Cuando llegaron, Harlet se quedó en la cocina y puso la pava para tomar té. Notaba que Dilara estaba molesta porque se ponía así cuando ella solía ser pesada por hacerle muchos mimos o bromas, como la que le hizo en la casa, sabiendo que se había asustado antes.
Su novia pasó derecho hacía la habitación que era suya cuando vivía ahí o volvía en el verano y ahora estaban compartiendo.
Y apenas terminó de hacer los té, fue con ella, entrando sigilosamente.
Cuando alguien se molestaba con ella o le caía mal a alguien, no sabía cómo reaccionar. Se volvía como un bambi asustado y hacía cuidadosamente todo lo que concierne a esa persona. Era exactamente como estaba ahora.
Dejó las tazas lentamente sobre la mesa de luz y se acercó a ella.
—Perdón —murmuró, haciendo un puchero ridículo y exagerado con sus labios.
Dilara casi la miró con los ojos entrecerrados. Y como Harlet a veces no entiende las advertencias para que no se acerque, lo hizo igual, la abrazó, no tirándose encima de ella en la cama pero casi. Y rozando sus labios con su cuello, le hizo cosquillas, que apenas le hicieron sonreír por el humor que tenía.
—Perdón, sé que fui muy bruta al asustarte así —susurró contra su piel, dejando un beso en su cuello.
Deslizó sus dedos por su muslo, apoyando su otro brazo sobre la cama y así tomando distancia de ella. Bajo la mirada a su pierna y de frente no tenía nada más que tierra en las rodillas, como se había lastimado al querer salir, la herida estaba por detrás.
Y eso fue lo que le dijo en ese momento, haciéndola sonrojar mientras le sacudía la tierra que tenía sobre las rodillas. Y después la tiraba de la cama, antes de acostarse con ella.
Se conocían desde hace varios años, empezaron la facultad el mismo año y cursaron varias materias juntas. Se dedicaban miradas a diario durante clase pero no hablaban. Harlet era extrovertida y tenía varios grupos desde que comenzó la facultad, cuando apenas la conoces es un poco callada pero llega un momento que no puedes hacer que pare de hablar. En muchas clases, se la pasaba afuera del edificio con su grupo de amigos o amigas.
Por otro lado, Dilara no era tímida pero sí introvertida con su grupo y no se hablaba con mucha gente por fuera de él. Tenía tres amigas, que fueron sus únicas personas cercanas en la facultad por un tiempo.
La primera vez que hablaron fue por una amiga en común, que era Sharon, Harlet la conoció en una feria en la que estuvieron al lado una de la otra y resultó ser del grupo de amigas de Dilara. Así que en ese evento terminaron juntas, tomando una cerveza las tres con un amigo de Sharon. Se habían sentido atraídas al instante y la una a la otra se parecieron divertidas y simpáticas.
Después de ese día, en las clases que compartían, no habían hablado, solo se saludaban si pasaban frente a la otra, pero ambas se sonrojaban cada vez. Hasta que un día rindieron un examen final juntas, estaban sentadas a metros de distancia. Se habían saludado antes de sentarse, pero Dilara actuara raro, como si quisiera hablarle, hasta que lo hizo.
—Te mandé un mensaje. —le dijo, hablando rápido casi que no se la entendía.
—¿Sí? —murmuró Harlet, su ceño fruncido. —¿Por donde?
—Por f*******:, vi que publicaste en el grupo de historia sobre cómo era el examen y te mandé algunas preguntas.
—Oh, perdón, no lo ví. Casi no entro a f*******:.
Dilara se encogió de hombros y aunque faltaban unos minutos para que les tomaran un examen, se pusieron a hablar de otras cosas. Sobre las fiestas a las que iban, con quienes se juntaban de la universidad y hasta sus tiendas favoritas. A Harlet apenas le fue bien en el examen, Dilara se olvidó todo lo que tenía que decir cuando entró al aula y vio los tres profesores sentados. Caminaron juntas un par de cuadras al irse después y con la excusa de mostrar la manera de dibujar de cada una, se siguieron en i********:.
Un par de semanas después, quedaron en verse. No quedaba duda de que se atraían y que sería una cita. Durante ese tiempo, se venían respondiendo historias una a la otra en i********:, con reacciones tontas como fueguitos y emojis de ojos de corazón, sin más que eso, solo hablaron escribiéndose unos días antes de quedar en verse.
Su primera cita fue rara pero no dejó de ser linda por eso. Dilara estaba tan nerviosa que no dejó de hablar durante horas, haciéndole algunas preguntas a Harlet, las cuales respondía, reía y volvía a dejar que la castaña hablé. Le contó por qué eligió la carrera y anécdotas de secundaria y aventuras con sus amigas, le gustó escucharla y lo hizo con atención. La chica que parecía callada e introvertida, de repente hablaba hasta los codos.
En un momento, cuando Harlet asimilo que Dilara ya no tenía más que contarle, se puso a mostrarle sus ilustraciones en proceso, algo que ninguna de las dos puede recordar porque llegaron a ello pero cuando quedaron las dos frente a la computadora, comenzaron a besarse.
Era de madrugada para entonces, porque se juntaron a cenar pero después de tanta charla se hicieron las cuatro de la mañana. De fondo se escuchaba el bullicio de personas hablando, que seguro salían de bares o fiestas. Era pleno invierno por lo que afuera hacía frío, las ventanas del departamento estaban ligeramente empañadas por el calefactor.
Ellas estaban cálidas con un beso tímido pero que no dejaba de ser apasionado por eso.
Cuando hablaban de su primera cita, siempre les costaba recordar porque Dilara les mostraba sus ilustraciones repentinamente, cuando apenas compartía lo que hacía en sus redes, o cómo habían llegado a eso, pero Harlet le encantaba decirle que por más tímida que fuera, no le costó mucho interrumpirle un comentario que ella estaba haciendo con un beso, ni invitarla a su habitación después de eso.
Tuvieron sexo y como en muchas citas no fue el mejor, pero la confianza que tuvieron sin haber hablado tanto antes o pasado tiempo juntas fue increible. Durmieron abrazadas en cucharita, fue la noche que descubrieron sus posiciones favoritas para dormir; Harlet era la cuchara grande, Dilara la pequeña, se sonreía dormida acurrucando su cola hacia atrás.
Por la mañana, Harlet le contó un sueño que tuvo bastante, surrealista y absurdo con compañeras de la facultad de ambas, mientras dormía cuando todavía estaban desnudas en su cama. Un poco apretadas porque tenía una cama de una plaza.
Más tarde cuando se estaban vistiendo, Dilara tímidamente la invitó a desayunar, Harlet le sonrió divertida por el cambio con la noche anterior.
Tomaron un café en la cocina, que preparó Dilara en la cocina, Harlet quedó sorprendida por la cafetera que tenía. Era una amante del café así que con el tema era fácil de sorprender. Se sentaron en la pequeña mesa de la cocina, a Harlet le gustaba el café amargo y era una gran defensora de su sabor, así que imaginen como quedó de petrificada cuando Dilara le puso seis cucharadas de azúcar a su taza.
Se quedó mirándola con el ceño fruncido por unos segundos después.
—¿Qué? —casi susurró Dilara, sus mejillas volviéndose sonrojadas.
—¿No crees que tu café pasó a ser una taza de azúcar? —Se rió.
—Oh, ¿quieres ponerle azúcar al tuyo?
—No, no —negó también con la cabeza, su tono ligeramente ofendido. —Solo me sorprende la cantidad de azúcar que le pones.
Volvió a reír y Dilara se puso tímida solo por un segundo más antes de que se pusieran a charlar, picando granola de un plato que estaba en medio de la mesa. Su primer cita no duró más que eso, el poco tiempo no la hizo menos especial.