Mis palabras por alguna razón ofendieron sobremanera a Esther, que lo único que pudo decir antes de salir azotando la puerta de mi casa con ira: - ¿Ey qué es lo que te pasa? ¿Cómo te atreves a decir que ya esperabas esto? Tú no sabías que yo iba a actuar así, porque ni yo misma sabía, yo no estoy jugando contigo Juan, ésta mañana no me levanté pensando en herirte, mucho menos sintiendo esto, sencillamente no controlo lo que siento, así como tu no controlas el amor que me tienes, yo no controlo esta sensación de querer alejarme, y nadie tiene la culpa de lo que siente. - Nadie tiene la culpa de lo que siente, pero sí de lo que hace, y el problema aquí es que tú en todos éstos años has sido feliz besándome sin amarme, diciéndome que me amas cuando en realidad sólo me lo dices p

