Vivi caminó hacia el parque, pensando que allí sería más fácil conseguir un taxi. Tenía frío. Eran casi las once de la noche y le esperaban tres horas de caminata. No le preocupaba la distancia; era joven y estaba en buena forma para caminar, pero la lluvia era como agujas en su piel. Al menos no tenía que preocuparse de que la gente viera sus lágrimas. Las dejó caer mientras se dirigía hacia el norte. Al final, su cuerpo se entumeció, y fue un alivio; aunque seguía temblando y le castañeteaban los dientes, ya no sentía los brazos ni las piernas mientras caminaba con dificultad por la calle. Mientras la pobre Vivi caminaba sintiendo lástima por sí misma, en el club se desataba el caos. Louis había regresado y se había encontrado a Tamara sentada a la mesa, sin Vivi por ninguna parte, au

