Aquí no acaba la historia de los juegos de mesa, pero tengo que contar lo que me sucedió dos o tres semanas después. Guillermo apareció preocupado, muy preocupado. Le pedí que me dijera varias veces que le sucedía, pero me decía que no sucedía nada. Yo sabía que algo me ocultaba, sólo después de pedirle que me contara que le sucedía me empezó a contar algo. — No me vas a perdonar. Te acuerdas que le pedí dinero para ampliar la oficina. Pues como el banco no me lo daba se lo pedí a una mujer de la que me hablaron. Silvia. Ahora me está costando devolvérselo y quiere quedarse con todo. Con la oficina, con la casa…con todo. — Me puse yo también muy preocupada. — ¿Qué podemos hacer? ¿No puedes entregarle algo en garantía? — — La casa era la garantía. He hablado con el banco y dice que ahora

