—Te ves realmente sexy frotándote el coño así, mamá. —No es tan sexy como te ves acariciando esa enorme polla tuya. Le gustaba oír eso, pero intentaba disimularlo. Observé sus testículos moviéndose de un lado a otro bajo su puño y escuché el sonido de sus cachetadas con una alegría perversa. —Ya casi estoy ahí—, gruñó. —¿Dónde quieres correrte, cariño? —En todos lados. —¿Qué tal aquí?— Abrí mi coño. —¿Quieres correrte en el coño de mami? —¡Diablos, sí! —Hazlo, cariño. Echa tu gran carga sobre el sucio coño de mami. —¿Eso es lo que quieres, mamá? ¿Quieres que me corra en tu coño peludo? —¡Sí, nena!— Abrí más las piernas y separé aún más los labios. —¡Córrete en el coño de mami! ¡Dámelo! —¡Joder! ¡Ahhhhhh!— Su polla se abalanzó sobre mi coño abierto y un chorro de semen recorrió l

