Con entusiasmo tomé la polla de mi hijo en mi boca y comencé a chuparla. —Está bien, supongo que haremos esto ahora—, murmuró casi para sí mismo. Por cómo lo dijo, pensé que no recordaba que ya lo habíamos hecho una vez. Me decepcionó un poco no haberle causado una mejor impresión (aunque estaba borracho como una cuba), pero al mismo tiempo me emocionó poder darle otra primera vez. Decidí arriesgarme a dialogar un poco. —¿Te gusta eso? ¿Te gusta cómo mami te chupa la polla? Me miró y no dijo nada. Pude ver que se debatía entre odiar mis sórdidos esfuerzos por complacer a la multitud y el auténtico placer que le proporcionaba. —Sí, mamá, eres una verdadera chupapollas. Ahora cállate y trágate mi polla. Hice lo que me dijo y lo llevé hasta el fondo de mi garganta. —¡Mierda!—, suspiró

