capítulo 15

1468 Words
Silvia no podía entender. Porque le estaban llegando esos sobre con manuscritos a ella, que tenía que ver con ello. Al escuchar el timbre fue a abrir ese era su tío. Cuando abre el le dice. — Me llamastes que ha pasado. — Te importaría pasar tío, es que hoy he tenido muchas sorpresas. — Si, cuales sorpresas. — Estaba un periodista temprano haciéndome preguntas, luego vino un cartero con otro sobre, pase allí en el estudio está el profesor Robert. — Caray vino muy rapido. — Vaya a acompañarlo, yo voy a la cosina por más café. Su tío desapareció en el interior del estudio, dejando a Silvia de pie. Siguió Ben hasta el despacho. Mientras entraba el profesor Robert levanta en rostro y lo ve. — Gracias a Dios que llegó, venga mire esto Ben. El se acercó y vio algunas fotografías esparcidas sobre la mesa, y sin pensarlo, miro una de ellas. Este se puso serio y dice. — Estás fotos quienes las trajo, esas fotos son de... — Si lo se Ben, es de su aldea me imaginé que ella era la hija de esos muchachos que murieron en la selva. — Por Dios, profesor que es todo esto. — Son unas fotografías interesantes, verdad Ben, y esto nos dice que si que allí en algún lugar de la selva está ese templo. — ¡Ajá! y quien le envía esos manuscrito a mi sobrina. Él sacó un sobre de debajo de un libro y se lo ofreció para que lo leyera. — Sabía que alguien le enviaba, eso pero nunca me imaginé, que fuese de Inglaterra. — A su sobrina alguien le está enviando estos manuscrito, y bueno éste es el tercero y estoy tomando notas de ello. Ben tomó una profunda inspiración, y luego soltó el aire mientras decía entrecortadamente: —¡Profesor Robert! — Sí, bueno, es un hallazgo bastante interesante, lo que hay escrito aquí, y esto puede servir a un alumno mío el está en el Amazona, se llama Carlos Eduardo la torre, el el hijo de el científico que encontraron muerto. Ben intentaba mantener la calma. El Profesor Robert se estaba emocionando, lo veía, lo notaba. Sus ojos se dilataban y su voz reflejaba tensión. — ¡Pero no he oído nada sobre él! — Todavía no es noticia. El fue a la selva después del entierro de su padre, y encontró algo importante allá. — Dígame algo profesor. Ben preguntó en un impulso. — ¿Le gustaría ir a la selva del Amazona? Con mi sobrina y ayudarla. El alzó la vista y le miró incrédula. — ¿Puedo? Claro que puedo. — Para mi sobrina esto todavía es un secreto, si entiende lo que quiero decir, pero creo que no importará que usted... — Claro que entiendo puedo ir con su sobrina, así puedo contactarme con mi alumno el también no puede ayudar, cuando estemos allá. Ben no estaba seguro porque, en el mismo momento en llegara a la selva Silvia viviría un trauma. Pero el profesor Robert conocía colegas suyos, doctores y especialistas en este campo, que quizá lo ayudarían a descifrar todo aquel misterio. Silvia se movió mecánicamente por la cocina, dejando correr el agua, poniendo agua en la cafetera, unas cucharadas de café y, cuando salió, halló a su tío y al profesor sumidos en la lectura de la traducción del manuscrito. Depositó las tazas sobre la mesa del escritorio, juntamente con las cucharas, la nata y el azúcar. — Supongo que es muy interesante la traducción del manuscritos. Silvia oyó su propia voz. — Si es muy interesante he importante lo que leemos. — Me gustaría saber qué dice ese manuscrito. — Como te había dicho en mi oficina, este manuscrito describe la historia de una leyenda. — Una leyenda por favor, vamos los dos son hombres civilizados. El profesor Robert vio el orgullo en sus ojos verde y la ingenuidad, la sinceridad, y la observó con una sonrisa. A diferencia de su encuentro con ellos un día antes en su oficina, la sorprendido si ella misma llamo, y que viniera a su casa y le mostrará un nuevo manuscrito. — Y piense que no somos civilizados. — Bueno es que no puedo creer en eso. Cuando su tío la toma de un brazo y le dice al oído. — Y tu no estuviste allí, acuérdate. Ella bajó la vista y miró los ojos de profesor Robert. — Pero me pregunto... Si fue real. — ¿Qué? — Me pregunto cómo llegaron esos manuscrito a mis manos. — Bueno parece que alguien la conoce bien y quiere llegar a este templo atreves de usted. — Por favor profesor. — Vamos joven, sabe que usted debe tener un vínculo con todo esto. — Un vínculo pero usted está leyendo ese manuscrito, y no me ha dicho nada. — ¿Que quiere saber? Que aquí muestra las coordenadas de una zona que tal vez aquí este un lugar, dónde tal vez este esa mujer. — Van a volver a creer que existe un templo... Bueno no sé estoy muy perturbada por esto, por eso los llame quiero saber que significa quien está enviando esos documentos, ¿Para qué? ¿y porqué?. — Porque eres la hija de los científicos que llegaron a entrar en el templo, no comprendes eso. — ¡Oh por Dios! — Que pasa sobrina... — Necesito descansar de todo esto por favor, déjenme sola. — Y el manuscrito como hacemos — Yo veo si se lo llevo a sus oficina, ahorita quiero estar sola, vamos vayanse. — Está bien sobrina, nos ire y te dejaremos descansar sé que debes estar muy estresada con todo esto. — Si... tío por favor. — No te preocupes más deja todo en manos del profesor Robert, el mañana te podrá ayudar. — Gracias tío se lo voy a agradecer. Entonces los dos hombre se fueron dejándola sola en el apartamento, Silvia le dolía la cabeza y estaba muy inquieta, cuando tocaron el tema de sus padres y su origen de nacimiento. Mirándose al espejo del baño dice en voz alta. — Estoy cansada de todo esto, ya no aguanto más. En eso abren la puerta era sus amiga, y cuando la ver frunce el seño y dice. — Que pasa estás hablando sola. — Estoy cansada de todo esto. — Bueno amiga yo le dije, que nos fuéramos a caminar temprano y no quizo. — No quiero hacer nada, solo quiero que todo esto pase. — Bueno y que fue lo que le pasó. — Esos benditos manuscrito me tiene al volver de estrés. — Bueno te aconsejo que mañana temprano vaya con la doctora, porque pronto iremos a la selva, y la verdad necesitas estar relajada. Llegó la noche y Silvia se fue a dormir, pero sus sueños fueron tormentosos. Se vio en un lugar extraño hablando con alguien. — Recordaré estos momentos hermosos de este lugar. De mi tierra, de mis orígenes. — Selva, ¿en qué piensas? Es hora de regresar. Estamos lejos de la tribu. — Espera un momento, Yurubi, quiero llevarme este recuerdo y no olvidarlo nunca. Le decía a su amiga. — Porque Selva tienes que dejarnos para ir a otro lugar extraño, donde no conoces a nadie. — Es mi destino Yurubi así fue como se decidió mi vida. — No estoy de acuerdo con ello, eres un ser libre amiga, no te dejas vencer por nada. — Si lo se pero como te he dicho es mi destino. — Tu madre que pasara con ella, le dolerá mucho que te vayas de la tribu. — Madre ya sabe porque estoy viva, y todos ustedes en la tribu, y ya dejemos de hablar tanto. — Bueno termina de observar toda esta tierra y hazla un recuerdo en tu mente. — Esto es hermoso amiga donde nací se que cuando salga de aquí volveré de nuevo a mis raíces. Estaban en lo más alto de la cascada. Selva divisaba el horizonte, los límites de la aldea, lo hermoso del paisaje. Algo que ella recordaría para toda su vida. Aquel bello lugar que miraban sus ojos. Lo extraordinario que era. La brisa rozaba suavemente su rostro, y las picantes gotas de aguas que mojaban su cuerpo la hacían una criatura hermosa y única. Suspiró profundamente y su corazón se llenó de alegría. Cuando ella se levantó sobresaltada, no pudo dormir más y fue a la cocina a tomar té, mientras lo hacía. Ella pensó que tenía razón su tío, el profesor, y hasta su propia amiga necesitaba aclarar su mente. — Me tocará llegarle de sopresa a la doctora. Después de tomar el té, se fue dormir a la mañana siguiente se fue al consultorio de la doctora Magnolia.
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