Alondra
La estábamos pasando súper bien en el yate, todos me habían puesto a enseñarles a bailar zamba, solo porque comenté que tenía ascendencia brasilera. Grave error. Y aquí estábamos todos haciendo el ridículo, unos más que otros, pero el mero ridículo. Varios de los primos de Noah iban cayendo por el alcohol y es verdad, resulta que tomar en altamar marea más que en tierra firme. Bueno, tiene sentido.
—¿Un chapuzón? —Me preguntó Noah.
—Estas loco, aquí hay tiburones. Es el océano pacífico.
—Creí que el mar era tu zona de confort…
—Amo el mar, pero le tengo respeto, en especial a todas sus criaturas… Ve tú y si sales vivo, te alcanzo.
—Bueno me haz echo pensarla, mejor esperamos a la piscina…
—¡Vengan a meterse, solo será un chapuzón!… —nos gritó uno de los primos —Además por esta zona no hay tiburones, se espantan por las embarcaciones…
—Si tú vas, te seguimos.
—¡El que tiene miedo de morir, que no nazca! —gritó mientras daba un volantín hacia atrás cayendo en el mar. —Y bien, ¿cumples promesas rubia?
—Estas poniendo en riesgo tu honestidad eh, no sé tú… —me dijo Noah.
—Tú también tienes que venir.
—Las damas primero…
—Descuida Alon, no se han reportado casos de tiburones en la zona… Ya hice mi research también… Yo entro contigo —Carolina se quitó la salida de baño que traía puesta mostrando un hermoso bikini color púrpura con destellos de brillo. Le quedaba cual modelo y combinaba perfecto con su tono de piel.
Ella se tiró un clavado acompañando a su primo dentro del agua, era mi turno. Me quité el pareo que me iba acompañando tan bien este día. Sin pensarlo dos veces me lancé, no quería que nadie observara lo destapada que estaba, nunca más me compraba un bikini sin comprobar que la parte de abajo tapase siquiera algo.
—Mi turno, ¡Ahí voy! —Noah se tiró bombita y cayó a centímetros de mí. El agua estaba completamente helada.
Los demás primos y amigos de ellos fueron lanzándose, siguiendo la fiesta aquí en el agua. Comencé a olvidarme de que un Tiburón fuera a aparecer.
—¿Nadamos un poco?
—¿Hacia dónde? Estamos en medio de la nada…
—Mmm… Una vuelta al yate.
—¿Una vuelta al yate sólo porque sí?
—¿O quieres una carrera?
—En las olimpiadas de mi escuela yo le ganaba a todos en natación, no creo que sea buena idea retarme…
—Pues yo también les ganaba a todos en la escuela… Habrá que ver cuál de las dos tenía mejor nivel…
—¿Y qué pasa si gano?
—Mmm… si yo gano no te dejo ir a ese hotel con tu ex, si tú ganas, eres libre…
—Pero que premio más tonto, sabes que igual debo ir a mi hotel Noah, no puedo dejar a Mire sola…
—Aquí me huele a que alguien tiene miedo a perder.
—Como sea, igual ganaré. ¡En sus marcas, listos, ya! —grité antes de tomar aire y ponerme a toda marcha, sin que Noah siquiera pueda reaccionar. Escuché como se quejó de que me adelantaba, pero lo ignoré. Ya vería que no por nada había sido ganadora del concurso de natación 5 años consecutivos en la primaria.
Paré un segundo a ver como iba él y realmente se estaba acercando. Sería momento de aplicar el modo turbo, pataleaba y pataleaba, vaya que nadar era cansado y más si no lo había hecho hace ya varios años. Ya no daba más y no íbamos ni en la mitad del camino. Paré un momento para recuperar energías.
—¡Ey, saliste antes! —me gritó Noah que también se veía cansado. Su respiración agitada lo delataba.
—¡Ya no doy más! —le grité.
—¡Ni yo!
—Bueno, pero avancé más… ¡Eso quiere decir que yo he ganado!
—¡No seas tramposilla! Una carrera de regreso, pero ahora si de manera justa ¿qué dices?
—Bien… —me resigné y comencé a bucear para alcanzarlo. —Espera, dame unos segundos para recuperar energías. —Dije jadiando una vez ya a su lado. El mar congelado no ayudaba mucho.
—Tengo frío…
—Yo también y muero de hambre.
—Tenemos que regresar a tierra firme para comer, no trajimos almuerzo…
—¿No? Yo quería ver el sunset aquí…
—Uff eso es espectacular…
—¿No podemos quedarnos? —hice un puchero.
—Podemos regresar después de almorzar o tal vez volver por la comida y traerla para acá, ¿Qué dices?
—Me parece perfecto.
—Bien, ¿Lista para perder?
—Silencio, que el perdedor serás tú.
—Recuerda que aquí hay una apuesta de por medio…
—¡Haz la cuenta regresiva de una vez!
—En sus marcas, listos, ¡Ya! —comencé a nadar a toda velocidad hasta que sentí algo tirar de mí. Seguí nadando sin importar hasta que caí en la cuenta de que el idiota de Noah había tirado de la pita de mi bikini. Mierda. Paré en seco escuchándolo reír y reír.
—¡Eso si que es trampa! —le grité. Mientras me acomodaba el bikini, rogando que no haya visto nada, bueno tampoco es que hubiera mucho que ver.
—¡Pero si yo no he hecho nada! —me gritó de vuelta —¡Andando perdedora!
Continúo nadando, dejándome atrás. Ah no, esto no se quedaría así. Comencé a patalear y bracear como si de un mundial de nado libre se tratase. Realmente estuve a milésimas de alcanzarlo antes de que llegue a la meta.
—¡Uff, eso estuvo cerca rubia!
—Eres un tramposo, realmente yo gané…
—No lo sé, veamos que dice el Var, ¿Qué dicen chicos? —le preguntó a los demás que ya se encontraban en la cubierta.
—Alon nada más rápido que tú, de eso no hay duda.
—¿Ves? —le presumí la respuesta de los demás.
—Pero yo llegué antes…
—¡Pero fue con trampa!
—La que empezó con los juegos sucios fuiste tú eh…
—Como sea, gané yo —le saqué la lengua.
—Ya veremos —me dijo riendo.
Subí hacia el yate nuevamente, ya me estaba congelando por completo. Los dedos ya estaban como pasitas. Comencé a subir por las escaleritas metálicas con Noah tras de mí, hasta que recordé lo que estaba haciendo. Mierda. Debí dejarlo pasar a él primero.
—¿Qué pasa Alon? Avanza —me dijo. Quería decirle que fuera el primero, pero sin ser tan obvia. Ya fue, me dije a mí misma. Si subía rápido no tendría porque levantar la vista y ver mis nalgas con ultra zoom.
Quise ser rápida, pero los nervios me jugaron una mala pasada, provocando que al pisar uno de los escalones fuera del agua resbale por completo, cayendo sobre Noah y trayéndolo conmigo nuevamente hacia el mar. Mierda, si no quería que viera mis pompas, ahora tenía clavadas sus narices en ellas. Solo a mí me pasaban esas cosas. Y lo peor, que todos los demás habían visto esta horrible escena.
—¡Auch! Se quejó él sobando su nariz, es que vaya que le había dado. Solo imaginen una persona cayendo directamente hacia tu nariz.
—Lo siento, lo siento, ¿estas bien? —y efectivamente no estaba bien, su nariz sangraba.
—¡Chicos, será mejor que salgan ya! ¡Saben que la sangre atrae a ya saben!
—Mierda.
—Vamos Alon, sube con cuidado.
—No, no, ve tu primero, tú eres el de la sangre.
—¡Apuren! —nos siguieron gritando.
—Ve de una vez —le hice caso, subiendo a paso apresurado, realmente me aterraban los tiburones.
—Pues el único que sangraba no era yo, deberías verte —me dijo Noah levantando la vista hacia mis pompis. Genial, lo que faltaba.
—¡Deja de mirarme! —le grité.
—¿Qué más quieres que vea? Si es lo único que hay frente a mí y esta completamente raspado.
Seguí subiendo con las ganas máximas de llorar de la vergüenza. Y para completar el espectáculo al subir todos se quedaron viendo mis nalgas. ¡Dios llévame ya!
—¿Qué onda con todos? ¿Quieren dejar de ver mis nalgas? —les recriminé.
—Mira esto Alon —Caro se acercó hacia mí con su móvil, mostrándome una foto que le había sacado a mi nalga derecha. Señor Jesús. La tenía completamente raspada y roja cuál tomate. —Te debes haber raspado con la escalera… ¿No te arde?
Y de inmediato Carolina desbloqueo en mí el ardor de mi herida. Sentía como el mar salado penetraba en mi pompa.
—¡Ven, vamos abajo, tengo un botiquín!
—¿Y a tu hermano no lo vas a curar? —se quejó Noah.
—Vengan los dos. —Seguimos a Carolina hasta los asientos de abajo, yo no podía ni sentarme sin sentir dolor. —Enseguida vengo, voy por el botiquín.
Noah me miraba aguantando la risa.
—Ni intentes ocultar tu risa, que ya sé que te estas burlando…
—No la oculto, solo que me duele reír —señaló su nariz. —No pensé que te molestaría tanto que dijera que el bikini me quedaba mejor a mí… No… La señorita tenía que restregarme lo bien que le quedaba en la cara, literalmente. Y bueno, he de admitir que algo de razón tenías, no te queda nada mal… —siguió examinándome lentamente, haciéndome ruborizar.
—¡Ya cállate! —le dije lanzándole una de las toallas que habían allí. Obviamente la esquivo.
—Bueno, aunque sin esas rallas quedaría mejor —continuó él, haciendo referencia a mi herida. Le saqué el dedo medio, bien merecido se lo tenía. —Bien, bien, me calló.
—¡Llegué chicos! Bien Noah, pon tu cabeza para arriba, te echaré una solución.
—No, no, ¿qué es eso?
—Es para que deje de sangrar, hazme caso. La doctora soy yo.
—Bien —se resignó como niño pequeño.
—Ve echándote Alon, enseguida te atiendo a ti.
—Gracias —le dije mientras me recostaba boca abajo en los asientos. Noah volteo a verme y me guiño un ojo. Tenía plena vista hacia mis nalgas nuevamente. Rodé los ojos y le volví a sacar el dedo medio. Como lo detestaba.