Me agarró la cabeza con fuerza, enredando los dedos en mi pelo, y me dio un último empujón. Mi nariz golpeó su abdomen y mi barbilla sus testículos. Los dos primeros chorros me bajaron directamente por la garganta. Logré apartarme lo justo para atrapar el resto de su orgasmo explosivo en mi boca. —¡Ahhh, sí!—, gritó triunfante. Su pene seguía flexionándose y derramando más semen caliente sobre mi lengua. El intenso olor de mi hijo inundó mis sentidos y me sentí transportada de nuevo a la imposible realidad de estar saboreando su semen. Saqué su erección de entre mis labios y lo miré. Abrí la boca y le enseñé la espesa masa perlada de mi lengua. Su sonrisa se transformó en confusión. Recordé a nuestro público, me giré hacia la cámara y les mostré mi boca llena de semen para que lo aprecia

