecho más que aumentar desde entonces. Ha empezado a llevar cada vez menos ropa en casa, provocándonos con sus pantalones cortos y sus camisetas ajustadas. Blake le ha pedido varias veces que lo acompañe al sótano, pero ella se niega, decidida a provocarnos hasta que esté satisfecha. Blake y yo nos hemos visto obligados a recurrir al auto placer hasta que Nisha decida que está lista para dejar de torturarnos. Sé que es culpa mía que ella actúe así. Blake me lo recuerda cada segundo de cada día. Cuando me desperté temprano a la mañana siguiente con una erecci0n matutina que tenía mucho que ver con el sueño que había tenido sobre Nisha la noche anterior, me dirigí al baño para deshacerme de ella, como hago casi todas las mañanas. Me detuve en la entrada cuando vi que la luz estaba encendida y oí que la ducha estaba abierta. Al entrar en el cuarto de baño, casi me corro en los calzoncillos cuando veo a Nisha mojada y desnuda en mi ducha. No tiene permiso para entrar en mi dormitorio, mi baño ni mi despacho, y ella lo sabe. Y, sin embargo, ahí está, debajo de mi ducha, cubierta de espuma de jabón. Incluso se atreve a usar mi gel de baño. Furioso, me acerco al cristal y abro la puerta. —Sal de mi ducha —, le gruño. Ella, que estaba de espaldas, se gira hacia mí y simplemente dice: —No. —Nisha, no juegues conmigo. Mis ojos se posan en sus pez0nes rosados y luego bajan hasta su v4gina sin vello. De repente, se me seca la boca, así que trago saliva. Cuando vuelvo a levantar la vista, sus ojos color miel ya no están fijos en mí. En cambio, están mirando fijamente la erecci0n en mis calzoncillos. —Podría ayudarte con eso—, dice mordiéndose el labio de forma seductora, con la emoción brillando en sus ojos. Me siento tentado. Muy tentado. La idea de sus dedos rodeando mi p0lla me recuerda lo incómoda que es esta erecci0n matutina. De pie frente a ella, considero su oferta. Estaría rompiendo las reglas si hiciéramos algo fuera del sótano. Y luego está el tema de Blake. Hicimos un trato. Cada chica con la que f0llamos juntos, él podría tenerla primero. Además, me excita contenerme. Yo puedo esperar. Él no. Así ha sido siempre. Así que, en lugar de ceder a mis deseos, cierro la puerta y le susurro que se dé prisa, antes de volver a mi dormitorio. El dolor agudo en mis testícul0s me grita por lo tonto que soy al dejar pasar la oportunidad de tener por fin a Nisha. Sé que eso me llevará a arrepentirme hasta que me coma vivo. Pero las reglas son las reglas, y no tengo intención de romperlas nunca. * —J0der—, gime Blake, lo que me hace girar la cabeza y ver a Nisha entrando en la cocina con una de mis camisas blancas y nada más que una tanga negra de encaje debajo. Su cabello aún está mojado por la ducha, humedeciendo la tela de algodón y dejando al descubierto sus pez0nes erectos. Mi ropa es bastante cara y no debería usarla para cualquier juego que esté planeando. —Te sugiero que te cambies... —¿O qué?—, me desafía, con sus labios redondos curvándose en una sonrisa pícara. Aprieto con fuerza la taza de café, blanqueándome los nudillos mientras ella se acerca. Se inclina sobre la mesa y coge una uva del plato de Blake. Su embriagador aroma se infiltra en mis sentidos y vuelvo a excitarme. Mis ojos recorren instintivamente su pequeño y sexy cuerpo, la camisa se levanta lo suficiente como para que pueda ver mejor la fina tela de la ropa interior de encaje que deja al descubierto su cul0 redondo y desnudo. Aprieto mi mano libre, luchando contra el impulso de darle una palmada o agarrar una de sus nalgas ligeramente bronceadas. —No me tientes—, gruño, obligándome a mirarla a los ojos en lugar de fijarme en cómo sus pez0nes se marcan contra mi camisa. Admito que disfruto mucho viéndola con mi ropa. Las imágenes de mí f0llándomela con mi camisa me hacen carraspear y esperar que la mocosa no se dé cuenta de lo mucho que me afectan sus juegos infantiles. Me niego a dejar que me doblegue. Al menos, no hasta que yo haya conseguido doblegarla primero. Consigo dirigir mi mirada hacia Blake, que la observa con la boca abierta. Sin duda, está excitado, con sus ojos oscuros observando cómo la lengua de nuestra chica gira alrededor de la uva en su boca como si fuera la punta de nuestra p0lla. El bostezo de una niña pequeña nos saca de nuestro trance, y Nisha se endereza para saludar a su hermana pequeña. La niña todavía está medio dormida mientras entra aturdida en el comedor. —Buenos días, osita Flavia—, la saluda Blake, intentando ocultar el dolor de sus ojos con una sonrisa. Nisha ha tenido un éxito insoportable al provocarnos y Blake está llegando a su límite. Si Nisha sigue rechazando su invitación a bajar al sótano, es posible que rompa las reglas y se la f0lle donde y cuando pueda. Aunque estoy seguro de que a ella le gustaría. Parece que le divierte hacernos perder el control, la pequeña z0rra tentadora. La única razón por la que Blake ha aguantado tanto tiempo es porque sabe que yo no me la f0llaré a menos que se someta completamente a mí. Y si yo no me la f0llo, él tampoco podrá hacerlo. Lo cual no sería divertido para ninguno de los dos. Estoy seguro de que él está tan cansado de f0llarse la mano como yo. —¿Dónde está Salem?—, murmura somnolienta, dejando que su hermana mayor le prepare un plato con los alimentos del desayuno que Tyla y Margaret terminaron de preparar hace media hora. —Se fue al trabajo hace una hora—, le dice Nisha, tirando del dobladillo de mi camisa para intentar cubrirse lo mejor que puede. Se sienta a la mesa y cruza los brazos sobre el pecho. La acción me divierte, y una sonrisa se dibuja en mis labios al verla intentar parecer tan inocente y modesta. Mi teléfono suena en mi bolsillo. Meto la mano en el bolsillo de mis pantalones, saco el teléfono y echo un vistazo al mensaje que acaba de llegar. Cuando me doy cuenta de que es de Blake, pongo los ojos en blanco. Estamos sentados uno al lado del otro y, sin embargo, él sigue sintiendo la necesidad de enviarme mensajes como si, en su calidad de guardaespaldas, no estuviera constantemente pegado a mí como un gemelo siamés. Blake: ¿Ves a esta pequeña traviesa intentando actuar como si no acabara de ponernos la p0lla dura a propósito hace unos segundos? Mi teléfono suena con otro mensaje antes de que pueda responder, Blake está llenando mi bandeja de entrada con un montón de emojis de berenjenas moradas. Es un j0dido infantil. Yo: Sí. Blake: ¿Qué hacemos con el comportamiento malcriado de nuestra chica? Yo: Yo digo que le demos una dosis de su propia medicina. Blake: ¡Por fin! Supongo que tienes un plan en mente. Yo: Sí. Vamos a llevarla a cenar. Blake: ¿Como una cita? Otra serie de emojis inundan mi bandeja de entrada, solo que esta vez es con el emoji amarillo de la cara pensativa. Yo: Sí. Guardo el teléfono en el bolsillo y levanto la vista para ver a Blake con cara de desconcierto. Una sonrisa pícara se dibuja lentamente en mi rostro mientras observo a Nisha comer y conversar alegremente con su hermana pequeña. La mocosa no tiene ni idea del infierno que acaba de desatar.
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