Capítulo 6

1131 Words
La Finca, Madrid, España Julio de 2016   —Que casita, madre mía, mis papás se volvieron locos —murmuro viendo la casa que mis papás le compraron a mi hermana. Alejandra tenía un mes en Madrid y parece que todo va bien.   —Es hermosa, pero más lindo es mi vecino —dice sonrojada. Frunzo el ceño confundida y esta evita mirarme.   —¿Algo que quieras decirme, Alejandra Matutes? —pregunto, dejando mis maletas a un lado.   —Y-yo...   El timbre de la casa empieza a sonar y mi hermana mayor libera el aire que tenía acumulado en los pulmones, salvada por la campana. Sigo observando la casa, mientras ella averigua quién era.   —¡Hola! ¿Cómo estás? Hice galletas y te traje algunas a ver si querías probarlas —me asomo ligeramente para ver el dueño del extraño acento, pero mi hermana cierra la puerta de golpe.   —¡Alejandra, por dios! —exclamo corriendo hasta la puerta, donde estaba mi hermana a punto de desmayarse—. Tía, parece que viste a un fantasma, ¿es un fantasma?   Abro la puerta y ahora deseaba no haberlo hecho. Creo que la que se va a desmayar ahora soy yo. Toni Kroos estaba parado en frente de nosotras con una caja llena de galletas en las manos y una expresión de confusión en su rostro.   —Toni, ella es Victoria, mi hermana —habla Alejandra para romper el incómodo silencio.   —Ah sí, me hablaron maravillas de ti, mucho gusto —dice el alemán, extendiendo su mano hacia mí. Estrecho su mano, aún sin comprender que sucedía.   —Mucho gusto —murmuro entre dientes—. No quiero sonar como una idiota, pero ¿que coño está pasando aquí?    No sé en que momento termino sentada en frente de ambos, realizándoles un interrogatorio. Esto sucedió, debido a que mi hermana omitió el pequeño de que su vecino era el mismísimo Toni Kroos y yo necesitaba saberlo todo, así que les extraje todo tipo de información. Parecía que el alemán quería a mi hermana y eso me dejaba tranquila, no se ve como la clase de futbolistas mujeriegos.   —Un placer conocerte, Vic —el rubio se despide y decido ir a ver las habitaciones para así dejarlos un tiempo a solas.   Subo las escaleras, sufriendo con las maletas, y escojo la habitación al lado de la de mi hermana para quedarme. Empiezo a sacar mi ropa y a acomodar alguna que otra cosa en el lugar, sintiéndome más hogareña.   Se suponía que de aquí iríamos a Ibiza por el verano, como siempre, pero yo tenía planes distintos. Hace un mes, decidí mandar mis calificaciones a muchas universidades europeas, en busca de alejarme de todo lo que conozco.   —¡Victoria Alejandra Matutes Monfort! —grita Alejandra, entrando a mi habitación—. ¿Me puedes explicar qué es esto y por qué no me habías dicho nada?   Las manos de la castaña estaban llenas de cartas de la universidad y es aquí donde me arrepiento de haber puesto su dirección para la llegada de las respuestas, a veces no uso el cerebro que tengo.   —¿Llegaron tan rápido? —cuestiono—. No me mates, pero apliqué a muchas universidades por toda Europa y no le dije nada a nuestros padres.   —¿¡Y por qué no me dijiste nada a mí!?   —No me grites que tú tampoco nos dijiste que habías pedido la transferencia a Madrid —replico rodando los ojos.   Alejandra no discute más y me ayuda a abrir cada una de las cartas, recibiendo la misma respuesta en todas. No hay vacantes, no podemos ofrecerle, no, no y no.    —Queda una solamente —susurro viendo el nombre y el logo de la Universidad de Leverkusen en la esquina del sobre—. ¿Para qué la vamos a abrir si ya sabemos la respuesta?   —¿Dónde queda Leverkusen, Victoria? —pregunta la mayor de los Matutes y me empiezo a reír sin control—. Sabes que sé donde queda, te quería ver sonriendo.   Le quito la carta de la mano y la abro rápidamente, igual ya tenía las esperanzas en el piso. Probablemente, termine trabajando en los hoteles de mi familia, siguiendo el legado.   —Ya lo leí, lo siento mucho, lo siento —volteo a ver a mi hermana y golpeo su cabeza—. ¿Qué hago si eres muy lenta? Dale, léela.   Empiezo a leer las primeras líneas y ya me estaba imaginando una vida diseñando hoteles y maquinando estrategias para llamar la atención de los turistas, pero esto se esfuma cuando veo el "nos complace darle la bienvenida a nuestra institución"   —¡Me aceptaron! ¡No puede ser, no puede ser! ¡Me voy a morir de la felicidad, Alejandra! —chillo—. ¡Alejandra, me aceptaron! Llama a mamá y dile que me aceptaron, estoy tan feliz que me puedo morir.   Mi hermana me hace caso y llama a nuestros padres, que se emocionan demasiado por la noticia, aunque no tenían idea de nada. Sabían que iba a estudiar algo que me gustaba y eso les generaba orgullo, a pesar de alejarme del trabajo familiar. También llamamos a Candela, que era la única que sabía la verdadera razón de mis solicitudes a universidades fuera de España.   —¿Ya me vas a decir por qué te vas a estudiar tan lejos? Pensaba que no querías dejar Ibiza nunc o bueno, eso vivías diciendo.   —El último verano fue una completa pesadilla, Ale —recuerdo aquellos momentos de indiferencia de parte de Odriozola y se me parte el corazón—. No quiero pasar más tiempo en ese lugar, ¿por qué crees que quise venir a Madrid, a Madrid que lo único que me gusta es el Atleti? No puedo volver, ni siquiera sé si quiero pisar España de nuevo.   —¿Vas a huir porque no puedes decirle a Álvaro lo que sientes, Victoria Matutes? —cuestiona—. Que gallina que eres, hermana.   —No, voy a huir porque sé que él no siente lo mismo que yo —murmuro, jugando con el collar que Álvaro me regaló.   —¿Le has preguntado si quiera? —insiste y ruedo los ojos—. Si no le dices, ¿cómo vas a saber?   —Me llamó "hermanita pequeña." Creo que con eso ya es suficiente, ¿no? —digo sarcásticamente.   —Te vas a arrepentir de dejar todo lo que amas por un amor secreto —canturrea Alejandra, levantándose de mi cama.   —¿Sabes? No pienso igual. Creo que algo bueno me espera en Alemania, o bueno, eso espero. A la final, no todo gira en torno a Ibiza, ¿no?
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