Capítulo 5

2534 Words
MARKUS –Te veo mañana– me gritó aquella chica rubia. La observé caminar hasta que desapareció doblando una esquina. Cogí mi maletín y me lo puse al hombro. Era la segunda semana que acudía a clase. Era extraño estar a mi edad en un salón; no donde tienes que estudiar historia y cosas así. No, más bien era un estudio de pintura. Un día mientras recorría las calles de esta ciudad vi un anunció acerca de un taller de pintura, ya había iniciado hace una semana, pero aún quedaba unas tres vacantes. Si bien es cierto, mi idea principal eran vacaciones, pero quería algo en que entretenerme, a parte de la bebida, claro. Cuando llegué todas las miradas se posaron en mí y por primera vez sentí vergüenza al llegar a un lugar. Sin embargo, Laura. Había sido completamente amable. Ella era canadiense, pero se había mudado aquí por su pareja. Además, era maestra de kínder. Me había dado la bienvenida; en verdad todos lo hicieron, pero ella me cayó mejor. Aunque cabe mencionar que también me hice amigo de dos tíos: Arthur y Tom. Todos éramos apasionados a la pintura, en el taller eran algo de treinta. Algunos dedicados a la pintura cien por cien y otros como su pasatiempo preferido. Decidí caminar de vuelta al hotel. Mientras pasaba por algunas tiendas, ya cerca del hotel mis ojos se desviaron a una joyería. Exactamente a una pieza en especial. Crucé la calle y desde fuera del ventanal observé el anillo de compromiso, estaba bañado en oro rosa, era un círculo de unas flores que se juntaban entre sí, con un diamante o lo que sea que llevaba. Me quedé observándolo por un segundo. El color del oro rosa combinaría de maravilla con la tez que tenía Gabriela. Entré en el local e inmediatamente una jovencita se acercó hasta donde me encontraba, me miró sonriente y pregunté por ese. No quería pensar en el hecho de que no tenía a quien dárselo o que por más que quisiese no podía dárselo a quien tenía en mente. Descarté todo tipo de pensamiento doloroso y solo me centré en escucharla. –Tenemos tres tonos de oro, el dorado, rosa y plata. Usted elige si quiere diamantes o zafiros. Claro está que el precio se elevará un poco. –Quiero ese– volví a indicar hacía el anillo rosa. La dependienta asintió y se acercó a sacarlo. Caminé hasta la barra, firme algunos documentos y vi como lo examinaban y me mostraban que efectivamente tenían zafiros y más cosas. –¿Irá a pedir la mano, joven? – preguntó un segundo después. La miré unos segundos y asentí. Ladeó la cabeza y me miró sonriente. –Suerte– dijo tendiéndome la cajita. Asentí guardándolo en el maletín y salí del lugar. El aire de la realidad volvió y comprendí que aquella compra me haría derramar lágrimas por algo que pudo pasar…, y me arrebataron. Cuando llegué al hotel divisé en toda la instancia. Hace semanas no veía a la chica pelirroja por ningún lado. No sabía si seguía en el hotel o ya se había ido. Y tampoco es que me importase. Cuando llegué a mi habitación me tumbe en la cama con el anillo entre mis dedos, lo observé unos segundos recordando el preciso momento en el cual le pedí que se casara conmigo. Precisamente cuando iba a caer nuevamente en el oscuro dolor, mi móvil empezó a sonar. Cerré los ojos un segundo y estiré mi brazo para cogerlo. Era Maya, la llamada le iba a costar. –Hey– fue lo único que dije en forma de saludo. –Hola, Mark– respondió Maya con la voz apagada. Fruncí el ceño esperando a que dijere algo, pero nada. –¿Maya? – pregunté– ¿Qué pasa? Escuché como soltaba un resoplido. –Papá quiere que vuelvas, las cosas en la empresa no están yendo nada bien. El ambiente es tenso, no comprenden la razón, necesitan que vuelvas. –¿Les contaste sobre lo que hablamos? –hace unos días le había contado a Maya la idea de no volver a la empresa. Solo rogaba que no lo haya comentado aún. –No, claro que no. No voy a mentir que lo pensé, pero no podía hacerte eso– se apresuró a responder. –No puedo volver, aún no. –Lo sé Markus, pero hay mucha gente que te necesita. Nova necesita a su papá, siempre balbucea sobre su papá. Volví a cerrar los ojos. j***r. –Lo pensaré, solo dame una semana más. –Piénsalo, Mark– no esperó a que le respondiese y finalizó la llamada. Revisé la hora, las siete. No tenía fuerzas de salir, pero bueno. No pensaba cenar en mi habitación, puede que sea el último día aquí. No lo iba a pasar encerrado. Así que me di una ducha rápida y bajé hasta el restaurante. Mientras buscaba un lugar donde sentarme pude ver, después de días a Adaline. Estaba sentada al fondo del lugar. Llevaba consigo su Tablet y unos cuantos papeles. Para desgracia mía la única mesa desocupada estaba cerca a la suya. Esperé unos minutos a que alguien más se vaya del lugar, pero no pasó. Así que al final tuve que sentarme en la mesa contigua. Pedí algo ligero y mientras volvía a revisar la estancia. Habló. –Markus…– me llamó. Cerré los ojos queriendo largarme de allí. Pero me giré y la observé. Llevaba unas ojeras muy marcadas, su cabello estaba en una coleta, pero una despeinada. –Adaline…– copié el tono en que me había llamado. Sin previo aviso se levantó de su silla y se sentó en la que estaba frente a la mía. Puso sus papeles sobre la mesa y me miró unos segundos. –Tengo algo– dijo mirándome fijamente. Pude notar que sus mejillas estaban levemente rosadas. Algunas de las pecas que tenía sobre estas sobresalían en gran manera. No la había tenido tan de cerca como ahora o quizás no me había fijado lo suficiente en ella. –Yo también tengo algo– dije haciendo una pausa mientras me acomodaba en la silla–. Hambre. Indiqué sin mirarla, pero con la vista al frente. El lugar estaba lleno de gente con vestimenta elegante. Eso hizo que me fijara en mi atuendo, bueno tampoco es que haya bajado con traje y eso. Pero me sentía cómodo. –Lo he notado, por esa razón estás aquí. No soy idiota– respondió haciendo un leve levantamiento de cejas. Bien, estaba a la defensiva. –Entonces…, ¿por qué me interrumpes? – pregunté ahora si mirándola a los ojos. Los cerró unos segundos y vi que contaba hasta cinco y luego volvía abrir sus ojos para sonreírme; pero una sonrisa falsa. –Haré como si nunca dijiste esto– dijo y en ese instante el mesero llegó con mi comida. Dejé de prestarle atención y me centré en lo que estaban poniendo sobre mi mesa. Cuando el joven ese se fue, empecé a picar la carne. –¿Y bien? – pregunté al notar que Adaline se quedaba callada. –Pensé que no te importaba– me dijo mirando exactamente a la mesa. –Lo que quieres hacer o investigar tiene relación con la mujer que amo. Definitivamente me importa– dije una vez que pasé el bocado de carne. La miré y asintió. Se acomodó en la silla, inclinándose sobre la mesa mientras buscaba en esos papeles. ahora que los tenía cerca pude ver que eran noticias. De Gabriela. –Se que New York, no es mi jurisdicción. Pero como te dije, tengo contactos. Detesto pedir ayuda a mi padre, pero tuve que hacerlo– comentaba mientras escogía dos hojas. –¿Tu padre? – pregunté. Nada más mencionar la palabra se detuvo y levantó su mirada. –Sí, mi padre. –¿Quién es o por qué puede tener acceso a esto? – ahora si me interesaba saber un poco más. Adaline soltó un resoplido y volvió a recostarse en el respaldar de la silla. Se cruzó de brazos y empezó hablar. –Mi padre es teniente en los ángeles. Siempre me había menospreciado por ser mujer, él pensaba que me gustaría el modelaje. Pero lo sorprendí cuando me presenté a la academia de policía y pasé todas las pruebas; tanto físicas como psicológicas. He de admitir que ser detective fue un golpazo a su ego varonil. Arquee una ceja ante lo que me contaba. –¿Qué? – preguntó haciendo una mueca con sus labios– El machismo aún existe, y puede estar en tu propia casa. –Eso lo sé. Ahora déjame unir los cabos. ¿Le pediste a tu padre que pida a otra jurisdicción un informe que no le corresponde? – pregunté y ella asintió. –Tiene sus ventajas. Digamos que no sabe mucho, pero bueno, al final me convertí en su preferida; al seguir sus pasos y obedeció ante mi petición. Negué con la cabeza y cogí mi copa con vino. Le di un trago y volví a mirarla. –Prosigue. –Pues veraz. El informe es tan, pero tan pobre que hasta me ofendí. Creo que te lo dije hace días. Me pasé horas analizando todo: las fotografías de los hechos, el informe médico, las tarjetas con las amenazas, y el informe acerca de una caja que recibieron en su casa. –¿Encontraste algo? –Sí, una huella. Lamento decirte, amigo. Que había un topo dentro de la policía. El informe dactilar muestra una coincidencia– se llevó las manos a la cabeza y ajustó su coleta. Fruncí el ceño. El primer nombre que se me vino a la mente fue de Valeria, ¿quién más? Esperé que continuase, pero solo me miraba, como si yo sabría de quien se trata. –¿Piensas decírmelo o no? – pregunté después. De pronto se me había ido el apetito y puse a un lado mi plato. –¿Ni siquiera lo sospechas? – preguntó abriendo los ojos. Negué– Madre mía, es alguien de tu circulo. He de admitir que la huella fue por error, había sido cuidadosamente puesta, pero al parecer solo hubo una. ¿Alguien de mi circulo? Podría ser Alessia, j***r. ¿Ella también estaba en eso? De pronto la importancia a todo ese episodio de mi vida volvía. –Alessia– articulé y Adaline negó con la cabeza. –Será mejor que no lo sepas. Quiero seguir indagando. Ahora, eso es el primer punto. Vamos al segundo, Miller, el esquizofrénico. Fue inducido al odio que tenía hacia ustedes. Déjame decirte que la técnica que aplicaron es compleja, y no debería hacerse, pero se hizo y funcionó a la perfección. –¿Hay algo en eso que ya no sepa? – pregunté interrumpiéndola. –Vale, solo que no deja de sorprenderme– dijo en su defensa–. Como sabes algunos de los tiradores fueron capturados y puestos a declaración, pero nadie lo hizo. Era como si existiese alguien o algo super fuerte, que les tenían amenazados. Si hablaban, les podría pasar algo o no sé. Pero es obvio que están chantajeados… La miré arqueando una ceja. Porque tristemente todo lo que me decía ya lo sabía, a excepción de la huella. –Vale, ¡Se que eso también lo sabes! Ahora, vamos al punto final– dijo sacando otras hojas–. En el preciso momento en el cual sucede la explosión…, hubo otro coche saliendo de este ex casino. En las cámaras de seguridad se ve. Para desgracia nuestra no se ven rostros, pero claramente se nota que sale de ese local. Lo que me lleva a decir que todo el show, del tiroteo, y la explosión, solo fue una distracción amigo. La miré sin pestañar por unos segundos. No sabía si estaba procesando lo que me decía o solo estaba recordando. En ese instante miles de momentos penosos acudieron a mi mente. Gabriela llegando a la empresa por primera vez, ella llegando con mi traje, quitándome la taza con café que llevaba sal, sus mejillas ruborizadas cuando encontré su vibrador, ella diciéndome te quiero, sonriéndome, abrazándome, gritándole a su padre que me elegía, que seriamos padres, ella con Nova en brazos, Gabriela dándome el sí. Pero luego acudieron los últimos momentos: ella llorando con una pistola en su cien, su mirada triste, aterrada y cansada. Todos esos momentos pasaron como una película en unos cinco segundos. Cada uno de esos momentos empezaron a subir por mi cuerpo, a envolverme y llevarme al hueco oscuro donde me había sumergido después de su muerte. Después de haberla llorado noches seguidas, después de haber ido ante su tumba y gritarle al cielo que la amaba. Que me horrorizaba el hecho de seguir adelante, que no podía solo. No podía al menos que ella este aquí. Fui consciente que Adaline me miraba preocupada, no entendía por qué, pero luego sentí que mi rostro estaba húmedo. –Markus…, yo– negué con la cabeza. Lo que me había dicho era poco, pero me daba un rayito de luz, no quería creer al cien por ciento, porque si nada de eso llega a ser real. Me moría, moriría con el recuerdo, en la agonía de lo que un día fue. –Estas diciendo…, ¿qué hay una jodida posibilidad…, d-de que…, le haya estado llorando a la nada? – no reconocí mi voz, estaba quebrado. Siempre había creído que iba por la vida sin que nada me preocupe o me afecte más de lo debido, pero ahora comprendo que Gabriela no solo me enamoró, no solo ocupó un lugar especial en mi vida. Sino que también…, formó parte de mí. Y al parecer…, es aquella parte que con su ausencia no puedo continuar. –Mi…, mi corazón me dice que sí, las pruebas me hacen dudar. La esperanza me hace seguir. Y quiero creer que sí– respondió a la vez que sus ojos se humedecían–. Hay una jodida y pequeña posibilidad que le hayas estado llorando a la nada, Markus. Quiero creer eso. Me froté la cien con ambas manos, tratando de controlar mi respiración y las lágrimas que caían por mi rostro. Me sentí pequeño, insignificante. Nunca había pensado en aquella posibilidad. Porque…, no lo sé. Pero ahora…, ahora tengo algo en que creer. Algo por cual luchar y descubrir la verdad. –Necesito estar solo– dije poniéndome de pie y limpiándome la cara con mi brazo. Adaline también se levantó y recogió sus papeles. –Mañana hablamos o cuando te sientas mejor, ¿de acuerdo? Asentí sin mirarla y salí del lugar hasta llegar a mi habitación. Ahí pude derrumbarme a mi antojo, como había acostumbrado. Cerrando los ojos e imaginando que Gabriela está aquí rodeándome con sus brazos. Solo quería una…, una pizca de esperanza e iría por ella. La necesitaba para seguir, para respirar, para ser feliz, para dormir. La necesitaba…, necesitaba tenerla. –Solo quiero tenerte una vez más– dije entre lágrimas a la oscuridad. Caí de rodillas en el medio de la habitación–. Solo una vez más.
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