Markus –Debería castigarte, en serio lo digo, no puedo creerlo. Tú mamá se volvería loca si ve esto– volví a decir mirando a Nova. Quien se encontraba sentada en el sofá café de su habitación. Yo tenía el ceño fruncido, ella sonreía y buscaba la manera de bajarse. –Pa…, pa…– repetía mirando hacia abajo. Su cabello, el cual ya estaba hasta sus hombros, caía por su rostro. Solté un suspiro y volví mi vista a la habitación, había pasado cuatro semanas desde que había vuelto de Sidney. Bajé la mirada hacía Nova y entre cerré los ojos. El piso estaba completamente blanco. Y es que solo a mí se me podía ocurrir dejar el talco en la mesita de noche de su cuna. Un lugar super bajito para ella. Había bajado a la cocina por su tetina, dos minutos, ¡dos minutos! Y cuando subí, toda su cabell

