Capítulo 6

2066 Words
Markus –No quiero parejas, son innecesarias. –¿Lo dices porque en verdad crees eso o porque te rompieron el corazón? – pregunté volviendo a tomar una fotografía. –Agh, ¡qué comes que adivinas, Dorrance! – exclamó quitándome la cámara de las manos y examinando la fotografía que acaba de tomar. Adaline y yo estábamos recorriendo algunas calles de Sídney. Habíamos conseguido una buena cámara y ahora estábamos tomando foto a todo lo que se movía. Íbamos como tres horas platicando de lo que haríamos al llegar a Boston. –Entonces, ¿volveremos mañana? – pregunté nuevamente girando el rostro hacía las tiendas que nos rodeaban. –Oh sí, tenemos que sacar nuestros boletos y no pienso sacarlos en primera clase, ya no me queda ese dinero para darme lujos como esos– dijo subiendo las escaleras con diseño rustico. Llevaba un vestido rojo, un color demasiado intenso para mis ojos. En el tiempo que llevaba hablando y conviviendo con ella, me di cuenta que mayormente usaba vestidos. Era alta y consideraba que le iban bien. –No hay problema, yo lo pagaré– respondí acompañando su paso mientras nos acercábamos a un lugar donde vendían algunas artesanías. –¡No! Ni de coña voy a dejar que pagues mi boleto, ¡Jamás! – afirmó deteniendo el paso. Esperé que la gente que pasaba por nuestro lado se aleje para volver hablar. –Prometo no sacártelo en cara, solo es un boleto– respondí volviéndome a poner las gafas de sol. La miré y vi que hacía un mohín para luego negar con la cabeza. –No, me niego rotundamente. Puse los ojos en blanco ante su negativa. –No me interesa, sacare los boletos más tarde. Ah y el vuelo será a las siete, nos esperan muchas horas por delante hasta volver a New York. –Mierda, es cierto. Vale, volvamos al hotel y terminemos de conversar. –No quiero– afirmé cambiando de dirección y acercándome a un campo libre que había cerca. Me senté y observé las vistas. –Oh vamos, no pienso sentarme ahí. –Entonces, ¿te quedaras parada? – le pregunté levantando la mirada. Ella se tapaba la frente con una de sus manos mientras miraba a todos lados. Unos segundos de más y se sentó a mi lado. –Eres un idiota. Pero bien, te diré el último punto de todo mi plan. –¿Y cuál es? –Trabajaré en tu empresa. Me giré bruscamente esperando las risas, ante lo que supuse, una broma. Nunca llegaron. –¿Disculpa? –Vale, te disculpo. Me debías una desde que nos conocimos. –No, no. ¿Cómo que trabajaras en mi empresa? –Pues sí, imagino que necesitas una de esas asistentes, ¿no es así? Seré buena en eso. –No termino de comprender– admití quitándome las gafas de golpe. –No es necesario que me comprendas, pero si todo lo que he supuesto es cierto. Todo funcionara, solo actúa normal, como si fuéramos cercanos– capté el tono de voz que utilizó al final de la oración. –Específicamente, ¿qué tan cercanos? Vi que cerraba los ojos y meneaba su coleta pelirroja. –Necesito que…, crean que somos pareja– fruncí mi ceño queriendo intervenir, pero ella se adelantó–. No pretendo que demuestres cariño y todo eso, solo necesito que nos vean juntos. Créeme, funcionara. Tardé unos segundos para asimilar sus palabras. –Pretendes que…, todos crean que somos pareja, que crean que mi sufrimiento fue en vano, que no me importó su muerte y que fue tan poco el dolor que, a unos cuantos meses, ¿ya tengo pareja? No podía aceptar eso. Me había dado esperanzas, me había sentido idiota ante su investigación, ya que ella vio las piezas sin encajar, y yo no. Se suponía que yo debería de haberme dado cuenta, pero no fue así. Es por eso que me aferré a su teoría. Pero no podía hacer eso, no podía faltar el respeto al amor que tengo por Gabriela, por nuestra hija. No, no podía. –Markus, es la única manera de descubrir la verdad. Por favor, no te pido que me presentes como tal, solo nos tienen que ver juntos y ya. –Adaline no, no pienso hacer eso. No puedo, sería muy…, idiota si acepto. –Serías idiota sino lo intentas. Podríamos saber la verdad, Markus. –No puedo. –Sí puedes. No pienso recibir una negativa a estas alturas. No cuando hice todo un movimiento para borrar temporalmente mis datos de la nube. Esa gente tiene acceso a todo, no dudaría que buscarían mis datos nada más saber de mí. –Lo pensaré. *** Moví mi móvil entre mis dedos mientras esperaba que Adaline bajara de su habitación. Nuestro vuelo saldría dentro de una hora. Me sentía extraño, nervioso. No dejaba de mover las manos o mirar a todos lados. Al final cedí a la petición de la pelirroja. Algo muy fuerte me gritaba que aceptara, que haga lo que ella pedía. Pero otra parte me advertía que todo puede salir mal. Nadie en New York sabía de mi llegada, iba a ser repentina. Y eso era lo que se quería. Adaline volvería a Los Ángeles a terminar unos asuntos. Luego iríamos juntos a Boston. De todo el asunto había un solo dato que me aterraba más: volvería a nuestra casa, volvería a pisar nuestro hogar. En este caso tuve que pedirle a Adaline que me acompañé, solo no podía. –¿En qué piensas? ¿Te estás arrepintiendo? – preguntó aquella voz. Levanté la mirada y la vi sonriéndome. Hoy iba distinta, llevaba pantalones cómodos de algodón. Yo había optado por lo mismo, ya que tendríamos horas de viaje. –Solo quiero llegar y hacer lo que tengamos que hacer ya. –Con calma. Llegaremos al final del camino. Su pequeña mano se posó sobre mi hombro izquierdo y me dio un pequeño apretón. Le sonreí y juntos salimos hacia el taxi que nos esperaba. Tuve que tomar una de mis pastillas para dormir con tranquilidad. Nos pusimos un poco melancólicos al tener que despedirnos de Sidney. Un lugar estupendo sin duda. Volvería. Sonreí al imaginar que volvía aquí, pero con Nova y Gabriela a mi lado. Tenía que volver de todas formas. Tuvimos que hacer una escala en San francisco. Adaline tomó su vuelo a Los Ángeles, yo lo tomé a New York. Llegué jueves a las diez de la mañana. –Pues bien, actúa normal, saluda a tu hija, dile que la amas, no solo a ella. A todos. ¿Vale? –Vale– fue lo último que nos habíamos dicho con Adaline antes de tomar nuestros rumbos hasta el lunes de la semana próxima. Ahora estaba dentro del taxi. Y sonreí al ver las gigantes puertas de la casa de mis padres. No sabía bien si Nova estaba aquí o en casa de Gabriela. Había ignorado los mensajes de Maya desde ayer. –Llegamos a su destino caballero– indicó el taxista. Le sonreí y bajé del coche. El primero en percatarse de mi presencia fue Michael, nuestro jefe de seguridad. Primero me miró confuso, luego me sonrió y habló por la radio que tenía en su hombro. –Joven, es una sorpresa verlo tan pronto– dijo en forma de saludo extendiéndome la mano. –Quise apresurar mi regreso. Extrañaba a mi hija– respondí a la vez que caminaba hasta la parte trasera del coche. Donde el conductor ya había bajado mis maletas y ahora uno de los empleados caminaba en mi dirección y las cogía para llevarlas dentro. –¿Sus padres lo saben? – preguntó Michael cogiendo otra maleta. Negué con la cabeza y caminamos hasta la puerta principal. En el camino me quité el abrigo crema que llevaba y lo coloqué en mi brazo. Michael se adelantó y abrió la puerta. Dentro estaba en silencio, pero se escuchaba murmullos lejanos. Supuse que en la cocina. –Todos están en la cocina. Se han despertado un poco tarde. Iré a informarles– indicó. –No hace falta Michael, lleva mis maletas arriba. Iré a verlos. Me sonrió asintiendo y se giró con el otro empleado escaleras arriba. Di una pequeña mirada al salón y caminé hasta la cocina. Me fui acercando despacio. –¡Una por papá! – escuché la voz de Maya. –¡Y por la abuela! – agregó la voz de mi padre. –Roberth, esa palabra me hace sentir muy vieja. Mejor por tu gran mamá. Escuché que soltaban carcajadas. –Pa-pa-pa…– se escuchó un segundo después. Sonreí al sentir ese nudo en el pecho al escuchar la vocecita de Nova. –Solo una más Nova– volvió hablar Maya. Fue ahí que decidí aparecer. Y la primera mirada en captar la mía fue la de Nova. Mi cuerpo se congeló ante sus iris. Luego los demás se dieron cuenta. –¡Markus! – gritó Maya dejando la cuchara pequeña sobre la mesa. –Hijo– dijeron mis padres levantándose de su lugar. Envolví a Maya entre mis brazos. –¡¿Por qué no me dijiste nada?! ¿Era por eso que no respondías? Que idiota. –Lo último no te lo acepto, el resto sí. Respondí separándome de su cuerpo. Ella volvió con Nova y yo fui a saludar a mis padres. –Tu viaje fue muy rápido– mi padre habló después de habernos saludado. –Pensé que te quedarías hasta fin de año– agregó mi madre tendiéndome un vaso con jugo. –Yo pensé lo mismo, pero ya ven. Decidí volver– respondí girándome hacía Maya–. Dámela, no la he tenido en mis brazos buen tiempo–pedí extendiendo mis brazos. Sin dudarlo me entregó a mi hija. –Hola pequeña, te he echado tanto de menos– murmuré cerca de su rostro. Toqué sus cabellos castaños y rocé mi nariz con la suya. En respuesta me sonreía y levantaba sus manitas hasta mi cabello. Le di un sonoro beso en la cabeza, otro en la mejilla, y en la otra mejilla. La abracé y aspiré su aroma a bebé. –Ella también te ha extrañado– agregó Maya. La miré y asentí. Había algo extraño dentro de mí. Había imaginado que volver me iba a doler mucho, pero ahora era como si todo mi cuerpo estaba lleno de esperanza, que no tenía lugar para dolor y dudas. Estaba confiado, creyendo en una mínima posibilidad. –Volveré a la empresa– agregué después aun con Nova en brazos. –¿Estás seguro? No me pienso quejar hijo, pero no quiero que te sientas presionado por volver. –Y no me siento así. Es momento de continuar. Los tres se miraron confusos. Cerré los ojos con mi boca pegada a la cabecita de Nova. No podía explicarles nada, aún no. Tomaría su tiempo. –D-de acuerdo hijo. Considero correcta tu decisión. –Gracias, así mismo, volveré a mi casa en Boston. Si lo que dije antes les había sorprendido, esto último lo hizo aún más. Y los entendía, meses atrás me había negado volver a pisar Boston y mucho más mi casa. –Markus, ¿estás seguro? – me preguntó Maya con la voz preocupada. La miré y asentí sonriendo. –Sí, vale. Comprendo que me han visto caer de la manera más dolorosa, pero mi viaje sirvió para darme cuenta que…, si yo sigo con vida es por un propósito. Necesito buscarlo y avanzar, darle un buen futuro a mi hija y si la vida lo permite, darle una nueva familia. Me arrepentiría de mis palabras después. j***r, quería maldecir a Adaline por su bendito plan, me hacía añicos hablar así. Pero tenía que regirme a su plan. Teníamos que hacerlo así. Tenían que creer todos que yo había superado ese trágico momento, que ya no dolía, que ya no la necesitaba. Ese era nuestro primer paso. Mientras más sobrio y frio me vean y sientan, mejor. El resto del día me la pase con mi hija, no quería dejarla en ningún momento, le iba contando cada cosa de lo habíamos pensando hacer con Adaline. Le pedía mil disculpas por no haberme dado cuenta de todos los cabos sueltos antes. Pero que ahora haría todo mi esfuerzo por unirlos y encontrar a nuestro amor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD