El viernes fue otro día ventoso, con un cielo gris y amenazante que presagiaba lluvia inminente, y Teo y Vivi se dieron el lujo de tomar un taxi hasta el club donde él iba a actuar. Vivi llevaba un top lavanda estilo bata con brillos por todas partes y vaqueros elásticos con cintura elástica, y parecía una princesa pelirroja de cuento de hadas, cinco meses después de un pequeño desliz. Teo le había silbado cuando ella salió de su dormitorio, haciéndola sonreír. —Vaya, cariño, estás increíble. Nadie se fijará en mí en el escenario cuando te vean a ti—, dijo, atrayéndola hacia él para darle un abrazo muy agradable. —Teo, para, nos estás haciendo sentir muy incómodos al bebé y a mí—, protestó ella riendo. —Esos vaqueros son muy sexys, señorita —, respondió él. —Deja de burlarte de estos

