—¿Qué quieres decir con que no sabes cómo volver todavía? —Toya dejó caer el tazón de metal con el que había regresado a la habitación. Lo atrapó antes de que se estrellara contra mi mesa de café de vidrio, pero estuvo cerca—. Diosa santa. —Colocó el tazón suavemente sobre la mesa y luego se volvió hacia mí—. Habla. —Parecía enojada. Levanté las manos en señal de rendición. —El libro... me dice cómo hacer ciertas cosas. Pero volver a mi cuerpo no está ahí. Solo decía que necesitaba un ancla. —Señalé a las dos—. Tengo dos. Wendy sacudió la cabeza. —Somos casi inútiles si no sabes lo que estás haciendo. Me encogí de hombros. —No tengo otra opción. O rompo la amenaza, o muero. —La habitación cayó en un silencio tenso. Toya se sentó junto a Wendy con un suspiro. —Dinos qué debemos hace

