Leverkusen, Alemania Enero de 2019 —¡Kai Havertz! ¿Dónde dejaste mi cargador esta vez? —grito saliendo de la habitación en busca de mi novio—. ¡Kai, mi cargador, por favor! Sí, mi novio. El alemán y yo nos conocimos hace dos años y ahora tenemos cinco meses como novios y hace dos meses que vivo con él. Mucho en tan poco tiempo, lo sé, pero no me quejo. —¡Se lo presté a Jules! —escucho como grita desde el living, así que me imagino que está jugando Fortnite con su mejor amigo. Les juro que son como adolescentes. Voy a la cocina mientras reviso mi móvil y me doy cuenta de que dormí demasiado y aún tenía que terminar un proyecto que tengo que entregar la semana que viene en la universidad. Ya voy por el octavo trimestre de la carrera y me estaba muriendo de las ganas de termi

