Pero las majaderías de Guillermo no acabaron aquí. Unos meses después, Guillermo vino con un extraño paquete. Un juego de estrategia, me dijo. Al abrir el juego descubrimos que se trataba de un juego erótico. Un juego de tablero y cartas en lo que parecía que se debían producir circunstancias eróticas. El problema es que además, el juego era para… más de dos jugadores. Guillermo guardó el juego malhumorado y no le dimos mayor importancia. Pero un día, Guillermo me comentó que había hablado con Dámaso y Julia, una pareja de amigos unos años más jóvenes que vivían juntos sin casarse y les había invitado a comer. Así, sin contar conmigo. Esperé el sábado para invitar a comer a los dos tortolitos. ¡Qué buena pareja que hacían! Él era un ingeniero recién licenciado, de figura delgada, elegant

