Capítulo 4

1093 Words
Me deslicé en la parte trasera del coche después de poner mis maletas atrás y me abroché el cinturón. Apenas había tomado un respiro antes de lanzarme sobre los asientos y caer en los brazos del conductor. Su risa hizo que mis ojos se humedecieran. —Hola, cariño. —Tío Ronnie. Te he echado de menos. —Me subí por los asientos y me senté delante—. ¿Qué haces aquí? —Ronnie era el beta de mi papá. No éramos parientes, pero había estado allí la mayor parte de mi vida. —¿Crees que iba a dejar que mi sobrina traviesa viajase sola a las tierras del clan? Ni en sueños. —¿Te envió papá? —me reí. —Papá me envió. Tu padre es un preocupón —sonrió y se rió conmigo—. En cuanto tu mamá llamó, me envió con el jet. —No tenía que hacerlo. —Solo sacudí la cabeza y me abroché el cinturón de seguridad. —Por supuesto que sí. Nunca te ve lo suficiente, y ahora vienes en verano. ¿Qué está pasando? —Mi tío me miró y yo solo sacudí la cabeza. —No quiero estar aquí. —¿Por qué? Bajé la mirada a mis manos que estaban torcidas. —Tengo miedo de que mi pareja esté aquí y no quiero tener razón. Pensé que si huía, podría posponer lo inevitable. —¿Por qué no querrías a tu pareja? —preguntó mi tío mientras aceleraba por la autopista hacia el aeropuerto. —Se lo diré a ti y a papá, pero no ahora. —Mi tío me miró, buscando en mi rostro y luego asintió. —Está bien, pero quiero toda la historia. —La tendrás, lo juro. —Asentí de nuevo hacia la carretera—. Ahora concéntrate en conducir para que no nos mates. —Agarré el volante, desviándonos de nuevo a nuestro carril. —¡Mierda! —El tío Ronnie agarró el volante de mí y volvió a concentrarse en la carretera—. Solo me preocupo por ti, cachorrita. —No pude evitar reírme porque los lobos dejan de envejecer a los veinticinco, y él parecía apenas mayor que yo. —Lo sé. —Me acomodé de nuevo en mi asiento y suspiré—. Te prometo que lo que pasó no va a mejorar ese sentimiento. —Me limpié la cara—. Ni siquiera sé por qué mi mamá me está enviando con mi papá. Solo dijo que él podría ayudarme. —Bueno, apresurémonos y volvamos para que podamos averiguar qué necesitas, cariño. —Mi tío pisó el acelerador, y llegamos al aeropuerto en poco tiempo. Cargamos mis maletas y subimos al jet, acomodándonos allí. —Cierra los ojos. Pareces que apenas has dormido hoy y tenemos unas horas. —Mi tío me dio una palmadita en la cabeza antes de sentarse frente a mí y abrir su portátil. —¿Trabajo? —Trabajo —asintió. —Este verano, ¿puedes enseñarme algunas cosas? —Un plan se estaba formando en mi mente, un plan no solo para mantenerme libre de mi patética pareja, sino uno que me haría ganar mucho dinero. —Por supuesto, cariño. —Mi tío me sonrió—. Sabes, tu papá te enseñaría casi todo lo que pudiera si estuvieras dispuesta a aprender. —Pedí mudarme a tu clan. —Me acurruqué en la manta que me entregó el auxiliar de vuelo, y Ronnie se congeló. —¿Qué está pasando? —Sus ojos brillaron. —Lo explicaré más tarde. Solo prométeme que intentarás creerme y no juzgarme. —Por supuesto, cariño —sonrió y luego volvió a concentrarse en el portátil sobre su regazo—. Ahora duerme un poco. —Lo haré. —Me di la vuelta y me dormí casi instantáneamente. Me desperté con Ronnie sacudiéndome. —Ya estamos aquí. Di un enorme bostezo y crují mi mandíbula antes de limpiarme los ojos. —Está bien. —Entregué la manta y me limpié la cara de nuevo—. Gracias. —No hay problema, princesa. —El auxiliar de vuelo me sonrió, y me di cuenta tardíamente de que él también era del clan. —No tienes que llamarme princesa. —Eres la hija del Alfa. —Hizo una reverencia y luego nos dejó a solas. —Vamos, tu papá ya me ha llamado tres veces desde que aterrizamos —Ronnie se rió y me llevó al coche que nos esperaba. En treinta minutos estábamos en las tierras de nuestro clan—. Tu papá te permitiría mudarte aquí si quisieras, cariño. —Lo sé. Pero el Alfa Vince no me permitirá irme... —Miré a un lado y exhalé—. Creo que él asume que estoy huyendo de algo y no me dejará ir hasta que lo sepa con certeza. —¿Me lo vas a contar ya, dulzura? Vacilé mientras nos deteníamos frente a la casa de la manada. Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe y me vi rodeada por unos brazos poderosos y un olor que calmó mis nervios temblorosos. —Papá. —Hola, mi cachorrita. —Su voz profunda me calmó aún más, y sentí que mis ojos se humedecían. —Te he echado de menos —sollocé mientras él desabrochaba mi cinturón de seguridad y me envolvía completamente en sus brazos. —Yo también te he echado de menos. —Besó mi sien—. Ahora tenemos mucho de qué hablar. —Estaba corriendo conmigo antes de que pudiera decir otra palabra, con Ronnie siguiéndonos detrás. —Desacelera, imbécil. Algunos de nosotros no podemos movernos tan rápido. —Ronnie luchaba por seguir el ritmo y mi risa llenó los pasillos de la casa de la manada. Nos instalamos en la oficina de mi padre con un Ronnie sin aliento, que fruncía el ceño. Dios, cómo extrañaba a estos dos. —Dime qué pasa, cachorra. —Miré alrededor y aun así me trabé con las palabras. Mi padre agarró mi rostro y negó con la cabeza. —Nada de lo que me digas cambiará nada, cachorra. Te creo, por muy loco que parezca. —De acuerdo, dulzura. Mis nervios se calmaron al ver lo resuelto que estaba. Él creería en mi locura. Podía decir que, por muy loca que fuera mi historia, mi padre y Ronnie creerían todo lo que dijera. Nunca tuve que dudar si me estaba volviendo loca estando aquí. Así que finalmente me tranquilicé por completo y conté mi historia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD