Capítulo 8

820 Words
Grand Palladium Berlin Hotel, Alemania Noviembre de 2016   —¡Alejandra! —grito a todo pulmón cuando la veo entrando al lobby del hotel familiar—. ¡Te extrañé muchísimo!   Salgo corriendo y la abrazo fuerte, porque ahora no quiero dejarla ir nunca más Dios, no puede ser que la haya extrañado tanto en estos tres meses en Alemania. Tres meses donde aprendí alemán y estoy orgullosa de mi misma por eso, conocí lugares hermosos y hice una amiga, Amanda, el día de mi cumpleaños, que por cierto celebré en un bar. Ya que terminé el primer trimestre de la carrera recibo una semana de descanso, semana que Alejandra y yo decidimos pasar juntas en la capital alemana, quedándonos en el hotel del que somos dueñas y al que nunca habíamos venido.   Un trabajador del hotel se acerca y ayuda a mi hermana con su maleta, mientras vamos al ascensor hablando del viaje a Berlín y lo linda que es la ciudad. Entramos acompañadas del chico y subimos al último piso, donde están las suites presidenciales.   Voy tan pendiente del chisme que me está contando mi hermana que cuando voy a salir me llevo por delante a un chico que quería entrar.   —Dios, lo siento —digo en alemán y el peli n***o levanta la mirada del suelo. Agárrenme que me desmayo—. Soy una despistada.   —No hay problema —murmura con una sonrisa en el rostro—. Aunque me pisaste fuerte, eh.   —Lo siento —repito riendo—. Eso me pasa por no mirar al frente, mientras camino.   —¿Lo estás haciendo ahora, huebsch (bonita)? —pregunta coqueto y escucho una tos falsa de parte de Alejandra.   —Sí y de hecho, tengo una muy linda vista —respondo de la misma manera. Me doy cuenta de que el ascensor se cerró y el chico no vuelve a tocar el botón por estar coqueteándome—. ¿No te ibas?   —Sí, per...   —¡Kai! ¿Dónde está el cargador? —un rubio asoma su cabeza desde una de las habitaciones y el bonito de ojos azules se sonroja avergonzado—. ¿Estabas consiguiendo el número de la chica? ¡Lo siento, pero apúrate a buscar el helado, tengo hambre!   Suelto una risita al ver al pobre tan nervioso, no tenía idea de que hacer o decir. Le regalo una sonrisa y este parece volver a la realidad. Para completar, mi hermana ya me abandonó, que perra que es.   —Creo que esperan el helado —toco el botón del ascensor por él y este me mira penoso.   —Julian es así —murmura, rascándose la nuca. El ascensor se abre y el alto chico entra rápidamente.   —Soy Victoria Matutes, por cierto —me presento con una sonrisa de lado. Parece que el alemán conoce mi apellido, porque sus ojos se abren como platos.   —Yo soy Kai Ha...   Las puertas se cierran y me quedo con las ganas de saber el nombre completo, odio todo en estos momentos. El trabajador del hotel sale de la suite y entro antes de que se cierre la puerta.   —¿Ya terminaste de coquetear con el chico? Tiene unos ojazos, por cierto —dice mi hermana, mientras saca la ropa de su maleta para ponerla en el armario.   —No estaba coqueteando —me defiendo—. ¿Crees que si llamo a recepción me den el apellido? No le dió tiempo decírmelo.   —Eres dueña de esto, claro que te lo dan y se nota que no estabas coqueteando, eh.   Llamo a recepción y me contesta la misma joven que me atendió cuando llegue. Menos mal habíamos tenido una pequeña conversación, por lo que no me daba vergüenza preguntarle.   —Nadia, ¿puedes hacerme un favor? —la castaña suelta un "escucho" y trago saliva, porque sé que es información confidencial y si mi padre se entera, me mata—. ¿Me puedes decir quiénes están en las suites presidenciales? Necesito el apellido de un chico. Te lo agradecería a montones.   —Todas las suites están ocupadas por los jugadores del Bayer Leverkusen, siempre se quedan en las instalaciones de su familia cuando viajan por la Bundesliga. ¿Me puede decir su nombre, señorita o lo tenemos que buscar desde cero?    —Kai y su roommate se llama Julian —respondo ilusionada. Que lindo es ser una Matutes en estos momentos.   —Son Kai Havertz y Julian Brandt  —me informa y suelto un chillido de la emoción—. Hago esto porque es usted, señorita, porque me pueden despedir y no quiero eso.   —No te preocupes, Nadia y llámame Vic, no señorita —contesto sonriente, como si pudiera verme y corto la llamada.   —Si papá se entera de esto, te mata —susurra Ale, saliendo del baño.   —Pero como no se va a enterar...  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD