Al llegar a Miami, mi madre fue a recogernos.
—Mi pequeña Harriet, mira nada más que preciosura de nieta tengo.— mi madre me arrebato a la bebé y se olvidó de mi y se fue hacia el auto de Josie.
—Bueno, hola también a ti mamá, yo te extrañe tambien— dije sarcástica, a lo que mi amiga soltó una carcajada.
La fulmine con la mirada, y después procedí a abrazarla.
—Mira que guapa estás, esa linda bebé te hizo un cuerpo de envidia— Josie, no era de las que se mordía la lengua antes de decir algo que pensara.
—Gracias, pero siempre e tenido un súper cuerpo, envidiosa— le mostré mi lengua juguetonamente y continuo riendo.
Subimos al auto y emprendimos viaje hacia casa de mi madre.
Mi madre vivía sola, ella me crío sola y no había querido casarse nunca más, ella dijo que yo tendría muchos bebés y esa casa se llenaría de ellos así que para que estorbar con un marido, sus palabras no las mías.
La casa de mi madre era bonita y hogareña, con esa cerca color blanco alrededor de la propiedad, con un porche bastante amplio, y esa mecedora tipo columpio en el, y el gran árbol de manzana al frente me hacía sentir en una casa de película y me era fascinante volver a vivir aquí y que mi pequeña creciera en este lugar tan lindo y seguro.
Todo seguía igual.
El olor a galletas recién horneadas, llegó a mis fosas nasales.
El olor a desodorante ambiental con aroma a lavanda me invadió, todo era tal y cual lo recordaba.
—Vamos a la cocina, horne galletas de chocolate, tus favoritas, Alex— Mi madre me tomo de las manos y me arrastró hacia la cocina sin esperar a que respondiera.
Mi madre era de nacionalidad estadounidense, pero mi padre ausente era un ruso, el cual si me dio el apellido pero no el amor.
Iván Romanov.
Ese era su nombre, y digo era porque hace tiempo que murió.
—¿Y ya sabes dónde trabajaras?— mire a mi amiga y sonreí.
—Si, una conocida de la universidad me consiguió un puesto en el bufete Blake Corporation. Así que ahora seré secretaria del Director jurídico de ahi— Mientras terminaba de cambiarle el pañal a Harriet mire a mi amiga y a mi madre abrir la boca con asombro.
Y con razón, ese lugar era de los más cotizados y más reconocidos en el mundo.
—Estas bromeando, ¿verdad?— pregunto Josie.
—¿Que?, no claro que no— fruncí mi ceño y la mire incrédula.
— Es que, ahí es el más codiciado lugar y nunca tienen vacantes, tu amiga debe de ser muy influyente en ese lugar— continuo Josie.
Y si, mi amiga Maryse era la hija del señor Blake, ella y su hermano mayor trabajaban ahí.
A Maryse la conocí en mi tercer año de la universidad, habían pasado ya tres años desde que había conocido aquel amor del que les había hablado, ella llegó a New York de intercambio y nunca jamás quiso volver a irse.
No sabía mucho de su familia así que solo nos enfocabamos en nosotras hasta que nos volvimos inseparables. Después ella me ayudó con el divorcio de John, y así me ofreció el puesto.
—¿Cuando empiezas?— mi madre se veía muy entusiasmada en que yo ya me fuera a trabajar y dejará a Harriet con ella.
—Empiezo mañana, así que no te preocupes ya tendrás a tu nieta todo el día— La mire y su sonrisa se agrando más.
Josie tenía que regresar a su casa con su prometido Jimmy y en la semana vendría a verme para saber cómo me fue en el trabajo más importante del mundo, según ella.
Lunes por la mañana.
La empresa de Blake Corporation se alzaba ante mis ojos, con todas esas ventanas de vidrio polarizado, y sus veintitantos pisos, que daba miedo.
Camine con la espalda recta y la barbilla alzada, empoderada en mis tacones de 10 centímetros color n***o, enfundada en un pantalón de vestir color gris y una blusa manga larga un poco suelta y de cuello en forma v, mis rizos estilizados los deje sueltos pero controlados, mi maquillaje sencillo, haciendo resaltar mis ojos y mis largas pestañas.
Me sentía perfecta.
Y bastante lista.
Llegué a la recepción y dije mi nombre.
—Hola, buenos días, mi nombre es Alexandra Romanov, vengo a una reunión con las señorita Maryse Blake— le sonreí a la chica detrás de la recepción que le miro y después sonrió.
—Oh, claro la están esperando en el piso 23, al final del pasillo encontrará una sala de reuniones, no se perderá es la única que tiene una placa con nombre — asentí, tome el pase de visitante que me daba para poder subir al elevador y le sonreí en forma de gracias.
Subí al elevador y marque el número veintitrés.
Ahora estaba nerviosa.
Al llegar al piso, había muchas puertas, pero como dijo la chica solo había una con placa marcada, así que me dirigí ahí.
Toque la puerta y después la abrí.
—Hola, buenos dias— saludé.
Mi amiga Maryse y su padre, el señor Joseph Blake, se levantaron y me sonrieron.
Los saludé con un apretón de manos a ambos y tome asiento a un lado de Maryse.
—Me alegra poder conocer al fin a la mujer que hizo que mi hija no quisiera regresar a Miami — El señor Joseph me sonrió .
—Oh no, yo no soy la culpable, yo quería que se fuera pero ella se me pego como lapa— sonreí cuando el señor Blake soltó una carcajada por mi broma y Maryse solo me fulminó con la mirada pero aguantando su sonrisa.
—Ja ja, muy graciosa Alex, pero eras tú la que se me había pegado como lapa, sufriendo por las esquinas y suplicando que te ayudará con tus tareas— contraataca Maryse.
Mi boca se abrió en una gran O y la mire a punto de estallar en risas.
—Tu cinismo es realmente enorme como tú ego— respondí sonríendo.
Su padre estaba encantado con nuestra pelea.
—Tenia razón hija, está muchacha hará volver loco a tu hermano y podría hacer que sea más amable con las personas a su cargo— su padre no podía dejar de sonreír y mirarme.
—¿Tu hermano?— pregunté confundida.
—Oh, no te lo dije, serás la secretaria de mi hermano, ya que la última la despidió solo porque no supo hacerle un cafe— soltó mientras le restaba importancia con la mano.
—Crei que sería la secretaria de tu padre, claro sin ofender— mire a su padre y el solo sonrió y negó con la cabeza.
—No te preocupes, pero si, sería a mi pero hace un par de meses que le entregué el puesto a mi hijo y ahora estoy disfrutando de mis nietos en casa. Tengo entendido que tienes una bebé — sonreí ante la mención de mi hija.
—Si, tiene 5 meses y se llama Harriet — mencioné orgullosa.
—¿Podrias traerla algún día? me encanta los bebés y los niños en general, pero mi hijo solo piensa que la vida es trabajo, así que no se ha casado aún, tal vez así se anime y consiga por lo menos un bebé— mi amiga y su padre se rieron y también sonreí.
—Claro, lo haré si es que mi madre me la presta, que dudo mucho, estuvo separada de ella todos estos meses, así que será un poco dificil— la carcajada del señor Joseph me relajo.