Me desperté de golpe. Mi madre estaba de pie sobre mí con los ojos ligeramente hinchados. —¿Bebé? —Me limpié los ojos. —¿Mamá, está todo bien? —Busqué mi teléfono en la mesa. Eran las seis de la mañana y quería llorar. Me había logrado meter bajo las cobijas casi a la medianoche, y amaba dormir. —Es de mañana. No quise asustarte, pero me voy. —Me senté y me froté los ojos de nuevo. —¿Estás segura? —La agarré y la tiré hacia abajo con mis piernas—. ¿Cómo te sientes? —Estoy bien, bebé. —Se inclinó y me besó la frente—. No debí haber venido aquí. —Me acarició el cabello. —Por supuesto que puedes venir aquí, mamá. Cualquier lugar donde yo esté puedes venir. En cualquier momento. —Alcancé su otra mano—. Nunca seré demasiado mayor como para no necesitar a mi madre. —Le sonreí. Pero ella s

