El precio de quererte —3. No sabía que podía doler Liv Después de enterarme de que estaba embarazada, tuve que ir con la ginecóloga. Quería saber cómo se encontraba mi inquilino y, afortunadamente, todo iba muy bien: seis semanas de embarazo. Era tan pequeño. Poco a poco me iba haciendo a la idea de que, dentro de unos meses, tendría un pequeño en brazos. Me esforzaba cada día por presentar el proyecto y que todo saliera perfecto. En la empresa donde hice la pasantía me ofrecieron un puesto, pero lo rechacé. No quería quedarme aquí, era arriesgado. Por las noches veía el auto de Thomas estacionado frente al edificio. Él venía, pero no tocaba a mi puerta. Lo observaba pasar horas dentro de su auto. No me veía, pero estoy segura de que sentía mi mirada. A veces quería salir y decirle

