8. Poco después de terminar la charla con Ernesto Gamboa, me sentí algo enferma, decidí solicitar una licencia por enfermedad. Francamente estaba muy agotada y mi cabeza solo se hacía preguntas acerca el caso Rodrigo. En el pasillo, saliendo de mi oficina, vi a los pacientes que tenían cita para ese día. Me disculpé con cada uno de ellos. Mi amiga Romina deseaba conversar conmigo. —Te tomará unos minutos… —me dijo, algo seria—. Necesito que me ayudes con algo. Así que nos dirigimos a su consultorio. Por suerte ella no tenía a nadie esperando en el pasillo. Tomé asiento en frente de su escritorio, y esperé a que sea ella la que hablara. —No puedo dormir desde esa noche, y veo que por esa cara sé que te sucede lo mismo. —Más bien creo que es casualidad, Romina, yo creo que es normal.

