Capítulo 5

921 Words
Advertencia Owen no volvió a casa. Se quedó. El club se vació de forma gradual, como un animal que exhala después de la tensión. Risas que se apagan. Tacones alejándose. Motores encendiéndose uno tras otro. Él permaneció dentro de su camioneta con el motor apagado, las manos apoyadas sobre el volante. No estaba actuando por impulso. Estaba observando. El hombre del traje oscuro no había salido por la puerta principal. Owen lo había confirmado. Lo vio abandonar el edificio por una salida lateral privada, acompañado por otro individuo que no parecía seguridad común. No caminaba como cliente. Caminaba como dueño. Owen memorizó el rostro. No lo siguió. Pero no lo descartó. Casi una hora después, la puerta trasera volvió a abrirse. Ella salió. Sin cuero. Sin vestido rojo. Sin luces. Jeans ajustados. Camiseta negra con el logo desgastado de una banda de rock. Cabello rizado suelto, apenas húmedo. Sin maquillaje exagerado. Más joven. Más pequeña. Más real. Caminaba con naturalidad, sin prisa, revisando el teléfono apenas un segundo antes de guardarlo en el bolsillo. No miraba a su alrededor como alguien asustado. Caminaba como quien conoce el lugar. Owen la siguió con la vista mientras avanzaba hacia una fila de autos más apartada. Entonces lo vio. Mustang n***o. Impecable. No nuevo. No ostentoso. Cuidado. La pintura brillaba bajo la luz amarilla del estacionamiento. El vehículo estaba bien mantenido. No era accesorio. Era elección. Ella presionó el control y el auto respondió con un leve destello. Owen parpadeó apenas. No esperaba eso. Esperaba un auto funcional. Pequeño. Económico. Ese Mustang hablaba de independencia. De carácter. De alguien que decide. Owen abrió la puerta de su camioneta y salió. No avanzó con prisa. No con intención intimidante. Solo lo suficiente para interceptarla antes de que entrara al vehículo. Pero ella se detuvo. Sin girarse. —No doy shows privados —dijo con voz firme. Directa. Acostumbrada. Owen se detuvo a varios pasos de distancia. Ella no lo miraba. No lo reconocía. Para ella era solo otro hombre que había decidido esperar en la oscuridad. —No estoy aquí por eso —respondió con calma. Ella ladeó apenas la cabeza. —Entonces debería revisar su estrategia. Esperar detrás de alguien no es precisamente tranquilizador. Owen levantó ambas manos despacio, mostrando las palmas. —No intento asustarte. —Ya lo hizo. Ella giró el cuerpo apenas lo suficiente para verlo de frente por primera vez. Sus ojos azules lo evaluaron en segundos. Altura. Contextura. Postura. No había reconocimiento en su expresión. No había memoria. Solo análisis. Su mano derecha permanecía cerca del bolsillo delantero del jean. Demasiado cerca. Owen bajó la mirada un segundo. La vio sacar algo con rapidez controlada. Pequeño. n***o. Compacto. Una taser. No temblaba. No dudaba. La sostenía con firmeza profesional. Eso lo sorprendió más que el Mustang. —No soy una amenaza —dijo él. —Todos dicen eso. Su tono no era nervioso. Era práctico. —Había un hombre dentro —continuó Owen, manteniendo distancia—. En una esquina. Traje oscuro. No reaccionaba como los demás. Solo te miraba. Ella sostuvo la taser sin bajarla. —Eso describe a varios. —No —dijo él—. Este no estaba mirando por diversión. Silencio. El viento movió ligeramente su cabello. —¿Y usted decidió compensar eso esperando en la oscuridad? —preguntó ella. Owen aceptó el golpe. —Decidí advertirte. Ella entrecerró los ojos. —¿Es policía? —No. —¿Seguridad? —No. —Entonces no entiendo por qué le importa. Buena pregunta. Owen respiró una vez antes de responder. —Porque no me gustan los hombres que miran como si ya hubieran decidido algo. Ella lo estudió un segundo más largo. No veía amenaza inmediata en él. Pero tampoco confianza. —Aquí siempre hay hombres que deciden cosas que no me consultan —dijo—. Aprendí a ignorarlos. —Este no parecía ignorar nada. Ella bajó la taser apenas un centímetro. No la guardó. —Sé cuidarme —dijo. —Lo sé. —No lo sabe. Otra verdad simple. Owen asintió apenas. —Tienes razón. Ella lo evaluó de nuevo. Grande. Imponente. Silencioso. Pero no avanzaba. No intentaba reducir la distancia. No invadía. Eso marcaba diferencia. —Agradezco la intención —dijo finalmente—. Pero no necesito protección. Owen no discutió. —No estoy ofreciendo eso. Ella arqueó una ceja. —Entonces ¿qué está haciendo aquí? Esa pregunta no tenía respuesta clara. Él mismo no la tenía. —Advertencia —dijo al final. Ella sostuvo su mirada un segundo más. Luego guardó la taser en el bolsillo delantero del jean con un movimiento limpio, sin dejar de observarlo. —La próxima vez —dijo—, empiece por su nombre antes de acercarse en la oscuridad. Owen asintió. —Owen. Ella inclinó apenas la cabeza. —Buenas noches, Owen. No dijo su nombre. No ofreció información. Abrió la puerta del Mustang y se sentó al volante con naturalidad. Encendió el motor y el rugido grave del vehículo llenó el estacionamiento. No aceleró con prisa. Salió con control. Segura. Owen permaneció inmóvil mientras el auto se alejaba por la avenida principal. No había logrado mucho. No había generado confianza. No había cambiado nada. Pero había visto algo. Ella no era ingenua. No era descuidada. No era frágil. Y eso hacía que el hombre del traje oscuro fuera aún más inquietante. Owen regresó a su camioneta con una certeza incómoda: La advertencia no sería suficiente. Y aquello no había terminado. Apenas había comenzado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD