Capítulo 9

688 Words
Bahía de San Antonio Abad, Ibiza, España Junio de 2017   Alejandra y yo estábamos descansando en la orilla de la playa, luego de haber estado montando a caballo por varios minutos. Quisimos recordar algo que solíamos hacer los cuatro en San Sebastián, ahora que mi hermano y Victoria no estaban.   Pablo estaba terminando la universidad en Donostia y de Victoria no sé nada. Nadie me ha dicho dónde está, si está bien, ni siquiera sé el motivo para irse sin decirme nada. Tampoco pregunté, es cierto, pero me parece increíble que no esté en su tierra en verano, el lugar que tanto ama.   —¿Estás bien, Álvi? —me pregunta la castaña al verme distraído.   —Estaría mejor si Vic estuviera aquí —murmuro, sin dejar de ver al horizonte y el atardecer.   —Concuerdo —susurra nostálgica—. Pablo también hace fa...   —¿Por qué no me dicen dónde está? Me estoy muriendo por saber desde que llegué, Alejandra —la interrumpo, volteando a verla—. ¿Por qué me lo ocultan? ¿Ha pasado algo?   —Vic está muy bien, Álvaro. Eso es todo lo que necesitas saber —murmura la ibicenca, jugando con la arena.    —¿Eso es todo lo que me dirás, entonces? —cuestiono, alzando una ceja—. Llegamos hace una semana y me encuentro con que Victoria no está y nadie me dice nada, porque creo que hasta mamá ya lo sabe.   —Victoria nos pidió que no dijéramos nada, ya sabes como es con eso y nosotros respetamos su decisión —espeta, sin anestesia—. ¿Podemos hablar de otra cosa, Álvaro? Mejor vámonos al hotel.   —No —suelto obvio—. No podemos hablar de otra cosa, porque, repito, me estoy muriendo sin saber nada y no puedo fingir que no me afecta.   —¡Dios mío, Victoria se fue por tu culpa! —grita exasperada, causando que me quedara congelado—. Repito, Victoria se fue por tu culpa, joder   —¿Por qué dices eso? —pregunto con un hilo de voz—. Alejandra, ¿por qué...   —Mi hermana es todo lo que cualquier chico quisiera tener, pero a ella sólo le gustabas tú y más nadie en este puto universo —trago en seco al escuchar sus palabras y juro, por todo lo más lindo del mundo, que estoy a punto de desmayarme—. La llamaste tu hermanita menor la última vez que nos vimos y eso la mató, literalmente, la destruyó, porque pensó que jamás podrían llegar a algo y ahora la entiendo totalmente, porque parece que vives en una nube, Odriozola.   —¿Le gusto a Victoria? —murmuro entre dientes—. Me tienes que estar jodiendo, Alejandra. ¿Es una broma, verdad?   —No le gustas, está enamorada de ti —insiste, ocultando una sonrisa—. O estaba enamorada de ti, mejor dicho.   —¡Yo estoy enamorado de ella desde el 2014, j***r! —exclamo al borde las lágrimas—. La cagué, soy un gilipollas, un idiota, un...   —¿Por qué nunca le dijiste nada, Álvaro? Nos estuviéramos ahorrando esto —dice la castaña, regañándome como mi mamá—. Mira que no me lo puedo creer, eh.   —Ya va... —me tomó un segundo para recordar lo que me dijo Alejandra y mi cabeza hace click—. ¿Acaso dijiste estaba, o sea, en pasado? ¿Hay algo que no me estás diciendo? ¿Conoció a alguien más?   Alejandra abre los ojos como platos y se da cuenta de su error. —Toni me está llamando, nos esperan en el hotel.    La hermana del amor de mi vida sale corriendo a su caballo y se sube en él, dejándome atrás por unos cuántos metros. Acaricio el caballo n***o que alquilamos y empiezo a seguirle el paso a la mayor de las Matutes, pensando en cómo perdí la oportunidad de estar con Victoria por no decirle lo que sentía antes.   En un verano eterno juntos en Ibiza o a miles de kilómetros, quiero verte feliz, Victoria.
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