Mi madre sacudió la cabeza con desagrado. —Todos esos estudiantes. —No pudo contener su enojo. —Te voy a transferir el dinero. —Mi padre estaba a punto de colgar, pero tuve que detenerlo. —¿Papá? ¿Puedes redondearlo a cinco millones? Podía imaginarlo echando la cabeza hacia atrás y riendo, y su risa resonó por teléfono. —¿Por qué? —Porque tengo un plan. Quiero hacer unas inversiones. De esa manera, puedo devolverle a la manada y manejar el resto del costo durante los próximos cuatro años en la universidad. La risa de mi padre se hizo más fuerte. —Chica inteligente. Hice lo mismo. —Sabía que se refería a las inversiones que hizo cuando era niña. Todos pensaban que solo estaba tomando buenas decisiones, pero él sabía cómo iba a resultar. Una segunda oportunidad en la vida hace eso.

