El amanecer no lo tomó por sorpresa, sino todo lo contrario. Esperaba con ansias que el día despuntara de una vez para saber lo que deparaba, después de la horrible noche que pasó a solas. Elías no lo llamó y su teléfono lo envió al buzón desde muy temprano. Pudo haber ido al hospital y corroborar la versión de Livia, pero si se presentaba, podía poner en riesgo su plan y no era lo que necesitaba en ese momento. Se miró al espejo para acomodar la corbata con rombos azules que su tía Viviana les obsequió a él y a su padre, la última Navidad que estuvieron juntos y suspiró antes de salir de su casa. El conductor le entregó el periódico al abordar el auto, como cada mañana, y sonrió al leer el titular que le abría paso a una fotografía suya hablando con Livia fuera del restaurante marroqu

