Libertad

926 Words
Eva Como puede ser posible que Eva Johnson, nieta del prestigioso magnate Esteban Johnson esté en una celda, y lo peor con verdaderos delincuentes. —¡Señorita Eva!, debería calmarse!, muy pronto saldremos de aquí —dijo Gabriel sacándome de mis pensamientos, ¿Cómo puede estar tan tranquilo?. —Tú no digas nada. ¡Oficial! Tengo derecho a una llamada —grite por enésima vez. Di varias vueltas, estoy segura que si no me sacan en este momento de aquí, cabaré un hueco y caeré en china, o Japón, lo que sí estoy segura es que definitivamente caeré en Asia. —¡Usted la loca de rojo!, ya puede ir hacer su dichosa llamada —exclamó uno de los oficiales —¡Qué!, ese oficial acaba de decirme loca de rojo? —Señorita Eva cálmense por favor, no haga nada de lo que nos tengamos que arrepentir. —Afortunadamente Gabriel me controló, o definitivamente le sacó los ojos al bendito oficial. Le hice señas a Gabriel para que me esperara mientras yo iba por mi boleta de salida, Emma, si mi hermana, es la única que nos puede sacar de aquí. Caminé por los largos pasillos de esta mugrosa cárcel, y claramente aquí no hay señora del servicio. Después de hablar con mi hermana por fin pude respirar profundamente, lo que sí tengo en claro es que ese hombre de aquí no va a salir. Caminé de nuevo hacia la celda con el dichoso oficial detrás de mí, “POR DIOS ” no me voy a escapar. Abrí mis ojos de par en par al ver que varias de las mujeres que estaban en la celda con nosotros, estaban alrededor de Gabriel. —¡Oigan ustedes!, dejen a mi secretario en paz —exclamé llamando la atención de esas mujeres. —¡Vaya, vaya, así que la reinita quiere que dejemos en paz a este bombón!, ¿Acaso lo quieres para ti? —dijo una de ellas caminando hacia mi. Abrí mis ojos de par en par al ver lo que esa mujer traía en sus manos, “Dios” no se supone que esto es una cárcel, ¿Desde cuándo ellas están más armadas de los oficiales? Que puedo decir, que en este momento me temblaba todo, y más al ver la mirada de Gabriel, si, una de ellas tenía un cuchillo alrededor de su cuello y lamía como si fuera pastel de cumpleaños. —Si no lo sueltan les juro que voy a gritar y llamar a los oficiales! —dije una vez más, si, me arme de valor, como bien dice Gabriel, nunca debemos mostrar miedo a nuestros enemigos, aunque en este caso creo que son asesinos en serie. —Jajaja, así que va a gritar, muchachas!, córtenle la lengua a esta zorra —dijo una de ellas. —¡Ni se atrevan a colocar un dedo encima de la señorita Eva! yo soy cinturón n***o en jiu Jitsu, y fui entrenado por el mejor de los maestro de karate, así que si ustedes se atreven a tocarla, yo las acabaré con un solo movimiento —vocifero Gabriel. —¡Aquí nadie va a acabar a nadie!, ¡Eva, Gabriel!, ¿Qué hacen ustedes aquí?. ¡Oficial! abra la celda y dejé salir a mi hermana y al secretario —Me giré rápidamente al escuchar la voz de Emma, mi hermana. Nunca había sido tan feliz como ahora en este momento, bueno si, pero si Emma no hubiera llegado Gabriel sería hombre acosado y yo sería mujer muerta. Me imagino los titulares de mañana, “La hermosa empresaria Eva Johnson, muere en una pelea con asesinas en serie”. —¡Eva muévete! —salí de mis pensamientos al escuchar la voz de Emma, quien me señalaba mi salida a la libertad. —¡Bueno!, ¿Y ahora sí me van a decir por qué diablos están aquí metidos los dos?, no me digan que mataron a alguien —vociferó Emma con una enorme carcajada. —No señorita Emma, todo fue por mi culpa, debí ser más fuerte —dijo Gabriel. Abrí mis ojos y arrugue mi nariz, desde cuándo Gabriel tiene que ser fuerte. —Gabriel, ¿Desde cuándo sabes jiu Jitsu? —pregunte, es obvia mi pregunta, si Gabriel sabe jiu Jitsu, ¿Por qué diablos no le ganó al enorme hombre? —Lo siento señorita Eva, yo no sé absolutamente nada de jiu jitsu, y mucho menos karate, yo solo quería que no la lastimaran —exclamó él llevando las manos al bolsillo de su pantalón. —Vaya Gabrielito, si que eres un hombre bastante atrevido, no me imagino tu peleando, jajaja —dijo Emma. —¡Cállate Emma!, y tú Gabriel sube a mi auto, yo te llevaré —dije. —¡Eva!, ¿Dónde está tu auto?, porque me imagino que el oficial no lo trajo, ¿O si?. —Lleve las manos a mi cabeza, vaya si soy una verdadera estúpida. —No, lo trajo, pero en este momento iré por el auto, ah y gracias por sacarme de la cárcel, mañana te invito a almorzar —dije haciendo un ademán con mi manos y así parar un taxi. —Está bien, yo también te amo hermanita, y tranquila el abuelo no se va enterar que tiene una nieta presidiaria —exclamó Emma con una enorme carcajada, yo la mato. —Señorita Eva, ¿Está usted bien? —exclamó Gabriel mirándome fijamente. —Si, solo anota en mi agenda torturar a mi hermana por una semana.
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