Gabriela Volví a pegar la oreja a la puerta desgastada. No había nadie, Valeria había salido hace horas. Volví a intentar con la puerta. j***r, ya había perdido la cuenta de las veces que la he pateado y golpeado para que así se abra. Pero todo había terminado en golpes por parte de mi secuestradora. En los últimos meses Valeria se estaba volviendo loca encerrada aquí, pero a consejo de Angie había empezado a salir de vez en cuando. Hace unas semanas habíamos cambiado de ubicación. Ahora estábamos en una casa muy bonita, pero yo estaba en el sótano. Sí, siempre creí que eso solo pasaba en las películas de terror, pero no. Me tocó vivirlo. –¡j***r! – grité en un chillido frustrado. Solo quería volver a casa, volver con mi familia. ¡quitarles el dolor! Fueron muchas las ocasiones en las

